INTERNACIONALES

Integración latinoamericana vs. ALCA

¿Equidad o ventajas?


JOAQUIN RIVERY

LA INTEGRACION latinoamericana dio sus pasos en 1997, pero cerró con una noticia no muy buena: no dieron resultados las negociaciones de unión entre la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y el Mercado Común del Sur (Mercosur), mientras Estados Unidos continuaba sus presiones para que se comenzaran las conversaciones para la creación de Asociación de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Todo el proceso de acercamiento en la zona al sur del río Bravo pareció moverse positivamente. El Mercosur se afianzó, la CAN también con el reingreso de Perú, el Mercado Común Centroamericano se mantuvo, igual que el Mercado Común del Caribe (CARICOM), mientras los avances de la Asociación de Estados del Caribe marcaban otro punto positivo para la región.
La preocupación por la falta de acuerdo entre el Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) y la Comunidad Andina (Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia) surge porque esa unión multiplicaría la fuerza de Sudamérica -y, por tanto, de toda América Latina- frente a los retos mundiales, fundamentalmente frente a las posiciones norteamericanas que prefieren a nuestro mundo desunido a la hora de las negociaciones.
Las diferencias entre ambas organizaciones subregionales, parecen no ser políticas, sino técnicas. Los problemas están centrados en cuanto a los productos agrícolas que no entrarían en la desgravación arancelaria inmediata, los plazos para lograr la zona de libre comercio, y algunos otros.
El aplazamiento de las conversaciones no debe tomarse, sin embargo, como un fracaso, pues ambos bloques han hecho esfuerzos y continúan en contacto. Pero la región necesita que ambos bloques lleguen a un acuerdo para el bien de todos.
Sobre todo teniendo en cuenta que Estados Unidos empuja lo posible para llegar a crear el ALCA y constituir con ello un bloque que les permitiría un mayor acceso de sus mercancías a un mercado de 670 millones de personas y así tratar de cerrar el paso a la Unión Europea, que también busca ampliar sus lazos con América Latina mediante tratados que agilicen el comercio.
Para Washington, el ALCA es vital por cuanto el bloque europeo ha continuado fortaleciéndose y está a punto de llegar incluso a una moneda común y el bloque asiático comercia con productos baratos y cada vez de mayor calidad, lo que eleva mucho su carácter competitivo a pesar de la distancia.
Las intenciones de la Casa Blanca, según sus voceros, son las de lanzar las negociaciones oficiales para la Asociación de Libre Comercio de las Américas en la cumbre que deberá tener lugar en Chile este mismo año. Sin embargo, el presidente William Clinton no pudo obtener el apoyo del Congreso para hacer aprobar el llamado fast track (vía rápida).
Este mecanismo posibilitaría al Ejecutivo norteamericano someter los convenios a las cámaras parlamentarias sin la posibilidad de que se analicen las partes componentes de los acuerdos por separado y, de ese modo, los convenios deberían ser aprobados en su conjunto, sin enmiendas parciales que serían inaceptables para sus socios del sur.
El fracaso de Clinton de lograr la vía rápida añade un obstáculo más a sus intenciones, que ya tenían enfrentamientos con los mismos latinoamericanos por algunos planteamientos estadounidenses.
Una reunión sobre el tema efectuada en mayo pasado en Bello Horizonte, Brasil, prácticamente no tuvo movimiento en ningún sentido, a pesar de que los representantes norteamericanos hicieron énfasis en tratar de dividir al Mercosur para negociar, pero se encontraron con posiciones firmes encabezadas por Brasil, país que rechaza de plano las posibilidades de conversar si Clinton no obtiene antes del Congreso el fast track.
Incluso el Presidente brasileño llegó a decir que las conversaciones sobre el ALCA eran puramente imaginarias mientras Clinton no tuviese en sus manos la vía rápida, pero, además, destacó que, incluso cuando se den, debe preservarse la integridad del Mercosur y no se sacrificarán sus relaciones con otros bloques, principalmente la Unión Europea, que avanzaron este año a raíz de una visita al cono sur latinoamericano del presidente francés Jacques Chirac.
Lo más conveniente para América Latina es llegar a una integración económica lo más firme posible antes de unirse de algún modo a Estados Unidos. Solamente cuando los latinoamericanos estén fortalecidos por esos lazos institucionales y puedan presentar una posición común ante Estados Unidos, podrá decirse que los intereses de la región estarán defendidos con mayor justeza por el poder que da la unidad.
El Mercosur señala que antes que todo, se deben tener por escrito las características legales de las negociaciones y, ya comenzadas éstas, Estados Unidos debería levantar primero las barreras no arancelarias al comercio, armonizar luego las normas técnicas con los demás y, por último, concordar el sistema de reducción gradual de los aranceles, mientras Washington pregona exactamente el orden contrario.
La Casa Blanca, por su parte, hará todo lo que esté a su alcance por negociar en la división, ya que de esa forma puede imponer más fácilmente sus posiciones ante la debilidad individual de sus interlocutores.
La pasada década, cuando la crisis de la deuda externa, América Latina no supo hermanarse en una posición común para discutir con los acreedores, cada cual trató de resolver sus problemas particulares por su cuenta y el resultado es que la deuda externa es hoy aún mayor que entonces.
La lección debe ser aprendida y recordar que el país del Norte no buscará equidad, sino ventajas.

 


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