NACIONALES

En la piel de los debutantes


MARTA ROJAS

Los pioneros
que cuidaron
las urnas en 1976, están como electores.

Querría estar en la piel de un niño y sentirme en la conciencia de un joven, no importa el género: de una niña o de una joven. Cualquiera se preguntaría ¿y quién no? Pero añadiría, con experiencia.
Para llegar donde quiero, la experiencia no huelga porque se suma a algo muy válido como el recuerdo. Ahora esos niños en que pienso tienen la potestad de poder hacer lo que un día pasivamente vieron realizar a los demás sintiendo deseo intenso y contenido de actuar como los mayores.
El 15 de febrero de 1976 se efectuó el Referendo para aprobar la Constitución Socialista y el 10 de Octubre del propio año se estrenó el proceso electoral socialista cubano y por primera vez en esas ocasiones muchos niños, decenas de miles en todo el país, guardaron las urnas para el Referendo y la elección a delegados. Sin mucho esfuerzo cualquier adulto es capaz de recordar las cosas que lo atrajeron o despertaron su curiosidad cuando era niño o en el tránsito de la adolescencia a la edad adulta, de modo que aquellos niños cubanos que el 15 de febrero de 1976, por primera vez, concurrieron como garantes a los colegios no podrán olvidar -por ejemplo- la asistencia de Fidel como votante del colegio número 25 del Comité de Zona 6, Rampa, donde fue el elector 446, ocasión en que dialogó con ellos; o a Raúl ejerciendo el voto en el Colegio 358 de la zona 8 del seccional Plaza, o a Celia a quien ya físicamente ningún otro niño podrá ver, pero sí actuar por ella o en su ejemplo.
Después de entonces otros escolares y algunos repitentes en el deber cívico -legislatura tras legislatura- han guardado las urnas y los colegios electorales o han ido a tocar las puertas de los vecinos para apurar al votante ocupado en quehaceres domésticos o dado al descanso dominical; ellos deben sentirse ahora de un modo diferente a nosotros los de mayor edad que nunca fuimos pioneros. Sería curioso estar en la piel de los debutantes, así como en la de aquellos que votaron por vez primera o en la legislatura anterior, porque al llegar a la mayoría de edad necesaria para ejercer el sufragio van a encontrarse o se encontraron en el lugar de los que podían hacer, hace años, lo que a ellos les era vedado por razón de edad.
Los que dejaron de ser observadores pasivos, han acumulado una experiencia de responsabilidad civil extraordinaria, muchísima más responsabilidad y experiencia que los adultos de hace 22 años (1976-1998), quienes nunca custodiaron colegios o urnas ni facilitaron a un anciano o enfermo el ejercicio del voto. Y, ni se diga la desventaja de la generación prerrevolucionaria que cuando niños o jóvenes teníamos que apartarnos de los colegios electorales ante el peligro, en el menor de los casos, de ser pateados por los enormes caballos cabalgados por la Guardia Rural para "proteger" el bullicioso proceso eleccionario de fraudulencia endémica.
En esta etapa electoral tan especial es más necesaria que nunca la concurrencia del ciudadano a las urnas, de manera consciente, pues se trata de hacer de ellos un referendo bien evidente de unidad frente a las maniobras amenazantes del poderoso adversario. Tal vez hubiera sido interesante que en las escuelas primarias y secundarias, e incluso preuniversitarios se hubiera hecho una memoria de lo que representó para los niños el haber actuado como custodios de colegios electorales y urnas y que ellos hubieran contado cómo les picó el deseo de hacer lo que con tanta responsabilidad guardaban. De todos modos tiempo hay para elecciones futuras. Por el momento, si importante es eso, también lo es el ejercicio concreto de los que ya tienen edad electoral, o sea, los niños observadores de ayer, de hace cinco años o diez, muchos de los cuales contaban ocho o diez años de edad en 1976 y que hoy integran la parte mayoritaria de nuestra población.
En 22 años hay más de una hornada de votantes actuales que pasó por la novedosa o única experiencia de cultura cívica tan sui géneris en el mundo; de cultura política-patriótica. Y los que no estuvieron personalmente en los colegios, aprendieron ese abc escuchando los testimonios de sus condiscípulos porque seguramente cada uno narró la experiencia propia en el colegio electoral. Así, unos y otros están en mejores condiciones como cubanos para ejercer el sufragio y servir de estimulante lección a los pioneros que guardarán las urnas. Sin la menor duda, ante tan interesante transmisión de conducta ciudadana, valdría la pena estar en la piel de los "viejos" pioneros.

 


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