NACIONALES

COMPARECENCIA DEL COMANDANTE EN JEFE FIDEL CASTRO RUZ, PRIMER SECRETARIO DEL COMITE CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA Y PRESIDENTE DE LOS CONSEJOS DE ESTADO Y DE MINISTROS, ANTE LA TELEVISION CUBANA, LA CADENA NACIONAL DE RADIO REBELDE Y LAS ONDAS INTERNACIONALES DE RADIO HABANA CUBA, EL DIA 2 DE FEBRERO DE 1998, "AÑO DEL ANIVERSARIO 40 DE LAS BATALLAS DECISIVAS DE LA GUERRA DE LIBERACION".

(VERSIONES TAQUIGRAFICAS - CONSEJO DE ESTADO. REVISADA Y COMPLEMENTADA CON ALGUNOS CONCEPTOS POR EL COMANDANTE EN JEFE)


Primera Parte


Queridos compatriotas:
No vine solo, traje dos invitados que me pueden ayudar, si los necesito, en algunos temas sobre los cuales han adquirido experiencia.
Hoy ha sido un día complicado por el tiempo. Ya cuando recibimos el parte meteorológico estaba anunciada la comparecencia. Observamos durante el día el desarrollo de los vientos y de las lluvias. Algunos compañeros sugerían que suspendiéramos la comparecencia, pero yo preferí venir de todas formas; incluso tuve que dar mil vueltas y vencer obstáculos de todo tipo para llegar a la emisora, retrasándome dos minutos.
Mañana, posiblemente, haya que ocuparse de las consecuencias de estos vientos y de las lluvias que están cayendo -no sabemos cuáles pueden ser-, y preferí por eso venir hoy.
Ostento, en este caso, el papel de moderador. Les daré la palabra a ustedes cuando lo necesite, para hacer algunas preguntas o para que me ayuden.
Yo tenía necesidad de comunicarme con el pueblo después de la visita del Papa, para hablar sobre este tema y de algunos otros; tenía necesidad de expresar mi más profunda admiración, mi reconocimiento y mi gratitud al pueblo, por su comportamiento y por el éxito alcanzado en la tarea compleja que le correspondió realizar.
He explicado ya en parte las circunstancias que se crearon en torno a la visita del Papa. La primera vez que lo hice fue el 13 de diciembre en la Asamblea Nacional; no voy a repetir lo que allí dije.
Durante casi un año había trabajado intensa y detalladamente la comisión conjunta constituida por los compañeros del Partido, del Gobierno y de la Iglesia Católica, preparando la visita del Papa. Habíamos discutido con los enviados de la Santa Sede el programa y todas y cada una de las actividades durante largos meses; pero a medida que se fue acercando la fecha de la visita, los enemigos de la Revolución, incuestionablemente, y tal vez muchas personas confundidas o mal informadas en el mundo, contribuyeron a crear una atmósfera que no era la mejor, la más propicia para alcanzar el éxito que buscábamos; es decir, el éxito de la visita.
Se crearon expectaciones de todo tipo, repito, de una forma intencionada en determinado número de personas, y tal vez inconscientemente por parte de otras; una expectación muy grande, no solo expectación, sino también expectativas insanas alrededor de la visita. Se auguraban catástrofes con motivo de la misma, enfrentamientos, problemas, dificultades de toda índole para Cuba, y, unido a eso, un enorme interés en el mundo, un interés sano por parte de la inmensa mayoría de las personas en todas partes, y un interés no tan sano por parte de los enemigos de la Revolución, por tan importante acontecimiento en el que se trabajaba con toda seriedad y con toda honradez.
De modo que la visita, al final, los enemigos la convirtieron en un gran desafío para el país, mientras nosotros nos encontrábamos enfrascados en otras tareas; esencialmente en las intensas actividades de todo final de año, en la elaboración de todos los planes de carácter económico y social que debían presentarse a la Asamblea Nacional, y en algo tan decisivo y tan fundamental como las elecciones generales. Tuvimos que dedicar prácticamente lo que quedaba del mes de diciembre y hasta el día 11 de enero a las elecciones, que constituían para la Revolución, ya de por sí, una dura prueba en las condiciones de período especial que estamos viviendo, cumpliendo estrictamente lo establecido por la Constitución y las leyes.
Durante todo ese período continuó desarrollándose la enorme y creciente expectación de que hablábamos, ya claramente dirigida y orquestada, con relación a la visita, con la esperanza de convertirla en un desastre para la Revolución.
Después del día 11 de enero estaban recopilándose todos los datos electorales, queríamos tenerlos con la mayor precisión posible, ya expliqué aquellas cuestiones relacionadas con los índices reales y seguros que deseábamos informar al pueblo. Realmente se pudo comparecer ante la televisión para hablarle al país sobre los resultados de las elecciones generales el viernes 16 de enero, es decir, cinco días antes de la llegada del Papa.
El 13 de diciembre, cuando hablé por primera vez de las cuestiones mencionadas relacionadas con la visita, dije que volvería a hablar, porque quería abordar con amplitud y profundidad el tema; quería recoger, además, todos los elementos de juicio para poder ofrecer una orientación clara y precisa a la población, y muchos compañeros, muchos compatriotas, muchos militantes del Partido, de la Juventud, de las organizaciones de masa y de las bases del Poder Popular estaban esperando esas orientaciones, pedían esas orientaciones, porque había todavía confusión en muchas personas sobre qué actitud tomar, si debían asistir o no asistir a las actividades.
Yo había dicho el día 13 de diciembre, en respuesta a las intrigas que se estaban desatando, entre ellas la infamia de un legislador norteamericano que declaraba tranquilamente que la Revolución estaba amenazando a los trabajadores con quitarles el empleo si asistían a las actividades del Papa, cuando la realidad era que llevábamos meses trabajando esmeradamente, dentro de otras tantas tareas, para una buena visita, para una gran visita, que teníamos que organizar la mejor visita que hubiese realizado nunca el Papa y que estaba seguro de que podíamos hacerlo.
Pero las intrigas habían continuado a un ritmo creciente, había personas preocupadas, las fonías del enemigo se dedicaban fundamentalmente a crear incertidumbre, preocupaciones, temores, augurios de sucesos tenebrosos en el ánimo de la población, de modo que algunos se preguntaban qué necesidad había de la visita, si era conveniente o no la visita, se lo preguntaban honestamente incluso muchos revolucionarios; era por tanto necesaria, indispensable, aquella explicación a fondo, que no podía esperar realmente un día más, pues estábamos ya a mediados de enero, para cumplir aquel compromiso de explicarle a toda la población -de manera muy especial a todos los miembros del Partido, de la Juventud y de las organizaciones de masa, que suman millones de compatriotas- cómo se organizó la visita, por qué se organizó, cómo debíamos comportarnos; explicarle, además, la personalidad del visitante, sus características, su país de origen y experiencias vividas, sus méritos religiosos, su talento y el papel político desempeñado por él en los últimos años en un sentido u otro. Me vi obligado a introducirme en complicados y delicados temas históricos para explicarlo con claridad y franqueza.
Era necesario, en primer lugar, que se creara una conciencia, un conocimiento mayor, una información más completa en el pueblo sobre el Papa. Explicar, además, el papel que desempeñaba este Papa en importantes acontecimientos del mundo actual; muchas de las cosas en que teníamos, incluso, coincidencia, relacionadas con aspectos esencialmente de tipo social.
Recordarán ustedes que invertí tiempo leyendo materiales sobre el sínodo de obispos de este hemisferio, que tuvo lugar muy recientemente en Roma; leí y leí muchos párrafos, y leí también numerosos párrafos acerca del pensamiento del Papa sobre importantes problemas internacionales e importantes cuestiones del mundo de hoy. Me percaté después de que a mucha gente le llamaron la atención aquellos datos, aquellos párrafos que leí, y que eran ignorados por muchas personas.
En realidad, en este mundo de hoy hay tantos y tantos problemas, que no todos los ciudadanos de este planeta están informados al detalle de cada una de las personalidades de este tiempo, de cada uno de los acontecimientos de nuestra época; pero yo quería que nuestros compatriotas conocieran la personalidad histórica y la importancia del visitante que íbamos a recibir. Hice una fuerte apelación a todos los cubanos y acudí, incluso, a algo que no suelo hacer -como ustedes conocen bien-: a la confianza. Siempre he utilizado el razonamiento, las explicaciones razonadas, para persuadir sobre algo al pueblo. Esta vez dije: Tengan confianza, que vamos a lograr éxito en esta visita.
Aquellas palabras, que fueron pronunciadas virtualmente de madrugada, porque hubo que abordar antes la cuestión de las elecciones, no pudieron ser escuchadas por muchas personas que ya a esa hora se habían dormido. Se hizo un adicional esfuerzo retrasmitiendo la comparecencia y divulgándola por la radio y por los medios de prensa posibles, que -como ustedes saben- son pocos. Se utilizó también la prensa para que se estuvieran divulgando hasta el final todas aquellas ideas; pero, al mismo tiempo, expresábamos nuestra confianza en la población. Lo fundamental era trasmitir el mensaje, explicar y apelar a nuestros compatriotas, y, a partir de eso, la más completa y absoluta seguridad y confianza en la respuesta del pueblo, la de siempre.
Por eso, ahora, que ya ha transcurrido todo, podemos meditar sobre eso y ver crecer esa confianza, admiración y gratitud hacía ese pueblo que no le ha fallado jamás a la Revolución. Creo que ha sido, realmente, un hecho histórico y una proeza más de Cuba.
Antes de proseguir, y tengo que proseguir porque hay cosas que quiero recordar, hay cosas que quiero refrescar, que es bueno que se recuerden y que se refresquen para nosotros y para el exterior; se trata de ideas que, a mi juicio, fueron decisivas en ese éxito. No obstante, si ustedes quieren decir algo, breve...
JULIO GARCIA LUIS.-Creo, Comandante, que hemos visto una expresión de unidad -como usted siempre lo ha planteado- de los creyentes y de los no creyentes, de los creyentes católicos y de los creyentes no católicos; hemos visto una expresión también de ecumenismo, porque ha estado allí en las plazas -como usted pidió- llenas todo el pueblo de Cuba, respetuosamente, escuchando un mensaje con el que no siempre se coincidía, pero escuchándolo con respeto, dando una prueba de educación, yo creo, como no lo habrá visto el Papa en muchos países que él ha visitado.
PEDRO MARTINEZ PIREZ.-Y, sobre todo, yo diría, Comandante, el hecho de que se fuera por conciencia, no por disciplina, ahí pienso que se reeditó la colosal victoria de las elecciones. Es decir, las elecciones del 11 de enero fueron una victoria colosal porque el pueblo, por supuesto, tomó conciencia de qué debía hacer en esas elecciones, y pienso que el llamado que usted hizo era un llamado bien importante porque las provocaciones en Cuba han sido muchas; la radio enemiga, por supuesto, también desinformando, y era importante que no se escuchara un silbido, que no hubiera un grito, que no hubiera una consigna, es decir que los visitantes pudieran apreciar la elevada conciencia, educación y cultura política de este pueblo, sinceramente.
JULIO GARCIA LUIS.-Nosotros revisamos todos los puntos, más o menos, que usted planteó en la otra comparecencia: todos se cumplieron.
PEDRO MARTINEZ PIREZ.-Los pronósticos se cumplieron. En algunas de las misas lo comentábamos también: "Se van cumpliendo los pronósticos": Santa Clara, Camagüey, Santiago. Porque, además, Comandante, fue desde la llegada, 17 kilómetros de personas, que eso lo vio todo el mundo. Fue la presencia extraordinaria de prensa aquí, y fueron después Santa Clara...
FIDEL CASTRO.-Yo también he meditado mucho sobre todos estos factores, porque todos los días se aprende algo nuevo, a pesar de la vieja experiencia, y he leído diversos materiales y he leído una infinidad de cables para poder lograr una impresión lo más objetiva posible de todo.
Pero hay algo que sí quiero leer hoy de lo que dije aquella noche, unos párrafos de lo que dije aquella noche.
PEDRO MARTINEZ PIREZ.-En la televisión.
FIDEL CASTRO.-En la televisión, porque es que creo que deben constar para la historia, yo diría como muestra de lo que significa tener confianza y seguridad en el pueblo, conciencia de su elevado espíritu de lucha, de su cultura revolucionaria, y hablarle siempre con claridad y franqueza, con la valentía política que se debe hablar a los valientes.
PEDRO MARTINEZ PIREZ.-Parecen dichos después de la visita del Papa.



Continúa

 


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