 Higiene comunal en Ciudad de La Habana
Las muchas caras de la basura

MARIA JULIA MAYORAL
DISIMILES lugares en el centro de la capital cubana sufren una
"enfermedad" aparentemente incurable: la suciedad. Desperdicios domésticos,
junto a otros residuos sólidos frutos de arreglos en las vías, ramas de árboles
cortadas, así como escombros producidos por reparaciones y derrumbes en edificaciones, se
entremezclan en proporciones a veces alarmantes.
Con relativa frecuencia la dirección provincial y las
municipales de Servicios Comunales, con ayuda de otras entidades, realizan importantes
ofensivas para contrarrestar ese problema y su extensa cadena de consecuencias, tal como
está ocurriendo en estos momentos y desde hace ya alrededor de dos meses seguidos de
labor intensa, lo cual ha permitido recoger miles de metros cúbicos de basura y escombros
en poco tiempo.
En la mayoría de los municipios periféricos, a pesar de algunas
altas y bajas por causas materiales, prima la limpieza. Son, por tanto, las localidades
ubicadas en los municipios del centro las causantes de esa imagen de suciedad por doquier,
opacando el esfuerzo, los recursos financieros y materiales invertidos, dando la
impresión de encontrarnos ante una situación homogénea en toda la provincia.
La seria carencia de combustible en los primeros meses de este año
-explica Rufino Ojeda, director de la Unidad Provincial de Higiene- deterioró aún más
el panorama higiénico-sanitario, pues se redujo considerablemente la recogida diaria,
concentrándose las mayores dificultades en el Cerro, 10 de Octubre, Playa y varias zonas
de Centro Habana.
En algunas áreas sumamente pobladas se suma la carencia de
contenedores; "hoy haría falta ubicar por lo menos otros 1600 recipientes de ese
tipo, lo cual requiere invertir divisas en su compra", aclara Ojeda.
QUEJAS Y MALAS CONDUCTAS
Las deficiencias en la recogida de basura y los microvertederos
constituyen, hasta el momento uno de los cuatro problemas más reiterados por los
electores de Ciudad de La Habana en el presente proceso de rendición de cuenta de los
delegados municipales del Poder Popular.
No conozco en detalle lo debatido en cada una de las áreas donde
salió a relucir el asunto, pero sería muy conveniente que junto a las quejas por la
inestabilidad en el servicio (y no aminoro ni un ápice el derecho de las personas a
expresar su inconformidad), los vecinos analizaran también cómo influye la conducta de
algunos indolentes del propio barrio, quienes arrojan los desperdicios en calles, solares
y dentro de edificaciones derrumbadas sin ningún tipo de consideración.
Semanas atrás echando un vistazo por diferentes localidades en la
ciudad, observé en el municipio de Playa una aglomeración de basura doméstica,
escombros y residuos de la poda de árboles que cerraban prácticamente el paso en una
calle relativamente ancha. De no ser por el verdor de las ramas y la textura de los
residuos, lo cual indicaba su poco tiempo de permanencia en la vía, hubiera jurado que se
trataba de un vertedero con varios meses de antigüedad atendiendo a su dimensión.
Una vecina de allí, Maritza Concepción León, confirmó mi
apreciación. "No hace ni cinco días -dijo en tono resignado-, Comunales vino y se
llevó todo lo que estaba en esa calle, pero ya la gente volvió a formar el vertedero,
muchos se han acostumbrado a tirar ahí cualquier cosa, pues después vienen y lo recogen
de nuevo".
Incidentes como el anterior -bastante reiterados por cierto- no se
resuelven ni con un ejército de inspectores imponiendo multas, aunque estas ayuden al
orden.
La comunidad también podría contribuir de manera más efectiva a
poner coto a esa indisciplina social. Hay numerosas barriadas donde lo han conseguido. La
guanabacoense Martha García cuenta su experiencia: "Nos pasamos varias semanas
sufriendo la pestilencia de unos sacos llenos de basura y excremento de puercos que por
`arte de magia' aparecían todas las mañanas en la esquina de la casa. Aunque formábamos
tremendo lío, no aparecía el responsable, hasta que una noche estando de guardia por el
CDR, varios nos pusimos de acuerdo para descubrir quién era el causante de esa
insoportable pudrición. No por gusto dice el refrán "al que velan no escapa".
Se trataba de un vecino de los alrededores, nos costó una fuerte discusión, pero al
final resolvimos el problema".
Cada quien es libre de asumir una u otra actitud, o dejar pasar o
enfrentar la indisciplina; sin embargo sería positivo para todos que cada vez más se
incrementara el número de ciudadanos con una postura crítica y combativa, a los cuales
no les debe faltar el respaldo de las autoridades cuando el incidente lo requiera.
En las localidades con mayor acumulación de desperdicios e
inestabilidad en la recogida reconozco que se hace más difícil el enfrentamiento popular
a los negligentes, pues la ineficiencia en el servicio sirve de escudo para justificarlo
todo o casi todo, y porque también a las personas responsables y cuidadosas se les crea
un serio conflicto. ¡¿Qué hacer...?!, prácticamente queda una sola opción: sacar la
basura para la calle.
El problema posee múltiples aristas, entre las cuales tampoco puede
olvidarse que diferentes entidades estatales en la provincia actúan como si la limpieza
fuera solo una tarea de Comunales, en tanto, otras -por diferentes causas- dan pie a los
vertederos o los generan ellas mismas, siendo hasta ahora las multas un mecanismo poco
efectivo para controlar ese problema.
Según la información ofrecida por las autoridades de Comunales, el
elevado déficit de combustible para la recogida de los desechos ha sido la causa
principal del deterioro de la higiene en diferentes localidades de la capital durante los
últimos meses. Pese a ello, hay que seguir buscando soluciones estables, y reabrir la
cooperación de todos. |