| NACIONALES |
Rendiciones de cuenta
insertadas en la
labor comunitaria
María Julia Mayoral
Hay tantas posibilidades abiertas, que difícilmente uno se encuentre dos rendiciones de cuenta iguales, entre las más de 9 000 celebradas hasta ahora por los delegados de base del Poder Popular. Todavía ese proceso de debate con los electores, el primero dentro del IX mandato de las asambleas municipales, es joven: solo un 26,78 por ciento de las reuniones han sido celebradas, pero hay tema para conversar.
La necesaria diversidad, a partir de principios comunes -es mi experiencia- se está logrando cuando los delegados no dejan a la improvisación las cuestiones principales que deben comunicar a los vecinos, que incluso varían o cambian su orden de prioridad de acuerdo con el grupo de personas con el cual se dialoga, pues dentro de una misma circunscripción hay lugares con diferentes condiciones, así como características y motivaciones disímiles entre sus pobladores.
Según la información brindada por la Asamblea Nacional, la asistencia hasta el momento resulta elevada: un 86,24 por ciento a nivel del país. Cotejando ese índice con lo apreciado en los barrios, puede afirmarse que para la mayoría de los electores ha sido importante dedicarle un sitio en su tiempo al intercambio con el delegado, lo cual puede indicar confianza en su gestión, interés por cooperar y necesidad de encontrar un espacio donde expresar satisfacciones, inquietudes e inconformidades.
Pero una mirada a los porcentajes de concurrencia por sí solos e incluso a los temas abordados, no son suficientes para hablar de calidad. Comentando con varios conocidos lo ocurrido en una de las reuniones a las que he ido, uno de ellos me preguntó: ¡¿ y estuvo buena...?!
Nunca me han gustado los juicios conclusivos sobre relaciones interpersonales cuya efectividad ni empieza ni concluye en un encuentro, aunque éste albergue las mejores intenciones y logre sus fines inmediatos.
Comparo dos asambleas. En una y otra el delegado explicó la situación del municipio, de la zona, la gestión del Consejo Popular y la suya propia, comentó hechos nacionales que inciden sobre la vida de la población (combustible doméstico, electricidad...), informó los asuntos sin solución y sus causas, así como las dificultades resueltas, pidió apoyo para realizar diferentes arreglos con la participación de las familias, reconoció en nombre del Poder Popular a varios de los presentes por su labor en la cuadra, en su centro de trabajo o estudio y recogió planteamientos.
Sin embargo, al final no tuve una valoración favorable de los dos sucesos, aunque tanto en uno como en el otro contemplaron las ideas básicas concebidas para el proceso.
Qué faltó en uno de esos sitios: el trabajo precedente. Cuando indagué entre los vecinos, estaban allí "los mismos de siempre", y la imagen acerca del delegado podría resumirse así: muy trabajador, pero no ha comprendido que la gestión cotidiana en la circunscripción no se reduce a su esfuerzo individual, requiere involucrar de diversas maneras a los demás ciudadanos.
En el otro lugar en cambio, constaté que las personas, integrantes de la dirección de los CDR, la FMC y del núcleo zonal del Partido, los miembros de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, los maestros de la escuela y vecinos sin ninguna responsabilidad de esa índole en la comunidad, estaban al tanto de la labor del delegado porque habían actuado juntos en cuestiones diversas, entrelazando sus potencialidades y la ascendencia ganada para movilizar, informar y esclarecer.
Cómo integrar y aprovechar las estructuras organizativas existentes en los barrios, la preparación política, técnica y cultural de sus individuos y encauzar la vocación de muchos de esos actores sociales, trasciende la rendición de cuenta y la actividad específica del Poder Popular; pero pueden cada vez más los delegados convertirse en un importante elemento de coordinación, sobre todo por la naturaleza de su función y el carácter electivo de su responsabilidad.
Dentro del Poder Popular, encuentros como los que ahora tienen lugar constituyen uno de los ejercicios democráticos más consolidados del sistema. Su validez no solo estriba en que los elegidos den cuenta de su actuación al pueblo, sino en servir de escenario para informar sobre la situación local y del país, ganar en conocimiento acerca de las cuestiones que preocupan a la ciudadanía y promover la participación comunitaria.