El huracán sacó a flote lo bueno y humano que llevamos dentro

Ramón Barreras Ferrán

Sería iluso no considerar en cualquier comentario sobre el paso de Georges por nuestro archipiélago los daños que causó en un grupo numeroso de provincias.

Pero el huracán dejó también una estela de elementos puestos a prueba y en práctica que enaltecen mucho a los cubanos y a su sistema de gobierno, que ha sabido situar siempre al ser humano en el centro de la atención, a pesar de presiones, bloqueos, limitaciones...

La existencia de un adecuado programa de enfrentamiento a catástrofes, que considera como elemento esencial la adopción de medidas en la base, a nivel de los Consejos de Defensa, en cada barrio, según la etapa en que se encuentre un territorio determinado, contribuyó a la preservación de vidas y bienes y, sobre todo, a hacer sentir en la población la seguridad que solo da en esos casos el respaldo real, seguro y sincero.

No pocos esfuerzos requiere la ejecución práctica de ese sistema de protección y son muchos los hombres y mujeres que dejan a un lado los problemas y preocupaciones personales para ocuparse primero de los de todos. Eso es solidaridad, eso es respeto por nuestros conciudadanos, eso es consagración.

Un colega escribió por estos días del ejemplo que dieron los jefes. Quienes en el quehacer periodístico en campaña impuesto por Georges tuvimos la posibilidad de compartir días y noches con los principales dirigentes de las provincias y con quienes acudieron a algunos territorios (los más amenazados y dañados, por cierto) sabemos cuánto alienta que así haya sido.

No hubo prácticamente horas de descanso para quienes sentían la responsabilidad de organizar, orientar y dirigir la ejecución de las acciones principales. El huracán dejó también en todos nosotros la convicción de que estamos guiados por hombres y mujeres que sienten, por encima de todo, un compromiso enorme con el pueblo.

En la provincia de Cienfuegos, por ejemplo, que conoce bien la fuerza de los vientos y las precipitaciones huracanadas desde que el Lili pasó hace casi dos años y que en esta ocasión fue de las menos afectadas, se evacuaron más de 9 000 personas, y la mayoría de ellas fueron a las casas de familias, vecinos y compañeros. Al abrirse las puertas de las viviendas se ponía de manifiesto una de las muestras más hermosas de solidaridad, de unidad, de cohesión de nuestro pueblo.

Y en todos aquellos lugares que se habilitaron para tener evacuados, cientos de trabajadores se mantuvieron todo el tiempo atentos a las necesidades mínimas y garantizándoles alimentación, servicios médicos... Como otros muchos lo hicieron también en los centros imprescindibles por las características de sus producciones o servicios: panaderías, combinados lácteos, hospitales...

En las noches de lluvias intensas pudo comprobarse que la vigilancia revolucionaria en los barrios estuvo garantizada y que junto con los agentes del Orden Público se mantuvieron cederistas y trabajadores en cada centro. Durante la influencia negativa del huracán el enemigo no tuvo espacio.

Georges dejó daños materiales y problemas diversos, pero dejó también claras muestras de amor, de hermandad, de solidaridad, de entrega y de pasión, dejó muchas acciones verdaderamente heroicas de hombres y mujeres del pueblo. El huracán sacó a flote una vez más todo lo bueno y humano que los cubanos llevamos siempre en el alma.

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