INTERNACIONALES

Estados Unidos

Igualdad de la mujer...
ante la pena de muerte


DOCTOR SANTIAGO CUBA FERNANDEZ

EL COMITE de la Organización de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación de la Mujer ha expresado su profundo disgusto ante la no ratificación, objeciones y reservas a la Convención para la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer, aprobada por la Asamblea General en 1979.

Las reservas formuladas por 44 países preocupan al organismo especializado de las Naciones Unidas, no solamente por su elevado número, sino también por el contenido. Algunas de ellas se refieren al artículo número 2, que obliga a contraer compromisos contractuales con la ONU para tomar medidas que aseguren la igualdad de la mujer, o el artículo 16 concerniente a la igualdad en la vida familiar. Y sobre todo, por la no ratificación o firma de 24 Estados.

Cuba, por supuesto, ratificó la Convención y podría decirse que se anticipó, pues en nuestra Constitución, Código de Familia y demás leyes atinentes se consagran los derechos civiles, políticos, económicos y culturales de la mujer y su condición igual ante la Ley en ella expresados. E igualmente responden estos textos legislativos cubanos, también anticipadamente, al llamado de la Convención a eliminar la discriminación de la mujer en el campo de la educación, el empleo y la salud.

Pero no se limita nuestro país a plasmar esos derechos en la legislación, sino que permanentemente se toman medidas para su realización en la vida práctica. Y un buen ejemplo es el Acuerdo del Consejo de Estado que puso en vigor el Plan Nacional de Seguimiento de la IV Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Mujer, celebrada en Pekín, que se lleva adelante con la activa participación de la FMC y los organismos de la Administración Central del Estado.

Entre las naciones que no han ratificado la Convención para eliminar la discriminación contra la mujer figura Estados Unidos.

Muchos han expresado sorpresa ante esta negativa por parte de un país que se proclama campeón del respeto a los derechos humanos. Sin embargo, tal posición no tiene nada de sorprendente pues en este aspecto la política norteamericana es consecuente con su tradición. En la versión original de la Constitución de Estados Unidos, así como en sus diez primeras enmiendas conocidas como Declaración de Derechos, no existe una sola frase o palabra relativos a la igualdad de la mujer. Y en la catarata de enmiendas posteriores tampoco se hace mención alguna al respecto, con la sola excepción de la enmienda XIX de 1920 en la cual, por inaplazables exigencias electorales, se expresa que el derecho al voto no será negado o coartado "por razón de sexo".

Los sectores más progresistas y sensatos de ese país advierten el daño que causa a la sociedad norteamericana la no ratificación de la Convención sobre la mujer y culpan de ello a los grupos de derecha que ahora ejercen notable influencia dentro del Congreso.

Existe, sin embargo, una esfera en la que sin pretenderlo, la mujer norteamericana ha conquistado la igualdad: la pena de muerte. Este castigo excepcional que se aplica con regularidad creciente en Estados Unidos -donde actualmente aguardan la ejecución 3 365 personas, de las cuales, según los últimos datos, 48 son mujeres-, se hace por igual, sin distinción de género.

En los meses transcurridos del presente año han sido ejecutadas -desoyendo el pedido universal de clemencia- dos mujeres: Karla Feis Tucker, en Texas, y más recientemente Judy Ruenciano, en la prisión de Starke, Florida.

Esta última ejecución estuvo revestida de gran crueldad, pues el viejo instrumento de muerte utilizado fue una silla eléctrica que adolece de defectos que hacen pasar una cantidad de electricidad superior a la necesaria para producir la muerte. Testigos presenciales afirmaron que de distintas partes del cuerpo de la mujer había brotado gran cantidad de humo. Esta misma silla eléctrica estuvo sin utilizarse y en reparaciones durante un año con motivo del escándalo que produjo el caso del cubano Pedro Medina, cuyo cuerpo quedó totalmente carbonizado.

Ante las preocupaciones expresadas en su llamado por el Comité de la Organización de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación de la Mujer, solo una semana después las autoridades norteamericanas dieron curso a la sentencia contra Judy Ruenciano. Parecen responder así -con inusitada desfachatez- que no ratifican la Convención porque en Estados Unidos existe plena igualdad de la mujer... ante la pena de muerte.


|Home|Internacionales|Nacionales|Deportes|Cultura|E-mail|