Primera Parte
Queridos compatriotas:
No vine solo, traje dos invitados que me pueden ayudar, si
los necesito, en algunos temas sobre los cuales han adquirido
experiencia.
Hoy ha sido un día complicado por el tiempo. Ya cuando
recibimos el parte meteorológico estaba anunciada la
comparecencia. Observamos durante el día el desarrollo de
los vientos y de las lluvias. Algunos compañeros sugerían
que suspendiéramos la comparecencia, pero yo preferí venir
de todas formas; incluso tuve que dar mil vueltas y vencer
obstáculos de todo tipo para llegar a la emisora,
retrasándome dos minutos.
Mañana, posiblemente, haya que ocuparse de las consecuencias
de estos vientos y de las lluvias que están cayendo -no
sabemos cuáles pueden ser-, y preferí por eso venir hoy.
Ostento, en este caso, el papel de moderador. Les daré la
palabra a ustedes cuando lo necesite, para hacer algunas
preguntas o para que me ayuden.
Yo tenía necesidad de comunicarme con el pueblo después de
la visita del Papa, para hablar sobre este tema y de algunos
otros; tenía necesidad de expresar mi más profunda
admiración, mi reconocimiento y mi gratitud al pueblo, por
su comportamiento y por el éxito alcanzado en la tarea
compleja que le correspondió realizar.
He explicado ya en parte las circunstancias que se crearon en
torno a la visita del Papa. La primera vez que lo hice fue el
13 de diciembre en la Asamblea Nacional; no voy a repetir lo
que allí dije.
Durante casi un año había trabajado intensa y
detalladamente la comisión conjunta constituida por los
compañeros del Partido, del Gobierno y de la Iglesia
Católica, preparando la visita del Papa. Habíamos discutido
con los enviados de la Santa Sede el programa y todas y cada
una de las actividades durante largos meses; pero a medida
que se fue acercando la fecha de la visita, los enemigos de
la Revolución, incuestionablemente, y tal vez muchas
personas confundidas o mal informadas en el mundo,
contribuyeron a crear una atmósfera que no era la mejor, la
más propicia para alcanzar el éxito que buscábamos; es
decir, el éxito de la visita.
Se crearon expectaciones de todo tipo, repito, de una forma
intencionada en determinado número de personas, y tal vez
inconscientemente por parte de otras; una expectación muy
grande, no solo expectación, sino también expectativas
insanas alrededor de la visita. Se auguraban catástrofes con
motivo de la misma, enfrentamientos, problemas, dificultades
de toda índole para Cuba, y, unido a eso, un enorme interés
en el mundo, un interés sano por parte de la inmensa
mayoría de las personas en todas partes, y un interés no
tan sano por parte de los enemigos de la Revolución, por tan
importante acontecimiento en el que se trabajaba con toda
seriedad y con toda honradez.
De modo que la visita, al final, los enemigos la convirtieron
en un gran desafío para el país, mientras nosotros nos
encontrábamos enfrascados en otras tareas; esencialmente en
las intensas actividades de todo final de año, en la
elaboración de todos los planes de carácter económico y
social que debían presentarse a la Asamblea Nacional, y en
algo tan decisivo y tan fundamental como las elecciones
generales. Tuvimos que dedicar prácticamente lo que quedaba
del mes de diciembre y hasta el día 11 de enero a las
elecciones, que constituían para la Revolución, ya de por
sí, una dura prueba en las condiciones de período especial
que estamos viviendo, cumpliendo estrictamente lo establecido
por la Constitución y las leyes.
Durante todo ese período continuó desarrollándose la
enorme y creciente expectación de que hablábamos, ya
claramente dirigida y orquestada, con relación a la visita,
con la esperanza de convertirla en un desastre para la
Revolución.
Después del día 11 de enero estaban recopilándose todos
los datos electorales, queríamos tenerlos con la mayor
precisión posible, ya expliqué aquellas cuestiones
relacionadas con los índices reales y seguros que
deseábamos informar al pueblo. Realmente se pudo comparecer
ante la televisión para hablarle al país sobre los
resultados de las elecciones generales el viernes 16 de
enero, es decir, cinco días antes de la llegada del Papa.
El 13 de diciembre, cuando hablé por primera vez de las
cuestiones mencionadas relacionadas con la visita, dije que
volvería a hablar, porque quería abordar con amplitud y
profundidad el tema; quería recoger, además, todos los
elementos de juicio para poder ofrecer una orientación clara
y precisa a la población, y muchos compañeros, muchos
compatriotas, muchos militantes del Partido, de la Juventud,
de las organizaciones de masa y de las bases del Poder
Popular estaban esperando esas orientaciones, pedían esas
orientaciones, porque había todavía confusión en muchas
personas sobre qué actitud tomar, si debían asistir o no
asistir a las actividades.
Yo había dicho el día 13 de diciembre, en respuesta a las
intrigas que se estaban desatando, entre ellas la infamia de
un legislador norteamericano que declaraba tranquilamente que
la Revolución estaba amenazando a los trabajadores con
quitarles el empleo si asistían a las actividades del Papa,
cuando la realidad era que llevábamos meses trabajando
esmeradamente, dentro de otras tantas tareas, para una buena
visita, para una gran visita, que teníamos que organizar la
mejor visita que hubiese realizado nunca el Papa y que estaba
seguro de que podíamos hacerlo.
Pero las intrigas habían continuado a un ritmo creciente,
había personas preocupadas, las fonías del enemigo se
dedicaban fundamentalmente a crear incertidumbre,
preocupaciones, temores, augurios de sucesos tenebrosos en el
ánimo de la población, de modo que algunos se preguntaban
qué necesidad había de la visita, si era conveniente o no
la visita, se lo preguntaban honestamente incluso muchos
revolucionarios; era por tanto necesaria, indispensable,
aquella explicación a fondo, que no podía esperar realmente
un día más, pues estábamos ya a mediados de enero, para
cumplir aquel compromiso de explicarle a toda la población
-de manera muy especial a todos los miembros del Partido, de
la Juventud y de las organizaciones de masa, que suman
millones de compatriotas- cómo se organizó la visita, por
qué se organizó, cómo debíamos comportarnos; explicarle,
además, la personalidad del visitante, sus características,
su país de origen y experiencias vividas, sus méritos
religiosos, su talento y el papel político desempeñado por
él en los últimos años en un sentido u otro. Me vi
obligado a introducirme en complicados y delicados temas
históricos para explicarlo con claridad y franqueza.
Era necesario, en primer lugar, que se creara una conciencia,
un conocimiento mayor, una información más completa en el
pueblo sobre el Papa. Explicar, además, el papel que
desempeñaba este Papa en importantes acontecimientos del
mundo actual; muchas de las cosas en que teníamos, incluso,
coincidencia, relacionadas con aspectos esencialmente de tipo
social.
Recordarán ustedes que invertí tiempo leyendo materiales
sobre el sínodo de obispos de este hemisferio, que tuvo
lugar muy recientemente en Roma; leí y leí muchos
párrafos, y leí también numerosos párrafos acerca del
pensamiento del Papa sobre importantes problemas
internacionales e importantes cuestiones del mundo de hoy. Me
percaté después de que a mucha gente le llamaron la
atención aquellos datos, aquellos párrafos que leí, y que
eran ignorados por muchas personas.
En realidad, en este mundo de hoy hay tantos y tantos
problemas, que no todos los ciudadanos de este planeta están
informados al detalle de cada una de las personalidades de
este tiempo, de cada uno de los acontecimientos de nuestra
época; pero yo quería que nuestros compatriotas conocieran
la personalidad histórica y la importancia del visitante que
íbamos a recibir. Hice una fuerte apelación a todos los
cubanos y acudí, incluso, a algo que no suelo hacer -como
ustedes conocen bien-: a la confianza. Siempre he utilizado
el razonamiento, las explicaciones razonadas, para persuadir
sobre algo al pueblo. Esta vez dije: Tengan confianza, que
vamos a lograr éxito en esta visita.
Aquellas palabras, que fueron pronunciadas virtualmente de
madrugada, porque hubo que abordar antes la cuestión de las
elecciones, no pudieron ser escuchadas por muchas personas
que ya a esa hora se habían dormido. Se hizo un adicional
esfuerzo retrasmitiendo la comparecencia y divulgándola por
la radio y por los medios de prensa posibles, que -como
ustedes saben- son pocos. Se utilizó también la prensa para
que se estuvieran divulgando hasta el final todas aquellas
ideas; pero, al mismo tiempo, expresábamos nuestra confianza
en la población. Lo fundamental era trasmitir el mensaje,
explicar y apelar a nuestros compatriotas, y, a partir de
eso, la más completa y absoluta seguridad y confianza en la
respuesta del pueblo, la de siempre.
Por eso, ahora, que ya ha transcurrido todo, podemos meditar
sobre eso y ver crecer esa confianza, admiración y gratitud
hacía ese pueblo que no le ha fallado jamás a la
Revolución. Creo que ha sido, realmente, un hecho histórico
y una proeza más de Cuba.
Antes de proseguir, y tengo que proseguir porque hay cosas
que quiero recordar, hay cosas que quiero refrescar, que es
bueno que se recuerden y que se refresquen para nosotros y
para el exterior; se trata de ideas que, a mi juicio, fueron
decisivas en ese éxito. No obstante, si ustedes quieren
decir algo, breve...
JULIO GARCIA LUIS.-Creo, Comandante, que hemos visto una
expresión de unidad -como usted siempre lo ha planteado- de
los creyentes y de los no creyentes, de los creyentes
católicos y de los creyentes no católicos; hemos visto una
expresión también de ecumenismo, porque ha estado allí en
las plazas -como usted pidió- llenas todo el pueblo de Cuba,
respetuosamente, escuchando un mensaje con el que no siempre
se coincidía, pero escuchándolo con respeto, dando una
prueba de educación, yo creo, como no lo habrá visto el
Papa en muchos países que él ha visitado.
PEDRO MARTINEZ PIREZ.-Y, sobre todo, yo diría, Comandante,
el hecho de que se fuera por conciencia, no por disciplina,
ahí pienso que se reeditó la colosal victoria de las
elecciones. Es decir, las elecciones del 11 de enero fueron
una victoria colosal porque el pueblo, por supuesto, tomó
conciencia de qué debía hacer en esas elecciones, y pienso
que el llamado que usted hizo era un llamado bien importante
porque las provocaciones en Cuba han sido muchas; la radio
enemiga, por supuesto, también desinformando, y era
importante que no se escuchara un silbido, que no hubiera un
grito, que no hubiera una consigna, es decir que los
visitantes pudieran apreciar la elevada conciencia,
educación y cultura política de este pueblo, sinceramente.
JULIO GARCIA LUIS.-Nosotros revisamos todos los puntos, más
o menos, que usted planteó en la otra comparecencia: todos
se cumplieron.
PEDRO MARTINEZ PIREZ.-Los pronósticos se cumplieron. En
algunas de las misas lo comentábamos también: "Se van
cumpliendo los pronósticos": Santa Clara, Camagüey,
Santiago. Porque, además, Comandante, fue desde la llegada,
17 kilómetros de personas, que eso lo vio todo el mundo. Fue
la presencia extraordinaria de prensa aquí, y fueron
después Santa Clara...
FIDEL CASTRO.-Yo también he meditado mucho sobre todos estos
factores, porque todos los días se aprende algo nuevo, a
pesar de la vieja experiencia, y he leído diversos
materiales y he leído una infinidad de cables para poder
lograr una impresión lo más objetiva posible de todo.
Pero hay algo que sí quiero leer hoy de lo que dije aquella
noche, unos párrafos de lo que dije aquella noche.
PEDRO MARTINEZ PIREZ.-En la televisión.
FIDEL CASTRO.-En la televisión, porque es que creo que deben
constar para la historia, yo diría como muestra de lo que
significa tener confianza y seguridad en el pueblo,
conciencia de su elevado espíritu de lucha, de su cultura
revolucionaria, y hablarle siempre con claridad y franqueza,
con la valentía política que se debe hablar a los
valientes.
PEDRO MARTINEZ PIREZ.-Parecen dichos después de la visita
del Papa.
Continúa