 Alimenta Bishop recibió
al amigo de su hijo

NIDIA DIAZ,
enviada especial de Granma
ST. GEORGE' S, 3 de agosto.-Hoy es
de esos días en que una se alegra del camino escogido. A
la puerta de su casa como lo hacen las madres que están
al tanto de todos los detalles, Alimenta Bishop, esperó
al amigo de su hijo.
A la entrada de la vivienda,
Fidel respondió a numerosos vecinos que se
congregaron para saludarle.
Fidel llegó a las 12 del día. En
el portal de la vieja casona, ubicada al oeste en las
afueras de la ciudad, ella lo esperaba. Ayer nos había
dicho que verlo sería como recibir en casa de nuevo al
pequeño Maurice, así de identificado lo sabía con
aquél.
Cuando se fundieron en el primer
abrazo, centenares de vecinos lo esperaron también para
darle vivas y desearle larga vida.
Una vez sentados en el sofá de la
sala, Alimenta le presento a sus dos hijas, al yerno y a
una amiga de Maurice, entre otros.
Antes de responder a una pregunta
hecha por Fidel sobre su salud, ella cariñosamente lo
regañó y le dijo que estaba trabajando demasiado, que
lo veía por la televisión, que debía descansar.
Como solo lo saben hacer las
madres, después de la dulce reprimenda, le dijo: de
todos modos se le ve muy bien.
Siempre en un ambiente de
entrañable afecto familiar, nuestro Comandante en Jefe
indagó sobre su salud, si leía, qué cosas hacía
durante el día.
Desde sus fuertes 83 años,
Alimenta, mirando complicemente a sus hijas le respondió
que ya no trabajaba mucho, que realmente leía poco, que
prefería ver televisión y que se tomaba de vez en
cuando un cafecito.
Fue entonces, como descubriendo un
tesoro escondido, que puso sobre las piernas de Fidel un
viejo álbum de fotos.
¿Le gusta ver fotos?, preguntó el
líder cubano.
Sí, contestó ella, me refrescan
los recuerdos.
Y compartiéndolos con él,
comenzó a explicar una por una. La primera fue cuando el
primer acto de masas que presidió su hijo al triunfo de
la Revolución en Granada, a esta seguirían otras junto
a personalidades políticas internacionales y, por
supuesto junto a Fidel.
Fueron, sin embargo, las de la
infancia y las relacionadas quizás con aquella parte de
su vida personal más íntima, por las que Fidel
preguntó más. Como si la urgencia de la lucha y los
apremios del trabajo no les hubieran permitido a los dos
amigos hablar de otros tiempos.
Alimenta le contó de la infancia,
de cuando Bishop fue Boy Scout, de cuando muy joven se
casó, de los dos hijos que tuvo, uno de los cuales, el
varón -que es además el mayor-, es abogado.
Ella le dijo que vivia en Estados
Unidos y que tenía tres hijos, sus nietos. Fidel indagó
si la visitaban y ella muy alegre le dijo que lo
esperaban para diciembre.
¿Todos?, añadió. Bueno no sé,
respondió ella, los pasajes son caros, pero tal vez sí,
tal vez vengan todos.
En otro momento del tierno
encuentro, nuestro Comandante en Jefe inquirió si ella
siempre había vivido en esa casa. A lo que respondió
que no, que había nacido en otro lugar de Granada, no
muy lejos de allí, como a unas 2 millas.
Fue entonces que le aclaró que
Maurice era el benjamín de la casa, que fue el único
hijo varón y, además, el más pequeño.
Entonces, la menor de las hembras
le preguntó a Fidel si quería tomar algo.
¿Té? preguntó él apenado. Al
tiempo que dijo que no tomaba café, que era muy
disciplinado. Ahorita mismo, recordó, tengo que ir a
almorzar y no se si lo haré, porque tengo a las cinco de
la tarde el acto de masas.
Y, al recordarlo en un afectuoso
gesto le confesó: "tengo que ver cómo me las
arreglo para hablar. No quiero decir nada que pueda crear
problemas".
Fue ella quien dandole palmaditas
sobre la mano lo tranquilizó: "Yo sé que todo le
saldrá bien. Ud es como Maurice, que podía hablar
durante horas".
No obstante, Fidel continuó con la
misma idea. Yo sé que las masas son radicales que les
gustan los discursos inflamatorios, pero es un discurso
en español, que digo, que me aconseja continuó,
diciendo.
El cuñado de Bishop le respondió
que los granadinos lo querían y respetaban mucho el solo
hecho de que usted haya luchado por la soberanía de su
pais y tomado sus propias decisiones, es algo para
respetar.
Fidel, lo miró y comentó: ahora
no me podrán acusar de venir a dar instrucciones.
Entonces, alguien recordó que
había que continuar con el programa de la visita. Fidel
pidió, resignado por el deber, que le tomaran una foto
con ella y el resto de la familia.
Después le regaló un mantel
bordado a mano y una bandeja de mármol. Ella le
recíprocó con una foto, la última que se tiró junto a
su hijo. Una amiga de la familia también obsequió a
Fidel con una cesta típica de esta región.
De vuelta, en el umbral de la
puerta, Alimenta y Fidel volvieron a fundirse en un
abrazo. Ella se alegró de la visita a Granada, pero
sobre todo de que había ido a verla.
El no lo dijo, pero esta reportera
quiso entender en el gesto de sus hombros, en la ternura
de su mirada, que Fidel le contestó: cómo no hacerlo.
Solo una madre podía llenar las pequeñas lagunas de
recuerdos que la muerte prematura del amigo, dejaron en
mi alma.
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