Inauguran complejo escultórico
en homenaje a El Vaquerito en el aniversario 40 de su muerte

Ortelio González Martínez

MORON, Ciego de Avila.-El ejemplo del Capitán Roberto Rodríguez, el arrojo y la valentía con que luchó constituyen un estímulo para enfrentar las nuevas misiones y retos actuales, afirmó Efraín Losada Buchillón, miembro del buró provincial del Partido, en la inauguración en esta ciudad del complejo escultórico y mausoleo erigido en memoria de El Vaquerito, al cumplirse ayer el aniversario 40 de su caída en combate.

El acto, presidido por el integrante del Comité Central Edildo Companioni Moreno, primer secretario del Partido en Ciego de Avila, contó con la presencia de María Fernández, madre de El Vaquerito; hermanos del valeroso combatiente, miembros del pelotón suicida y una representación del contingente que lleva su nombre, ejecutor de la obra.

La concepción del complejo está basada en la combinación de la vegetación con elementos constructivos y escultóricos, en tanto el hilo conductor está en la frase del Che: "Me han matado cien hombres", de ahí que se aprecie la figura del Capitán esculpida en metal y superpuesta sobre mármol, dirigiendo a un ejército que no es más que él mismo y que gracias a la interpretación artística se ha petrificado en muros sólidos que significan las fuerzas de las masas, del pueblo armado y de la Revolución.

El grupo de realización lo integraron los arquitectos, Orlando García, Leticia Serantes y Maydelín Ríos; el escultor, Alfredo Abreu; el diseñador Eduardo Vázquez, y Evelio Capote, jefe de la fuerza constructora.

Roberto Rodríguez nació el 7 de junio de 1935 en la finca Los Hondones, en Sancti Spíritus. A los 11 años llegó a Morón donde ejerció los más diversos oficios: bodeguero, ayudante de almacén, trabajador de imprenta, vendedor ambulante y repartidor de propaganda.

El 25 de abril de 1957 llegó a la Sierra Maestra, a los altos de Santana donde estaba Fidel. Más tarde integró la Columna 8 Ciro Redondo y participó en diversos combates hasta su caída en la toma de la estación de policía de Santa Clara, bajo las órdenes del Comandante Ernesto Guevara, quien en reiteradas ocasiones aseveró que El Vaquerito iba al campo de batalla sin asomo de temor, y esta característica la definió como una forma extraña y novelesca de enfrentar el peligro.

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