 Más años de vida y más vida a los años
En 1999 seremos 6 000 millones de personas en el Planeta y seguimos
aumentando a razón de más de 80 millones por año. Parte de la población envejece,
mientras que millones de jóvenes llegan a la adultez. ¿El Planeta está en condiciones
de dar respuestas a las exigencias de las nuevas generaciones?

ARSENIO RODRIGUEZ
El 16 de junio del próximo año será declarado el Día
de los 6 000 millones, cifra que seguirá aumentando en el próximo siglo. De ellos, la
proporción de personas mayores de 65 años aumentará a una velocidad sin precedentes,
mientras que millones de jóvenes ingresarán en su etapa de procrear y trabajar.
Según el Estado de la Población Mundial 1998, editado por el Fondo
de Población de las Naciones Unidas (FNUAP), el futuro de la humanidad estará
determinado por las condiciones que sean capaces de crear las sociedades para satisfacer
las crecientes necesidades de las nuevas generaciones.
El reto es enorme, mucho más en un mundo globalizado y donde el
neoliberalismo impone a los países subdesarrollados, cada vez más, restricciones para su
desarrollo y, por ende, la no creación de condiciones mínimas en cuanto a salud,
educación y un mejor nivel de vida.
No obstante, la vida moderna ha provocado un aumento de las
poblaciones de ancianos, tanto en los países desarrollados como en desarrollo -apunta el
informe dado a conocer simultáneamente en el mundo el pasado día 2-, calculándose en la
actualidad la existencia de más de 578 millones de personas mayores de 60 años.
Por iguales razones, las altas tasas de fecundidad en los últimos
decenios provoca una cantidad sin precedentes de adolescentes que avanzan hacia la
adultez, y según los estimados hay en el Planeta unos 1 050 millones de jóvenes entre 15
y 24 años de edad.
NOS VAMOS PONIENDO VIEJOS
De hecho, en los primeros decenios del próximo siglo habrá una
gradual transición demográfica en todos los países hacia poblaciones de mayor edad. Las
proporciones de poblaciones mayores de 80 años han sido históricamente muy pequeñas,
pero ese porcentaje ha aumentado en los países desarrollados desde un 1,1% en 1950 hasta
un 8% previsto para el 2050.
El informe precisa que el rápido crecimiento en los últimos cuatro
decenios y el inminente aumento en las cantidades de ancianos son dos aspectos del mismo
fenómeno de transformación histórica. Las reducciones sustanciales en las tasas de
mortalidad, acompañadas de persistentes tasas altas de fecundidad a partir del fin de la
Segunda Guerra Mundial, contribuyeron a estimular el explosivo crecimiento de las
poblaciones.
Pero a medida que nos vamos poniendo viejos, llegan al mundo laboral
millones de jóvenes, especialmente en el mundo subdesarrollado, dándose lo que técnicos
del FNUAP califican de "dividendo demográfico", o sea, la posibilidad de
aprovechar eficazmente esa enorme fuerza laboral.
Sin embargo, ello requiere de inversiones en salud y educación para
lograr que éstas estimulen el desarrollo económico y, por ende, den respuesta a sus
necesidades y a las de los ancianos. Obviamente, deberán crearse los empleos necesarios
para el surgimiento de semejantes riquezas.
El informe alerta de la posible inestabilidad y los disturbios
sociales que acarrearía la no creación de nuevos empleos en cada una de las sociedades,
lo que al parecer no resultará fácil, dadas las desigualdades enormes existentes entre
pobres y ricos, y con el agravante de incrementarse esa situación.
AGREGAR AÑOS A LA VIDA
La realidad que expone el Fondo de Población de las Naciones Unidas
en el Estado de la Población 1998, requiere de respuestas ante el rápido crecimiento de
las poblaciones de ancianos y de jóvenes a la edad laboral.
Las instituciones de Naciones Unidas muestran honda preocupación
por el fenómeno y en varios eventos internacionales reclaman de la asistencia económica
a políticas que favorezcan la creación de condiciones para enfrentar los nuevos retos.
Sin embargo, la declinación de la asistencia para el desarrollo,
unido a las crisis económica y a las reducciones en los gastos sociales en muchos
países, amenazan a las nuevas generaciones.
Por ejemplo, en 1994, la Conferencia Internacional sobre la
Población y el Desarrollo asumió el compromiso mundial de movilizar cada año 17 000
millones de dólares hacia el año 2000 y más de 21 000 millones de dólares para el
2015, con destino a programas de población y salud reproductiva.
Actualmente, se destinan a esos programas menos de 10 000 millones
de dólares anuales, las cuatro quintas partes son aportadas por los países en
desarrollo, con cargo a sus propios recursos.
En los próximos 50 años aumentará con creces la proporción de
personas mayores de 65 años y para el 2050, más de una de cada cuatro personas (27,5%)
estará incluida en esa categoría, con un total de 1 420 millones. Esa cantidad es igual
a tres y media veces la existente en la actualidad, y más de 10 veces a la de 1950.
Para agregar años a la vida y vida a los últimos años es
necesario ante todo contar con un eficiente sistema de salud física y mental. No se trata
solo de dar atención a los ya ancianos, sino que disfruten de una vida plena desde su
niñez.
Aunque el informe citado no menciona la situación en cada uno de
las naciones, Cuba no está excenta de estos cambios y nuestra población envejece.
No resultará fácil para la mayoría de los países
subdesarrollados enfrentar los retos demográficos, sin embargo, nuestra realidad permite
asegurar -a pesar del bloqueo y las limitaciones del período especial- no sólo a los
ancianos de hoy, sino también a los del próximo siglo, las garantías necesarias para
una mejor vida en sus últimos años de existencia. |