Lajonchere en sus 81

Sembrar bondades a voleo

JOSE A. DE LA OSA
delaosa@ceniai.inf.cu

ma5-3.jpg (5482 bytes)Escuchando los relatos de epidemias y de enfermos en su Manicaragua natal, el Doctor en Ciencias Celestino Alvarez Lajonchere, con 81 años de edad y casi 60 en el ejercicio profesional, decidió entonces lo que sigue siendo aún la gran vocación de su vida: la Ginecología y la Obstetricia.

Hijo de un aldeano español que emigró a Cuba para incorporarse al comercio, y de madre descendiente de franceses, "de los que emigraron de Haití", Lajonchere recuerda vívidamente las visitas que hacía "a casa" un médico de apellido Catá, cuando apenas tenía 5 años.

"Escuchaba sus relatos sentado en el regazo de mi madre, y mamá me recordaba años después que yo siempre repetía: seré médico como Catá".

Sumido ahora, volcado, en sus años de infancia, Lajonchere dice que cuando fue consciente de ese sentimiento, "de lo que quería decir", dijo nuevamente y lo volvería a decir en este preciso instante: "Estudiaré Medicina".

La razón sigue siendo válida al cabo, "porque la Medicina es, en cualquiera de sus ramas, la profesión más humana y noble, la que puede ayudar más a compenetrarse con los sufrimientos de otros seres humanos y también con sus alegrías".

Acompañado del hilo de sus recuerdos dice que escogió la ginecobstetricia porque es una especialidad que toca fibras particularmente sensibles de la emotividad humana. Los problemas de la reproducción, del embarazo, del nacimiento, no tienen tampoco paralelo, "y creo que es lo que exige mayor compenetración con la familia, no sólo con la mujer".

Y Lajonchere quiere, porque es deudor, hacer un homenaje nunca rendido a quien considera su maestro mayor en la especialidad, el doctor José Rodríguez Feo, quien fuera ginecobstetra del Calixto García, "hombre muy destacado por sus conocimientos profundos y su trabajo responsable".

¿Se teme a la muerte a los 81 años de edad?... "No la temo". Sabe que está ahora más cerca de ella que 81 años atrás, pero no se desvela, porque piensa que hay que vivir sin preocuparse de la muerte y proyectándose siempre en la vida. La muerte es el término de una actividad que uno debió tener, hasta ese momento, fructífera y feliz.

Celestino Alvarez Lajonchere es un reconocido científico. De sus empeños profesionales y de su magisterio, dan fe hoy generaciones de familias y de médicos que recuerdan también al Maestro. Luego de hablar con él, de asomarme al decursar de sus años, pensé descubrir en su incesante quehacer humano el camino que le trazó su padre en su más temprana infancia:

"Hijo, siembra bondades a voleo, que usted no sabe quién está sembrando lo que usted va a recoger".

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