NACIONALES

Aniversario 35 de las TGF

Más que una línea azul
sobre el horizonte


ROGER RICARDO LUIS

Cuando comenzó a escribirse la historia de Tropas Guardafronteras (TGF), hace 35 años, faltarían cinco para que naciera el capitán Leovel Llanes Hernández, y qué decir del colectivo de combatientes bajo su mando, que aún no llega a los 20, como promedio.

Para el capitán Leovel Llanes, ser combatiente de las TGF es asumir una tradición heroica.

Cuánta responsabilidad hay en manos de estos jóvenes que tienen bajo vigilancia poco más de 19 kilómetros de costa; pero qué tramo de costa: del Morro habanero al este, hasta la desembocadura del río Santa Ana, a la altura de la Academia Naval Granma, al oeste.

Alguien puede pensar, sin embargo, que semejante misión en el "asfalto" es turismo al lado de quienes están en los cayos con los jejenes o en el arrecife del litoral inhóspito.

Pero si bien las condiciones materiales y de vida pueden diferir en cierto sentido, no es menos cierto que las cotas de la tensión y responsabilidad para estos capitalinos, suben con bastante frecuencia a los máximos niveles.

Así lo corrobora el hecho de tener bajo ojo alerta, las 24 horas del día, la misión de detección y lucha contra acciones terroristas del enemigo y la protección de objetivos de alta sensibilidad política, económica y social enclavados en el litoral o en su profundidad.

Ellos cumplen su tarea no desde una lancha patrullera como suele asociarse a los miembros de las TGF, sino mediante radares y la observación visual desde diferentes puntos enclavados en edificios altos de la línea del Malecón o cercanos a la costa capitalina.

En sus puestos la monotonía no tiene espacio posible. Cada día en las pantallas de los radares aparecen minúsculos puntos que deben ser identificados de inmediato a partir de lo cual se desencadena un proceso de cooperación entre las distintas unidades de las TGF, que hasta pueden involucrar otras líneas del MININT y de las FAR en ocasiones, para la detección del probable intruso.

Un segundo perdido, una valoración incorrecta de la situación, una decisión mal tomada por estos combatientes, puede traer como consecuencia un verdadero dolor de cabeza y hasta un grave problema por tratarse, obviamente, de la capital de un país agredido y hostigado por adversarios que no han cesado en sus acciones y que en su mayoría operan desde territorios a solo pocos minutos de su frontera marítima.

El capitán Llanes bien lo sabe. Su promoción como jefe de esta imprescindible unidad operativa de mando de las TGF obedeció a sus excelentes resultados de su labor anterior, desde segundo jefe del puesto de guardafronteras en Playa Amarilla, tras graduarse en 1991 en una escuela militar soviética, y su paso posterior por las jefaturas de Santa Cruz del Norte y Mariel, todas del Destacamento Habana.

Su bautismo de fuego fue por aquellos meses tensos de junio, julio y agosto de 1994, cuando se encontraba en la zona que abarca desde Cabañas a Baracoa. Las razones son bien conocidas.

En todos los casos no sólo primó el cumplimiento eficaz de las órdenes del mando superior, la ecuanimidad demostrada, la toma de decisiones oportunas y correctas ante situaciones complejas como secuestros de embarcaciones y salidas masivas ilegales; sino también, la dosis de valentía personal en muchos de los actos que protagonizó junto a sus compañeros para hacer prevalecer las leyes nacionales y en actos humanitarios a riesgo de su propia vida.

Para los combatientes de las TGF la frontera es algo más que una línea azul en el horizonte custodiada celosamente desde el litoral y las patrulleras para impedir cualquier acción de infiltración o exfiltración de agentes terroristas, para hacer cumplir la ley y la palabra empeñadas en materia de salidas ilegales, incluso, las que son apoyadas desde el exterior, en el combate al narcotráfico internacional en su camino al principal país consumidor, en las labores humanitarias de rescate y salvamento, en la detección del intruso, en la ayuda al turista que viene a bordo de una embarcación hacia nuestras marinas, en la cooperación estrecha de trabajo social con las comunidades de pescadores, por solo citar algunas de sus principales misiones garantizadas bajo cualquier situación.

Puede que las fronteras del deber en estos 35 años de épica exis-tencia se hayan ensanchado hacia otros frentes de combate y moder-nizado las técnicas de enfrentamiento, pero entre rostros viejos y jóvenes, jubilados y en servicio, héroes inmortales y cotidianos, hay una continuidad que los emparenta: los mismos principios, el sacrificio y la consagración para enfrentar al enemigo.

Y es que, como siempre, para defender la Revolución en la primera línea, no habrá razones para la demora.


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