Tras la huella de Georges

La gratitud de Inocencia

Vivencias de una de las miles de familias que tuvieron que trasladarse hacia refugios más seguros

Texto y foto: Pastor Batista Valdés

LAS TUNAS.-Desde aquella peligrosa tarde Inocencia Ligurbia Batista comprendió que Georges no solo venía desbordando ríos, arroyos, cañadas y embalses... sino también sentimientos.

El de gratitud que a ella le ha quedado dentro no hay racha de viento ni tiempo que lo derribe.

Por eso aunque ya el huracán se alejó, la agradecida mujer sigue narrando entre familiares, amigos y vecinos esas vivencias que se le antojan demasiado grandes para las 60 horas que transcurrieron desde la recogida en un ómnibus, la evacuación, albergamiento y el regreso al hogar.

"Cuando Rafael, el jefe de Recursos Humanos de la Empresa de Cultivos Varios -relata ella- y Diosnides, el delegado, vinieron a buscarnos me entristecí bastante, eso de irse y dejar la casa es duro. Pero al recordar que una vez si no nos sacan rápidamente nos hubiéramos ahogado, le dije a mi hija Niurka: prepara lo fundamental y coge al niño que nos vamos".

La decisión de Guido, su esposo, y el hijo mayor, de quedarse cuidando la casa y los animales hasta ver qué sucedía, el peligro que entrañaba aquel riachuelo a pocos metros o la pequeña presa no lejos tampoco, habían alimentado la angustia de aquella mujer y su hija cuando, de noche ya, llegaron junto a otros vecinos de El Pernazo a las instalaciones de la EIDE.

"Lo primero que no olvidaré -afirma Inocencia- es cómo a pesar de haber allí unas 700 o más personas todo estuvo organizado, llegó un camión con más colchones, hasta jabón nos repartieron.

"Mira si es como te cuento que Mongo Hidalgo, un viejito de por aquí, se golpeó la cabeza al resbalar en la escalera y al momento el médico lo estaba reconociendo, lo llevaron al hospital y después hasta le llevaban la comida a la cama.

"Esas cosas emocionan y más en momentos así. Por eso una compañera del CAI arrocero y yo nos fuimos para la cocina y ayudamos en todo lo que hizo falta."

Tal vez también por eso, al retornar a casa, aquel abrazo a Guido fue mucho más intenso que el beso con el que casi tres días antes se habían despedido.

-Pero bueno, ¿ya le diste café a la visita? -pregunta Guido mientras irrumpe, sudado el rostro, en la sala.

Y ante la respuesta afirmativa me dice:

"Es muy bueno que se digan estas cosas, que Cuba lo sepa, porque gente dispuesta a comentar lo que no es, siempre va a haber, pero la verdad es que a pesar de la situación que vive este país las familias evacuadas no podemos quejarnos de la atención mientras pasaba el huracán."

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