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 Centenario de los emigrantes japoneses en
Cuba
Los Fujishiro de Japón descubren a su familia cubana

MARTA ROJAS
Haruko, que quiere decir Primavera, es el nombre de María
Fujishiro, hija de Kenichi Fujishiro, conocido en Santiago de Cuba en las primeras
décadas del siglo XX, como Francisco Fujishiro, Fujishiro el caramelero o Fujishiro el
inflador de globos con gas para las fiestas de cumpleaños u otras celebraciones. En
japonés la terminación ichi quiere decir el primero, por eso allá se conserva en la
familia el apellido Fujishiro. Nuestro Kenichi Fujishiro era el primogénito.
La fotografía publicada en Granma en 1990, con la cual la familia japonesa
de Fujishiro reconoció al primogénito. El con su esposa en la quincalla.
Pero al ser dado por muerto esto trajo dificultades para nombrar a
los demás integrantes de la familia, lo cual se ha enmendado, siguiendo así la
tradición del apellido. Kenichi Fujishiro tenía una tienda de curiosidades y quincalla
muy popular en Santiago de Cuba. Estaba situada en la calle Reloj entre Maceo y La Habana.
Que se conozca, fue el primer japonés que se estableció en Santiago y constituyó una
familia cubana en todo el oriente de Cuba.
En la edición del periódico Granma del 16 de noviembre de 1990
publiqué una entrevista breve con María Fujishiro ilustrada con fotos de la época. En
una de las imágenes apareció Kenichi con Antonia, su esposa cubana. La historia del
Fujishiro que se contaba en Santiago era propia de una telenovela, su hija María (Haruko)
me la confirmó y tanto habría de conmoverme que introduje a Fujishiro en la trama de mi
novela El columpio de Rey Spencer vendiéndoles golosinas a los emigrantes jamaicanos y
haitianos confinados en la Estación de Cuarentena de Cayo Duan, en la bahía santiaguera
(lo cual no se apartaba de la verdad).
Fujishiro murió joven. Sus pulmones se afectaron con el gas de los
globos que vendía en su próspera quincalla y su familia cubana no supo, hasta ahora,
cómo relacionarse con los parientes si es que aún vivían. Hay que pensar en el lapso de
la II Guerra Mundial.
Según el relato conocido, aquel Kenichi Fujishiro había llegado
con otros dos japoneses en un barco que atracó en Gibara porque traía enfermos de
fiebre, entre ellos a él. Los trasladaron al Hospital Saturnino Lora. Allí Fujishiro y
sus compañeros se curaron, el barco recogió a los otros dos, pero Kenichi se había
enamorado de quien lo atendía, una bella mulata santiaguera llamada Antonia Lustelier y
decidió quedarse en Santiago. Se casó con ella y montó su pequeño negocio. Así quedó
constituida su familia en la que nacieron tres hijos: dos varones y una hembra: Haruko
(María).
Parte de la familia japonesa de los Fujishiro: Primero a la izquierda
Katurón, el primo de Haruko, el tío de 91 años y dos primas.
Mientras Kenichi vivió se comunicaba con sus familiares en Japón,
lógicamente en su idioma. El correo era normal entre los dos archipiélagos.
COMO SE RECONOCE LA FAMILIA PERDIDA
Un joven estudiante japonés, que habla español, alumno de Ciencias
Políticas en la Universidad de Keio, Tokio, llamado Hideo Hanashita llegó como turista a
Santiago de Cuba en 1997 y visitó el Museo del Memorial General Antonio Maceo. Una
especialista de Historia le entregó un folleto explicativo de las hazañas del Titán de
Bronce y la obra escultórica de Lescay. El folleto estaba firmado por la Licenciada Lidia
Sánchez Fujishiro. Es un apellido japonés, le dijo el joven de 20 años. Sí, contestó
Lidia. Y le contó brevemente que su abuelo, por parte de madre, era japonés, pero que no
sabía si aún tenían algún pariente en Japón ni modo de averiguarlo porque la única
referencia con que contaban era el nombre del lugar donde había nacido Francisco
Fujishiro. Según las primeras investigaciones de Hideo cuando regresó a Tokio, luego de
la II Guerra Mundial los nombres de muchas ciudades y pueblos habían cambiado. Sin
embargo Hideo habló de la existencia de una familia con nombre japonés en Santiago de
Cuba.
Francisco Fujishiro en Santiago de Cuba.
Tres meses después llegó a Santiago un grupo de profesores
japoneses, uno de ellos, master de Historia, quería escribir una biografía de Antonio
Maceo. Lidia lo atendió. De nuevo el folleto y la sorpresa. Estos visitaron la casa de
Haruko quien mandó a buscar a su hijo Franqui que trabaja como periodista en Teleturquino
y Franqui le dijo a su madre que le entregara el periódico Granma donde aparecían las
fotos de su abuelo, a ver si alguien se acordaba de él allá. Pronto el periódico estuvo
en Japón. Los profesores contactaron con Hideo y este empezó sus pesquisas a partir de
los cambios de nombres de los pueblos y los Fujishiro registrados en las guías de
teléfono de Japón. Encontró a los Fujishiro de allá. Los visitó. Llevaba el
periódico y un video que el profesor de Historia le había hecho a la familia cubana de
Kenichi Fujishiro en Santiago.
Katurón, hijo de un hermano de Kenichi y primo mayor de Haruko
buscó en el álbum familiar las fotografías que Kenichi Fujishiro les mandaba de
América. Antes de responder si pudiera haber un vínculo o no entre el nombrado Fujishiro
residente en Cuba y ellos, le preguntó a Hideo si a Haruko le gustaría conocer a su
familia, en caso que ellos fueran esas personas, e Hideo le contestó que ese era el
sentimiento más profundo que tenía la señora Haruko (María). Entonces Katurón tomó
el periódico y confrontó las fotos: eran idénticas a las copias que conservaban.
LA CARTA DE KATURON A SU PRIMA HARUKO (MARIA)
Hideo regresó a Cuba. Ya había traducido la carta de Katurón:
Estimada señora Haruko: me sorprendí muchísimo por la noticia repentina, yo me llamo
Katurón Fujishiro, es decir soy primo de usted. Mi madre, hermana del señor Kenichi, me
dijo muchas veces que cuando él era muy joven se fue a México. El señor Kenichi, mi
tío, envió una foto; esa es la que el señor Hideo Hanashita me trajo como copia en el
periódico y es perfectamente la misma. Por eso me sorprendí de nuevo. Como la cosa es
muy antigua no sé bien los detalles. Pero quiero avisarle dentro de lo que nosotros
sabemos: El señor Kenichi tuvo cuatro hermanos, una hermana mayor y otra menor, la
hermana menor se casó con un hombre del mismo pueblo y su hijo es anciano y se llama
Solike, tiene 91 años, pero todavía está muy bien (envío fotos). A veces cuando viene
a nuestra casa él nos habla unos relatos de cuando el señor Kenichi era joven. El era
sargento del ejército cuando joven, era muy inteligente, por eso en mi pueblo fue famoso.
Pero al padre de él le gustaba jugar al Envite, y no dejó nada en la hacienda de la
familia, por eso el señor Kenichi (el padre de usted) se retiró del ejército y se
determinó a ir a trabajar al extranjero para recuperar la hacienda de la familia. Pienso
que el señor Kenichi se alegraría de que nosotros podamos comunicarnos, rezamos por la
salud de la familia,- KATURON FUJISHIRO.
María (Haruko) Fujishiro, la hija del japonés.
El puente familiar se estableció definitivamente.
LA FAMILIA CUBANA DE KENICHI FUJISHIRO
María Haruko estudió en la Escuela Normal de Maestros de Santiago,
pero en los años cuarenta no pudo obtener una beca que había solicitado para estudiar
Pedagogía, en reconocimiento a sus notas sobresalientes en la Normal. Un funcionario de
Gobernación la visitó y la obligó a renunciar al derecho de reclamar en algún momento
la ciudadanía japonesa. Si su estatus se mantenía tal como estaba podía ser confinada a
un campo de concentración en Isla de Pinos, porque Cuba le había declarado la guerra al
Japón, le aseguró el funcionario. María renunció a ese derecho, pero ni aun así le
otorgaron la beca.
Ejerció el magisterio, se casó con el cubano Juan Sánchez, su
esposo de toda la vida, y tuvo tres hijos, todos profesionales: Franqui, el colega de
Teleturquino; Juan, pedagogo, y Lidia, licenciada, profesora de Historia.
El joven Hideo le escribió a Lidia contándole los pormenores de su
investigación: "Es como para escribir un libro o hacer película para la televisión
la vida de la familia de Kenichi Fujishiro, señora Lidia. Le tienen ahora un altar en la
casa y quieren saber dónde está enterrado". Ahora las cartas vienen acompañadas de
fotos de varias generaciones de la familia y las de aquí para allá igualmente. Kenichi
(Francisco) Fujishiro está enterrado en el cementerio de Santa Ifigenia y el hogar de la
familia en Japón lo venera en un altar tradicional de su cultura milenaria donde está
ampliada una de las fotos que apareció en Granma.
El Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos ha invitado a María
(Haruko Fujishiro) a los actos por el centenario de la emigración japonesa en Cuba. Desde
hace algún tiempo la Embajada de Japón la tiene en cuenta para las celebraciones
nacionales de aquel país en Cuba.
Los japoneses en Cuba
Un sello de correos en honor al centenario
La presencia del primer hombre japonés en Cuba data del siglo XVII.
Según noticias, en 1614 llegó a La Habana, vía México, el samurai Tsunenega Haseekura
en calidad de visitante junto a un grupo japonés, y permaneció apenas dos semanas. Pero
la fecha que se ha tomado para celebrar la inmigración japonesa en Cuba es la del 9 de
septiembre de 1898 en que arribó proveniente de Veracruz, en el vapor Orizawua, el señor
Y. Osuna. En años posteriores continuaron llegando, fundamentalmente, de Okinawa,
Hishima, Kusamoto, Niigata, Fukuoka, Wakama, Kochi, Fukushima, Okayama, Nagano y otras
ciudades. Muchos se asentaron en Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud). Existieron
asentamientos en La Habana, Matanzas, Cienfuegos, Sancti Spíritus, Camagüey, Holguín,
Granma y Ciego de Avila. En Santiago de Cuba un japonés dedicado al comercio y la
artesanía, creó una familia, la cual tuvo descendencia. El Ministerio de Comunicaciones
ha considerado justo el reconocimiento al aporte del trabajo y la cultura japonesa al
pueblo cubano. Actualmente en la Isla de la Juventud está la segunda comunidad japonesa
en número (128 personas) después de La Habana (169), de unos 800 que radican en el
Archipiélago cubano. Hay hermosas historias de su presencia entre nosotros. Cuba no puede
pasar por alto la labor del señor Takeuchi quien por encargo de la heroína Celia
Sánchez creó un miniorquideario en la localidad de Soroa caracterizado desde antes por
las especies allí reunidas. La familia del señor Mosaku Harada en la Isla de la Juventud
es considerada como el tronco de la mayor familia de japoneses residentes en Cuba, la cual
se dedicó a la agricultura. El sello de correos en homenaje al centenario de los
japoneses en nuestro país se basa en dos elementos esenciales: una escultura del siglo
XVII y un símbolo moderno creado con motivo de la llegada del primer inmigrante. Ambos
recursos representan el pasado y el presente. El diseño es de París Volta. (M.R.) |