NACIONALES

Aniversario 39 de la Policía Nacional Revolucionaria

Paladines de la
tranquilidad ciudadana


Roger Ricardo Luis

Con el impacto del Polski también se hizo añicos la hasta ahora buena suerte de su conductor. Lo mismo parecía sucederles a los dos socios de juerga que le acompañaban.
La rápida identificación de los tres individuos arrojó que, quien estaba al volante, era prófugo de la penitenciaría Combinado del Este, y los restantes eran objeto de búsqueda por la PNR. Por demás, el pequeño auto estaba reportado como robado.
Lo que parecía ser un rutinario accidente del tránsito en una estrecha y congestionada calle de La Habana Vieja, fue, a partir de ese momento, la punta de una enredada madeja de robos que tomó en sus manos el teniente Angel González Núñez, oficial investigador de la Sección de Delitos Patrimoniales de la Dirección Provincial de Operaciones Policiales.
Frente al oficial, el ladrón no tuvo otra alternativa que decir la verdad. Uno a uno confesó 42 hechos delictivos entre 1995 y el 96, en territorios tan disímiles como Guanabacoa, San Miguel del Padrón, Plaza, Playa, Cerro y La Lisa.
Como siempre, el caso devino duelo de inteligencias: el que delinque, trata de ocultar sus culpas o disminuirlas lo más posible; mientras, su contrapartida, debe andar entre el laberinto de pistas verdaderas o falsas, mentiras y verdades, de suposiciones y evidencias, para encontrar los instrumentos y rendir, con la fuerza abrumadora de la verdad, al culpable y presentar las pruebas al tribunal.
El principal detenido, como todo delincuente, no se sentó ante el instructor policial en 100 y Aldabó para confesar sus culpas de un tirón. Pero el teniente González Núñez tuvo una vez más a su favor los conocimientos de la Academia de la PNR, el olfato del policía de infantería adquirido en las calles de su natal La Habana Vieja, y un lustro de investigador en estas lides.
Son en total once años en que ha puesto a prueba cotidiana sagacidad, inteligencia, perseverancia y sacrificio personal para resolver en su carrera un significativo número de casos que le han valido varias condecoraciones y la condición de vanguardia.
-El instructor debe introducirse en la sicología de cada uno de los procesados como una condición indispensable para conocerlo y trazar una estrategia a seguir a lo largo de la investigación.
Indica el oficial que además de la búsqueda de las evidencias y de otros probables cómplices, resulta necesario, como en este caso, hacer todas las reconstrucciones de los hechos, tomar declaraciones a las víctimas, encontrar receptadores, cotejar denuncias, analizar las formas de operar de los delincuentes, apoyarse en la labor de especialistas afines como los de criminalística, búsqueda y captura.
También puede incluir, el trabajo de agentura, la planificación de operativos. En fin, tantas vertientes y posibilidades como la creatividad y la situación aconsejen para capturar un delincuente y obtener las pruebas incriminatorias.
-El esclarecimiento de un hecho puede durar días, semanas y hasta meses, como éste. Se requieren meticulosidad, paciencia, audacia, sangre fría para armar el rompecabezas. Y hasta puedes encontrar cosas insólitas.
Recuerda que en el transcurso del proceso investigativo se logró que el detenido confesara el robo de 1 200 dólares en un apartamento del reparto Guiteras, en Guanabacoa. Sin embargo, la víctima dijo que allí no había pasado nada...
- No obstante, le pedimos su colaboración para hacer la reconstrucción del acto delictivo. Cuando la mujer tuvo ante sí la verdadera historia, se echó a llorar. Ella no había radicado la denuncia, pues albergaba la sospecha y el dolor de que quien le había sustraído ese dinero había sido su propio hijo. Imagínate qué satisfacción sentimos al poderle devolver a una madre la confianza en el ser que trajo al mundo.
El instructor policial es una persona con una tremenda responsabilidad social en sus manos:
-De nuestra labor depende también el restablecimiento del orden, la tranquilidad ciudadana, el ejercicio de la ley; pero al mismo tiempo, de nuestra ejecutoria en un caso se desprende también la posibilidad de que un individuo sea sancionado en un tribunal hasta con la pérdida de la libertad o la muerte, si se demuestra su culpabilidad.
Todo ello hace que el rigor sea una premisa indispensable en la labor del investigador policial por encima de madrugadas, días sin ir a la casa, feriados, fines de semana, vacaciones interrumpidas y la atención familiar, cuando hay un caso por resolver con urgencia.
En hombres y mujeres como el teniente Angel González Núñez, existe un sentido muy profundo del deber y la justicia. Ellos forman, para bien de todos, una legión que pudiera llamárseles los nietos cubanos de Sherlock Holmes.

 


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