Educación

Oro parece, maestro es

Y como oro hay que valorarlo, atenderlo y estimularlo. Todo lo que puede hacer la sociedad para cuidar y enaltecer a los educadores

VLADIA RUBIO

CUANDO ESTHER María anunció que se iba de la escuela y de Educación, más de uno de sus compañeros de trabajo le musitó, brazo sobre sus hombros, "es lo mejor que haces". Y la profe, con 20 años en el sector y resultados laborales sistemáticamente buenos, recogió sus cosas, se despidió sin demasiado ruido de sus alumnos y empezó a trabajar en otro centro, a dos cuadras de su casa, convencida de que era lo mejor que hacía.


En el sistema de enseñanza general laboran más de 250 mil trabajadores.

Ella no es el único caso. En la capital del país, que junto a La Habana, constituye el territorio más crítico en cuanto al déficit de docentes, tan solo el pasado curso siguieron los pasos de Esther María 2543 educadores, éxodo que ha podido irse compensando por los nuevos egresados de los Pedagógicos y el reingreso de algunos.

Pero no hablemos de los que vuelven, sino de los idos. Según el MINED, los tres motivos que más alegan para decir adiós al pizarrón son: problemas personales y familiares, búsqueda de una mayor remuneración y acercamiento al lugar de residencia. En correspondencia con esas razones un número considerable permanece en sus casas, otros se han vinculado al trabajo por cuenta propia y, en menor cuantía, los hay laborando en firmas y dependencias de Turismo.

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El presupuesto para esta actividad es solo superado por el de Seguridad Social.

A esto hay que añadir una cifra importante de educadores que son captados, directa o indirectamente, por organismos y organizaciones, sobre todo para ocupar cargos de dirección. Y tan preocupante se está tornando este actuar que parece imponerse la necesidad de dictar ya regulaciones al respecto.

Al menos en los datos hechos públicos por el MINED, entre las explicaciones que aducen los que se han ido no aparece ninguna en la que refieran sentirse desatendidos en su trabajo, desestimulados o inconformes con métodos o estilos de dirección. Sin embargo esta es una realidad. Cabe la posibilidad de que tales argumentos queden comprendidos bajo el rótulo de "problemas personales" porque cuán importante problema es para una persona que quiere su profesión el sentirse sin la suficiente consideración y apoyo.

Pero hasta ahora, no podrá saberse con exactitud en qué medida ello ha incidido en esas decisiones de abandono porque los propios directivos del Ministerio y también los dirigentes del Sindicato de Educación reconocen que ha faltado el diálogo, el análisis profundo y político con estas personas.

Quién sabe cuántos de ellos tal vez hubiesen desistido de su determinación si, en vez de recibir una callada aprobación y a veces hasta muestras de solidaridad, se hubieran escuchado atentamente las razones de su desmotivación, se apelara a su sensibilidad haciéndole comprender el gran problema que causa a muchos por solucionar el suyo, y, por supuesto, de ser justificada su inconformidad y posible la solución, se hubiesen tomado las medidas.

Y esto es válido no solo para los casos cuyo nombre desapareció de la plantilla de la escuela sino, SOBRE TODO, PARA QUIENES EN ELLA PERMANECEN y que, sin duda, son la mayoría y siguen dando un ejemplo impresionante de entrega e incondicionalidad.

Los maestros no piden nada que esté más allá de lo acorde con las difíciles condiciones económicas que vive el país. Sus peticiones son, esencialmente, que se les mejoren las condiciones elementales de trabajo: una pizarra aceptable, tizas servibles, y a veces hasta un baño o un poco de agua fría para tomar, porque hay casos en que no tienen ni eso, por no hablar ya de merienda o almuerzo. Otros plantean que se les facilite resolver los espejuelos.

-Y esos son problemas solubles, lo que hay es que escucharlos, intercambiar, no solo controles e inspecciones; en primer lugar hace falta sensibilidad política.

Así se expresó recientemente Emilio Rodríguez Salomón, director de Educación en la capital, a propósito de un análsis realizado sobre el éxodo de maestros en la ciudad y que fue precedido por una visita que realizaran dirigentes del MINED y el Gobierno de la ciudad a todas las escuelas capitalinas.

Esta reunión resumen estuvo presidida por Luis Gómez, ministro del ramo; Conrado Martínez Corona, presidente del Poder Popular en ese territorio; y por Luis Abreu, secretario general del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación, la Ciencia y el Deporte (SNTECD).

La organizadora de este sindicato a instancia provincial, Georgina Bonilla, fue también muy categórica:

-Detener el éxodo es elevar la autoestima del trabajador, frenar la desvalorización que algunos han empezado a sentir por su carrera; y hay mucho que se puede hacer por el maestro. No debemos quedarnos en el nivel de la disposición y la comprensión.

Como sindicato, tenemos que tocar más su sensibilidad, sus problemas. Pero no tenemos en todas partes los cuadros idóneos para eso; aunque los cuadros, por muy buenos que sean, no pueden solos. Se necesita el apoyo de todos. Tenemos que ser creíbles a partir de las respuestas que se den a los planteamientos de los docentes, que a veces, ni les llegan, dijo.

Martínez Corona amplió lo dicho por Georgina y afirmó que "estamos todos orgullosos de los maestros pero no hacemos todos los días algo práctico para ayudarlos y facilitar así que esos motivos de orgullo se mantengan". Comentó sobre la importancia de que en cada análisis que haga el gobierno, de manera permanente y no cuando como ahora estamos ante una crisis por la falta de maestros, debe dedicarse un espacio para valorar cómo aliviar las condiciones de vida y trabajo de ese sector, lo mismo cuando discuten planes sobre la microbrigada social que al tratar de servicios, etcétera.

NO SOLO DE PAN VIVE EL HOMBRE

Por lo dicho hasta aquí, alguien podría pensar que se trata solo de demandas de carácter material -muy justificadas porque son peticiones no para vivir mejor sino para trabajar mejor-, pero la atención y estímulo a los educadores implica mucho más.

En primer lugar, no puede perderse nunca de vista, aunque nos resulte una realidad cotidiana, que el hecho de no haberse cerrado una sola escuela y no estar ni un solo maestro desempleado, a pesar de la crudeza de las actuales coyunturas económicas, constituye en sí el mejor estímulo y una muestra más que convincente de la prioridad que concede este país a su labor.

Como es obvio, en el presente un aumento salarial significativo para este sector de más de 250000 trabajadores sería imposible por las causas objetivas bien conocidas. No obstante, si aun así esto se hiciera -razonaba el Ministro con educadores- por ser este un sector muy numeroso, inmediatamente esa alza salarial se traduciría en un desequilibrio del circulante y rápido incremento de los precios en el mercado no estatal, en definitiva, serían nulos los esfuerzos.

No obstante, es legítimo subrayar que el presupuesto destinado este año a los servicios educativos es de 1 510 millones de pesos, de ellos, 900 millones para salario. Y este presupuesto, después del acápite para la Seguridad Social, es el mayor de los conferidos por nuestro Estado.

Asimismo, vale señalar una decisión que también entraña estímulo: haber ampliado el período vacacional de los maestros, retribuido. Y a esto hay que agregar, una estimulación especial de tipo económico a aquellos con resultados integrales, y, cuando ha sido factible, las entregas de calzado, ciclos y algunas viviendas.

Teniendo en cuenta todo lo dicho hasta aquí, es muy importante continuar situando en el centro del colimador lo referido a los estímulos morales. Además de los ya mencionados, y de las felicitaciones en el mural, matutino o reunión del departamento -a veces bastante frías y formales- me refiero a otras muchas alternativas que van desde una justa y diferenciadora evaluación profesoral para estimular con el "Bien" a quien en verdad lo merece -no siempre sucede así, a veces prima el paternalismo- hasta las posibilidades de un año sabático para la superación.

Hay que decir que esta última variante es posiblidad exclusiva de los educadores, y aunque todavía debe perfeccionarse, en el presente gozan de ella 7000, de casi todas las provincias, liberados a tiempo completo con todo su salario para superarse, lo mismo con vistas a alcanzar la titulación, que para recalificarse o cursar modalidades de postgrado.

En estas ideas ha insistido el propio Gómez muchas veces, pero no siempre lo orientado llega o se cumple en la base al pie de la letra. Precisamente en ello estriba también otra forma de estimular y respetar al maestro, así como en concederle todas las posibilidades para crear, sugerir e incluso enriquecer las indicaciones.

Como precisamente la misión fundamental de la escuela cubana es formar política e ideológicamente a las nuevas hornadas, resulta vital -diría mejor, indispensable- que con los encargados de dar cumplimiento a esta estratégica encomienda, es decir, con los educadores, el ejercicio del trabajo político ideológico sea ejemplar, porque en casa del herrero no debe haber cuchillo de palo.

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