Guatemala

¿Sentirse en paz?

ORLANDO ORAMAS LEON

Si la guerra concluyó oficialmente en Guatemala hace más de año y medio, la paz sigue cuestionada por los muertos de la violencia y los obstáculos que se interponen en el cumplimiento de los acuerdos firmados en 1996 entre el gobierno y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca.

El brutal asesinato del obispo Juan Gerardi, dos días después de presentar un informe sobre los crímenes de lesa humanidad cometidos durante los 36 años de guerra, apunta al dilema de que los ejecutores de ayer no sólo están en la calle, sino que mantienen la misma impunidad de entonces.

Dicho informe señalaba a las fuerzas armadas guatemaltecas como la principal responsable de las atrocidades cometidas durante esos largos años. El documento contabiliza 422 masacres, además de 150 000 muertos, 50 000 desaparecidos y un total de más de un millón de víctimas... pero la lista crece.

Este es el clima que va marcando el paso tortuoso de los acuerdos de pacificación, torpedeados por intereses políticos tanto del partido de gobierno, como de la oposición y los grupos económicos por ellos representados.

Para ejemplificar cómo anda la cosa: Se intenta aprobar como un solo paquete las reformas constitucionales necesarias para dar cumplimiento a los acuerdos, algo difícil debido a la polaridad política y a los intereses particulares de algunos de los partidos en pugna.

Así, el opositor Frente Republicano Guatemalteco (FRG) busca adicionar a las reformas aquella que permita a su líder, el ex dictador Efraín Rios Montt, aspirar al poder, algo que hoy le está vedado constitucionalmente.

Por su parte el gubernamental Partido de Acción Nacional -tiene planes de gobernar por décadas- aspira a adjuntar a la Constitución la reelección presidencial, muy a tono con las aspiraciones y sueños del presidente Alvaro Arzú.

La población tendría que votar simplemente Si o No por el total de reformas a consideración, incluidas aquellas que satisfacen a determinadas parcelas políticas y económicas y ponen en peligro el interés nacional.

La ex guerrilla ha denunciado importantes incumplimientos de los compromisos firmados en diciembre de 1996, que podrían llevar al fracaso a la reunión, postergada para octubre, con los países donantes al proceso de paz.

El gobierno no pudo implementar una política fiscal y tributaria acorde con las necesidades y compromisos del plan de paz, en el país latinoamericano que menos recauda por la vía impositiva. A manera de ejemplo: el 30% de las exportaciones cafetaleras guatemaltecas salen del país de contrabando y no aportan al fisco, institución que evaden los grupos más poderosos.

Los sectores agroexportadores boicotean los planes impositivos y de paso niegan al erario público fondos imprescindibles para impulsar proyectos sociales que ataquen el analfabetismo, la insalubridad y otros flagelos de la miseria ancestral de la mayoría indígena.

El insatisfecho y fundamental problema de la tierra, la inseguridad y la violencia son otros rasgos de las grietas que ponen en peligro la pacificación en Guatemala, allí donde millones de campesinos mayas encuentran pocas razones para sentirse en paz.

¿Qué dice el gobierno?

El canciller de Guatemala, Eduardo Stein, estuvo  recientemente en La Habana y Granma le preguntó su opinión sobre las preocupaciones de la ex guerrilla respecto a los incumplimientos al plan de paz.

"Algunas de estas críticas de la URNG son preocupaciones compartidas por el gobierno. De hecho, antes que se hicieran públicos estos señalamientos había habido un díalogo descarnado y profundo entre las partes".

"Nosotros, además, estamos preocupados porque el contenido de muchos de los acuerdos es poco conocido por la población. Incluso, algunos de los resultados que se están obteniendo no los identifica el guatemalteco común como respuestas animadas en el esfuerzo pacificador".

Stein considera que la realidad pluriétnica y cultural de su nación (23 grupos étnicos y lenguas, con seis millones de índígenas) hace difícil llevar los acuerdos a su principal destinatario.

"Nos preocupa -continúa- la fragilidad institucional de algunas de nuestras instituciones, que afectan a la atención a la ciudadanía en áreas como la justicia, para reducir la inseguridad, combatir la criminalidad y la impunidad. El aparato de justicia se muestra débil e insuficiente, pese a los enormes esfuerzos del gobierno".

"Pero existe efectivamente la voluntad política para llegar a las últimas consecuencias. Esa voluntad, junto a la ciudadana, serán suficientes para presionar a la legislatura en el camino correcto", concluyó.

 
 
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