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Primera línea de la zafra
Macheteros traspasan
su fronteraLos hombres del corte manual asumen, en ejemplar respuesta, parte de las cañas que debían cortar las combinadas, impedidas de hacerlo por la humedad
Juan Varela Pérez
Hay macheteros, en lo individual, y brigadas, en lo colectivo, que simbolizan con su ejemplar actitud la voluntad y disciplina de los que intervienen en el corte manual y quienes suministran a la industria un arrobaje de caña superior al planificado.
Allí, sobre la humedad, los macheteros cubanos desafían el tiempo y el clima adverso y evitan que los atrasos en la zafra sean mayores.
Pudieran ser las bimillonarias Deris García y la Fernando Alvarez o las más de 35 que ya rebasan los cuatro pasos del millón y han ganado la bandera roja con la efigie de Jesús Menéndez. O también muchas otras envueltas en ese prestigioso movimiento.
En lo personal bastaría con mencionar a los habaneros Ismael Robles, Alexander Castillo, José Arias y Manuel Robles; el santiaguero Agustín Martínez; Carlos Fernández, de Villa Clara; José María Escobar, de Sancti Spíritus y el camagüeyano Raúl Montejo.
Pero desde el hombre o la mujer más productivos hasta el llamado machetero-medio (ese que todos los días cumple su tarea) en cualquiera de las fuerzas, todos han contribuido a que los atrasos en la producción de azúcar no sean hoy mayores.
En una zafra difícil como esta -no se recuerda otra tan lluviosa y húmeda en la etapa plena- han asumido parte de la cosecha en zonas bajas programadas para la mecanización. Solo en la tercera decena de marzo (históricamente la más azucarera en rendimiento y en volumen) el país perdió el 46 por ciento del tiempo por esa razón.
Tras un período, del 11 al 20, que parecía enrumbar hacia condiciones de sequía retornaron las lluvias y casi generalizadas en todo el país.
En situaciones como esta se reduce al mínimo la posibilidad del corte mecanizado al demorar la entrada de las máquinas a los bloques y es cuando los macheteros cruzan la imaginaria frontera contenida en su plan e invaden los campos reservados para las combinadas.
Así han evitado que las paradas fabriles, por esa causa, se agudicen y aumente la crisis en la molienda y las horas-tándem que se inutilizan al fallar el abasto. A la vez, liberan áreas que corren el peligro de desfasarse al cortarse fuera de época.
Los macheteros deben cortar el 28,3 por ciento de la tarea diaria. El resto corresponde a las máquinas. En fecha tan temprana como la decena inicial de enero ese nivel se sobrepasó y llegó al 37,4 por ciento. Después, en el comienzo de febrero, subió al 41 y desde entonces se ha mantenido siempre por encima del 30 por ciento.
Hace apenas unas horas el general de división Ulises Rosales del Toro, ministro del Azúcar, declaraba a este reportero sentir el más profundo respeto por la actitud de estos hombres, su consagración y la disposición que han manifestado, pues ellos saben que nadie puede pronosticar cómo será, en verdad, este cierre de zafra.
Las lluvias pueden disminuir, incrementarse o mantenerse en los niveles actuales -apuntaba- pero sabemos que los macheteros estarán en pie de combate mientras quede un bulto de caña de la que se planificó para llegar al central.
Concedió significativa importancia al papel de los jefes de brigadas y campamentos, pues nunca como ahora -señaló el Ministro- se impone un exquisito grado de organización, lo cual aconseja, según recursos y posibilidades, destacar la atención a ese destacamento de primera línea de la zafra.
El titular del MINAZ recorrió en los últimos días varios centrales azucareros y comprobó, de primera mano y mediante testimonios personales, el espíritu que existe en estos protagonistas de la cosecha.
A ellos (los macheteros) no hay que pedirles ningún esfuerzo y menos el extra imprescindible a partir de ahora -indicó- porque lo han dado, lo dan y lo estarán dando mientras haga falta; los resultados así lo evidencian.
La lluvia y la humedad no son las únicas responsables de algunas bajas moliendas. Hay tiempo perdido por fallas en el suministro de caña (cuestiones agrícolas) y dificultades industriales (roturas e interrupciones) que en la primera decena de marzo costaron más horas-tándem que las precipitaciones.