CULTURALES

Claros rumores
sobre Estorino


Jorge Ignacio Pérez

Después de trece años sin publicar en tintas y papel, Abelardo Estorino, uno de los dramaturgos cubanos más importantes de la segunda mitad de este siglo, acaba de sacar a la luz el volumen Vagos rumores y otras obras, gestión de la Editorial Letras Cubanas que recoge siete piezas teatrales, nunca antes editadas en un tomo, del también Premio Nacional de Literatura.

El libro compila textos de diferentes épocas -desde los 60 hasta la actual década- y sucede al volumen titulado Teatro, que apareció en 1984. Ahora podremos leer Los mangos de Caín (1964), una obra que gira sobre un tema recurrente en Estorino, la familia, pero ensombrecida, comparativamente según afirman algunos investigadores, por una pieza cumbre de su dramaturgia escrita en la misma época: La casa vieja.

También se incluyen, en este orden, Morir del cuento (1983), obra formalmente atrevida para su tiempo y que, según la prologuista del libro, la crítica Rosa Ileana Boudet, su impronta influyó en nuevos autores como Abilio Estévez y Joel Cano. Que el diablo te acompañe, seguidora de Ni un sí ni un no en la línea comediógrafa de Estorino, identificada con años diferentes dentro del libro: el prólogo la fecha en 1989 mientras que adentro dice que se estrenó en 1987.

Las penas saben nadar (texto escrito para la actriz Adria Santana y premiado en el II Festival del Monólogo, en 1989); El tiempo de la plaga (1969), nunca antes publicado ni llevado a escena; Vagos rumores (1992, que aunque retoma la figura del poeta matancero no es una versión de La dolorosa historia del amor secreto de don José Jacinto Milanés, sino una obra nueva); y el texto de la muy elogiada puesta en escena Parece Blanca (1994, versión infiel de la novela Cecilia Valdés, de Villaverde).

El prólogo, un valioso y rápido estudio comparativo de la dramaturgia estorineana, desliza unas cuatro líneas que dejan abierta una polémica: "Si hay algo que Estorino conoce bien es el teatro por dentro. (...) se ha visto obligado a escenificar sus propias obras ante la indiferencia de la mayoría de los directores por el teatro nacional".

Lamentable, pero cierta es la afirmación anterior, toda vez que el llamado teatro de autor que proliferó en estos 90 -se versionan obras clásicas, se hacen collages de varios textos, se explayó más la dramaturgia del teatro gestual- poco ha montado la obra escrita en el patio. Aunque últimamente el joven director Julio César Ramírez, de Teatro D Dos, se ha preocupado por cubrir el "bache" y concibió lo que él llama La Trilogía de los Hijos, echando manos a un Estorino (La casa vieja), un Triana (La noche de los asesinos, en cartelera) y un Piñera (Aire frío, en preparación).


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