DEPORTES

Baloncesto (m) tras nuevas fórmulas

El nacional sub-22,
necesidad imperiosa


ENRIQUE MONTESINOS

El sistema de participación deportiva en Cuba, del cual se han derivado tantos éxitos, no es perfecto ni mucho menos.
Importante es que no constituye un coto cerrado a las modificaciones para mejorarlo.
La ausencia de escuelas provinciales en la categoría juvenil constituye un "salidero" intolerable para el alto rendimiento, pues las gruesas cuotas de deportistas que se forman en las EIDE y luego prosiguen hasta los 18 años entre juveniles, no tienen manera apropiada de continuar su lógico derrotero en el desarrollo.
En la mayoría de los casos no clasifican por su juventud para los equipos provinciales de primera categoría, que conforman el eslabón siguiente. Solo aquellos que cumplen los requisitos pueden formar parte de las capacidades -por cierto bien inferiores al total de candidatos- de captación por parte del centro nacional juvenil o el de alguna provincia que lo disponga a ese nivel.
¿Qué hacen entonces?, pues dedicarse a otra cosa y el deporte pierde el esfuerzo y los recursos empleados.
La dirección del baloncesto no solo apreció esa fuga de valores, en una edad entre 18 y 22 años en que muchos jugadores en otros países adquieren reconocida calidad, sino que también se dispuso a encontrar la fórmula para detenerla.
En consecuencia, ya fue aprobado por el INDER con carácter oficial el campeonato nacional para menores de 22 años, cuya primera edición tendrá lugar este enero con la participación de los 10 mejores equipos de provincias.
El camino no estuvo carente de obstáculos, porque se planteaba que ese certamen sustituiría al de la primera categoría, a fin de que las provincias pudieran concederle la prioridad requerida de acuerdo con las exigencias del baloncesto contemporáneo en el sector masculino, que es donde se necesita avanzar.
Pero algunas no tenían ni jugadores suficientes para encarar un equipo de sub-22, y otras no se resignaban a perder los puntos emulativos provenientes de su tradicional fuerza en la división mayor.
La solución fue habilitar el sub-22 para diez equipos (según la evaluación de los resultados de los últimos tres años en los torneos sub-18), otorgarle rango emulativo como cualquier otra justa del deporte social y mantener la primera categoría, a disputarse en junio con las mismas prerrogativas, con los seis mejores equipos según los rendimientos de 1997.
De esa forma, el sub-22 contará con Villa Clara, Holguín, Ciego de Avila, Guantánamo y Santiago de Cuba en la zonal oriental, así como Ciudad de La Habana, Matanzas, La Habana, Cienfuegos y Sancti Spíritus en la occidental. Ambas desarrollarán sus actividades del 20 al 30 de enero en sus respectivas sedes de Guantánamo y Sancti Spíritus y clasificarán a los tres mejores de cada una para la final en Ciudad de La Habana, desde el 3 de febrero, que concluirá con el play-off entre los dos punteros.
La primera categoría, del 14 al 30 de junio en Guantánamo, tendrá de oponentes a Ciudad de La Habana, Villa Clara, Santiago de Cuba, Guantánamo, Pinar del Río y La Habana. Serán dos vueltas de todos contra todos y como colofón una final cruzada entre los cuatro punteros.
Como puede apreciarse, de la confrontación de ideas e intereses, salió el mejor producto: dos torneos en lugar de uno, aunque con menos quintetos participantes, pero con la calidad concentrada.
Todavía restan cabos por atar. Porque las provincias que ahora no "hicieron el grado" no van a quedar condenadas para siempre. Debe encontrarse una solución para que tengan una competencia particular que les permita determinar al menos un puntero que sustituya en la próxima contienda al último clasificado del torneo oficial, método de ascenso y descenso que constituye motor para el desarrollo.

 


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