 
El doctor Hugo Soto en plena faena de identificación, en Bolivia, mediante la
superposición cráneo-fotográfica por medios computarizados, SUPCRAFOT, técnica
desarrollada por los cubanos.
Detrás de un suceso histórico
Un especialista del equipo que continúa las investigaciones en
Valle Grande, abunda sobre el papel del trabajo científico en el hallazgo de restos de
los combatientes de la guerrilla

SARA MAS
EN LAS cercanías de Valle Grande, Bolivia, un grupo de expertos
cubanos continúa buscando los restos de los combatientes de la guerrilla de Ñancahuazú,
caídos tres décadas atrás.
A ese equipo pertenece el doctor Hugo Soto Izquierdo, antropólogo
forense, quien en estos dos últimos años ha sido protagonista y testigo, junto a
médicos, arqueólogos y otros profesionales, del hallazgo del Che, algunos de sus
compañeros y más recientemente, el pasado 20 de septiembre, de Tania, la Guerrillera.
Aunque los ojos del mundo no siguen tan atentos a las búsquedas en
aquel país, los cubanos -encabezados por el doctor Jorge González- no han dejado de
trabajar incansablemente.
Esta historia, comenzada en noviembre de 1995 con la revelación del
general boliviano retirado Mario Vargas Salinas, acerca del lugar donde habían enterrado
al Comandante Guevara y posiblemente a sus compañeros, no ha terminado aún.
"En total fueron 36 los caídos en la guerrilla y en Valle
Grande fueron sepultados muchos de ellos; por eso continuamos las búsquedas",
precisó Soto recientemente en La Habana, durante el V Congreso de la Asociación
Latinoamericana de Antropología Biológica.
EN MANOS DE LA CIENCIA
Para asumir las misiones de rastreo e identificación se creó un
competente equipo multidisciplinario cubano, que una parte del tiempo trabajó junto a
especialistas argentinos y en largas jornadas de paciente investigación ha tenido que
resolver innumerables dificultades, entre ellas, enfrentarse a diversas versiones y
leyendas de cómo ocurrieron los hechos.
Sobre el destino final de los restos del Che, por ejemplo, existían
más de 60 versiones distintas, divulgadas durante décadas. Acerca de las circunstancias
en que muere y es enterrada Tania, también circularon rumores diversos, aun cuando ella
tuvo una suerte de ceremonia cristiana, ante el reclamo de las mujeres de la zona. A
juicio de Soto, el de la guerrillera argentino-cubana ha sido el hallazgo más difícil de
todos.
"Un entierro único es mucho más difícil de hallar que una
fosa colectiva. También existían varias historias, pues a ella se le hizo una caja
fúnebre y fue velada por las campesinas, a quienes les permitieron el cortejo, pero no
llegar hasta el lugar del enterramiento. Les dijeron que la llevaban al cementerio, pero
en verdad fue sepultada en el antiguo terreno del regimiento, muy cerca del actual Rotary
Club. Temían que el sitio se convirtiera en lugar de peregrinación."
Sostiene Soto que por todas esas razones el descubrimiento de los
restos mortales de Tania ha sido muy trascendente, además, desde el punto de vista
técnico. Allí encontraron el ataúd de madera, sus agarraderas y el cristal. Para la
identificación del cadáver resultaron muy valiosas la odontología forense -fue hallado
un puente fijo de dos piezas dentales- y la superposición cráneo-fotográfica por
métodos computarizados que permite comparar el esqueleto craneal con fotografías
realizadas en vida, junto a otras pruebas.
Finalmente pudo establecerse que coinciden las circunstancias de su
muerte por disparo con arma de fuego con las lesiones halladas: fractura a nivel de un
tercio medio del húmero derecho, que entró al tórax.
La pesquisa histórica tuvo igualmente un importante papel en el
resultado final. También las averiguaciones entre campesinos, pobladores y el esfuerzo de
muchos científicos, incluidos los que están a veces lejos del lugar de los hechos.
"Más de 50 técnicos de unas 20 instituciones del país están
involucrados -aclara Soto- entre ellos especialistas de Medicina Biomolecular del
Instituto de Medicina Legal, del Laboratorio Central de Criminalística, de Biotecnología
y otros."
Soto, el antropólogo del equipo, se ocupa fundamentalmente de la
excavación e identificación. Sin embargo, su labor en el terreno y el propio trabajo de
equipo, le permiten valorar en sentido general lo realizado por el grupo, en el cual las
tareas de unos se hacen indispensables para las misiones de otros y la obtención de
resultados.
"Gracias a la aplicación de técnicas geofísicas y la
detección de anomalías en el terreno se pudo delimitar el área de búsqueda; de un
total de 20 hectáreas, se descartaron 18 y pudimos concentrar la investigación en
dos", relata Soto al referirse al momento en que se iban acercando al lugar donde
finalmente hallaron la fosa común de 7 personas, entre ellas el Comandante Guevara.
"Habíamos iniciado las excavaciones el 20 de junio y luego de
9 fosos abiertos, en el décimo, entre las zonas señaladas como 8 y 9, encontramos al
Che."
El suceso, que días después fue trasmitido al mundo entero por
más de 150 periodistas de importantes cadenas noticiosas, ocurrió a las 9:25 de la
mañana del 28 de junio de 1997. Ese día ha quedado grabado para siempre, con todo
detalle, en la vida de Soto. De ese instante, cargado de honda y contenida emoción,
recuerda con peculiar curiosidad un frío muy intenso.
"Allí el calor, el sol y el frío se sienten fuertes. Los
días eran por entonces generalmente muy calurosos, pero aquella mañana fue diferente,
hacía como 1 grado sobre cero, un frío tremendo". Algo similar se repitió 228
días después cuando a la misma hora, el 11 de febrero de 1998, hallaron otros tres
cadáveres pertenecientes al grupo de los caídos en la zona de Valle Grande.
La ciencia, que hizo posible sacar a la luz y comprobar con
veracidad lo que por tres décadas fue un secreto militar muy bien guardado, ha sido sin
dudas fundamental para completar la historia inconclusa, a juicio de Soto. Sin el
conocimiento de tan distintas disciplinas otra hubiese podido ser la suerte final de estas
búsquedas o quizás más largo el camino para llegar a la verdad y devolver los
combatientes a la Patria.
Una variedad de técnicas de topografía y geofísica, como las de
teledetección, sísmica, gravimetría, georradar y geoelectricidad, junto a métodos
clásicos y modernos de identificación desarrollados por los especialistas cubanos, son
señalados por él como éxitos de esta misión histórica y científica. Entre ellos se
incluye el SUPCRAFOT, la superposición cráneo-fotográfica por medios computarizados,
desarrollada por el propio Soto, una técnica altamente costosa en el mundo.
Graduado de Biología en 1975, este doctor acumula una reconocida
práctica y es uno de los pocos antropólogos forenses formados en el país. La suya,
comenta, no es una especialidad preferida por muchos y hay quienes incluso la abandonan a
medio camino. Reconoce que se trata de un trabajo difícil, pero guarda también ricas
experiencias de pruebas y aprendizajes, como los días de Angola en la década del 70; su
primera experiencia internacional en Ecuador, 1986, para identificar a 73 mujeres
asesinadas en 16 meses por un connotado homicida o más recientemente, cuando ocurrió el
accidente aéreo en Quito. |