 ¡Oh, la aspirina!

Quien es considerado el Padre de la
Medicina, Hipócrates, fue sin saberlo, en la Grecia
antigua, el descubridor de la aspirina, porque en época
tan remota hacía des-cender la fiebre en los enfermos
haciéndoles mascar hojas de sauce, de donde se extrae
precisamente la materia prima de este famoso medicamento.
No sin justeza histórica, sin
embargo, el invento correspondió a Félix Hoffman, el
farmacéutico y químico de la empresa Bayer que en 1897
-hace ya 101 años- dio con la fórmula adecuada que
permitía conservar la acción calmante del ácido
acetilsalicílico.
Desde entonces el dolor, la fiebre
y las inflamaciones ceden en gran parte bajo el efecto de
sus propiedades.
Nadie dudaría hoy de ese valioso
hallazgo. Bastaría recordar que cada segundo se ingieren
2 500 aspirinas en todo el mundo, lo que supone 216
millones de comprimidos al día, según un estudio de
consumo publicado recientemente.
En su marcha ya centenaria
investigaciones realizadas por científicos de muchas
latitudes afirman que la aspirina tendría la capacidad
de reducir a la mitad el número de infartos, limitar
conside-rablemente el de accidentes vasculares
cerebrales, controlar la hipertensión durante el
embarazo, evitar la reaparición de cálculos biliares,
prevenir las cataratas, ayudar a los diabéticos a quemar
calorías sobrantes.
Y asómbrese, están incluso los
que aseguran que también desempeña un papel para evitar
el envejecimiento.
En cuanto a la prevención del
infarto, el biólogo español Antonio López Farré y su
equipo, según se afirma, han dado con la respuesta del
porqué la aspirina es una buena medida contra los
ataques al corazón. La presencia del ácido
acetilsalicílico activa a un tipo de glóbulo blanco,
denominado neutrófilo, para generar óxido nítrico e
impedir la formación del trombo en la plaqueta.
Un dato nada superfluo cuando de
cualquier medicamento se trata, incluso de la afamada
aspirina, es la dosis exacta para cada tratamiento.
Impulsado por no pocas madres que
escriben a "mi consultorio periodístico"
interesándose por la dosis de aspirina que deben
suministrar a sus hijos pequeños, hablé del tema con el
doctor Otto Machado Fernández, especialista en
Pediatría de la Dirección Materno Infantil del
Ministerio de Salud Pública.
"La aspirina es la indicación
ideal para bajar la fiebre", corroboró, excepto,
dijo, en pacientes con varicela (la china) o cuando se
padece una infección por el virus de la influenza. Esas
son sus dos principales contraindicaciones. Y debe usarse
con precaución en personas con padecimiento de úlcera
gástrica, con trastornos de coagulación y en
alcohólicos.
En cuanto a las dosis, en los
adultos, una o dos tabletas de 500 miligramos cada cuatro
o seis horas, y no más de cinco dosis al día.
Serían unas 10 aspirinas como máximo.
En los niños, de alrededor de 20
libras, previa consulta con su médico, un cuarto
de tableta cada seis horas, y no debe tomar más de una
al día.
En Cuba, aclaró el doctor Machado,
son ciertamente de excepción los pacientes aquejados de
intoxicación por una sobredosis de aspirina.
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