INTERNACIONALES

Prisma andino
de integración


JOAQUIN RIVERY

LA RECIEN terminada cumbre andina efectuada en Guayaquil, Ecuador, se produjo mediante un prisma integrador que podría considerarse bastante común en América Latina, aunque se mantienen diferencias que se deben subsanar para hacer más sólidas las posiciones regionales en los pactos más abiertos.

La reunión la sostuvieron los presidentes de Ecuador (Fabián Alarcón), Perú (Alberto Fujimori), Bolivia (Hugo Bánzer), Colombia (Ernesto Samper) y Venezuela (Rafael Caldera), en la urbe del pacífico ecuatoriano, los pasados 4 y 5 de abril con un énfasis puesto en el fortalecimiento de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) no solamente en cuanto a las posiciones entre ellos, sino en las posturas comunes hacia el exterior.

Se puede considerar que el saldo de la cumbre andina fue positivo no solamente para la agrupación de cinco países, sino para toda América Latina en tanto y en cuanto se proyectó hacia la integración continental, alrededor de la cual se han dado y se darán en los próximos días nuevos pasos significativos, fundamentalmente en la tendencia a fortalecer cierta unidad de la subregión ante el reto de enredarse en un convenio con Estados Unidos en la llamada Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

La inclinación de los países latinoamericanos a la formación del ALCA parece ser inevitable; todos la desean -miran con ansias hacia el mercado norteamericano como tabla de salvación para el desarrollo- aunque todos le tengan un poco de temor, y parece que ello está acelerando el proceso de convenios integradores al sur del río Bravo para intentar enfrentarse al gigante del Norte con un poco más de fusión que permita eludir en alguna medida las desventajas de vincular más estrechamente las economías subdesarrolladas latinoamericanas con la maquinaria estadounidense de producir, vender e invertir con tecnología más moderna, mercancías más competitivas y agresiva capacidad financiera.

Los pasos dados anteriormente por la CAN han logrado aumentar enormemente el mercado intrarregional, llevado ya en 1998 a más de 6 000 millones de dólares, prácticamente cinco veces el nivel que tenía el comercio en 1990.

Además, en la misma cumbre andina se ratificó que el próximo 16 de este mes se suscribirá con el Mercado Común del Sur (MERCOSUR: Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay), en Buenos Aires, un convenio marco para dar inicio a las negociaciones que desembocarán en una zona de libre comercio de Sudamérica, un buen golpe sicológico para presentarse juntos dos días después en la reunión hemisférica que los mandatarios latinoamericanos y caribeños (con exclusión de Cuba por demanda de Estados Unidos) sostendrán con William Clinton en Chile, entre otras cosas, para dar inicio oficial a las negociaciones continentales del ALCA.

Los andinos han acercado posiciones de cara a ello. Van de consuno a discutir el ALCA con el reclamo de que "es necesario contemplar los diferentes grados de desarrollo económico de cada uno", como expresó el ministro de Comercio de Perú, Gustavo Cailleaux, citado el lunes pasado por AFP.

Algunos, como Venezuela, quieren más velocidad, y piensan que al ALCA se debe llegar en grupo, aunque "los detalles se ajusten después país por país", según el canciller Miguel Angel Burelli. Pero este planteamiento es más solitario y la prevalencia se inclina por la formación de un haz conjunto, como señalara Alberto Fujimori, presidente peruano: "Estamos convencidos de que una integración con el MERCOSUR y otras organizaciones subregionales puede ser muy favorable".

La incorporación de Panamá como observador a la reunión andina y la orden cursada por la cumbre presidencial de Guayaquil a sus aparatos de acelerar la firma de un convenio con la nación del istmo para incorporarla como miembro asociado, le dan fuerzas a la concepción de andar en grupo.

Pero hubo más noticias de la misma tendencia en estos días, aunque fuera del espacio andino, como la firma de un acuerdo de libre comercio entre República Dominicana y el Mercado Común Centroamericano y el anuncio de que los presidentes centroamericanos viajarán a Buenos Aires para firmar con el MERCOSUR un acuerdo comercial y de inversiones, e incluso se está haciendo lo posible para que el acto se produzca el mismo día 16, cuando se suscribirá el documento con la CAN.

La palanca mayor que mueve a la Casa Blanca para impulsar las negociaciones del ALCA es tratar de reservar en lo posible ese mercado para sus propias empresas y tratar de contraponerlo a los grandes bloques formados por Europa y Asia, que están en plena ofensiva y penetran cada vez más en el continente.

La tendencia al agrupamiento de los latinoamericanos no es algo deseable para el gobierno norteamericano. Washington prefiere negociar con los países por separado para sacar las lascas de siempre a la disgregación política y económica e imponer conceptos que permitan a sus transnacionales penetrar más fácilmente a los países del sur del río Grande con su importante total de más de 400 millones de consumidores potenciales de mercancías Made in USA


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