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El BANFAIC, reducto enemigo, tal como quedó después de la victoria

Maffo, veinte días de lucha tenaz

Teniente coronel ROBERTO PEREZ RIVERO
Academia de las FAR General Máximo Gómez

DURANTE LOS últimos 10 días del mes de noviembre y todo diciembre de 1958, la ofensiva rebelde contra las fuerzas de la tiranía en la provincia Oriental, fue impetuosa e ininterrumpida.

Con la toma de Jiguaní el 19 de diciembre y de Palma Soriano el 27, Maffo era el único reducto que quedaba en manos del ejército, entre las fuertes agrupaciones dislocadas en Bayamo y Santiago de Cuba. En la medida en que el enemigo que defendía ese lugar prolongaba la resistencia, la solución de esa situación cobraba mayor importancia para concluir con éxito total la Operación Santiago.

En este poblado, el enemigo se fortificó en las edificaciones del BANFAIC (Banco de Fomento Agrícola e Industrial de Cuba) ubicadas a unos 300 metros al norte de Maffo. Hacia allí se replegaron la Jefatura del Batallón 10 de Infantería, a las órdenes del comandante Hernández Ríos, la compañía 102 de Infantería de dicho batallón y las guarniciones del Central América, Contramaestre y Maffo. Más de 130 hombres con potente armamento de infantería, morteros y abundante parque, convirtieron las naves -almacenes-, del BANFAIC, en una verdadera fortaleza. Aunque sin la posibilidad de salir de ella o de recibir refuerzos, tenían creadas las condiciones para una resistencia prolongada.

Para la toma de Maffo el Comandante en Jefe destinó fuerzas del Primer y Tercer Frentes. Desde un inicio la idea para el combate consistió en lograr la captura del objetivo a través del cerco y el hostigamiento constante, a la vez que se trataría de impedir la llegada de refuerzos. Actuar de otro modo hubiera costado numerosas bajas.

Alrededor del BANFAIC ocuparon posiciones los hombres de los capitanes Rafael Verdecia, Reinaldo Mora, Rubén Fonseca y de los tenientes Arsenio Peña, Leopoldo Cintra, Paco Reyes, Raúl Escalona, Porfirio Verdecia y Pedro García. También participaron otras fuerzas, como la escuadra de bazuqueros del teniente Raimundo Montes de Oca, el pelotón de morteros del capitán Aeropajito Montero y el pelotón de ametralladoras del capitán Fidel Vargas. Resultó destacada la presencia de una escuadra del Pelotón de Marianas; cinco valientes mujeres inspiraron a los combatientes rebeldes, una de ellas, Flor Pérez, resultó gravemente herida.

Las acciones para la toma de Maffo fueron dirigidas por el propio Comandante en Jefe, quien a la vez atendía el desarrollo de la ofensiva en todos los frentes. Por ello designó como Jefe de Operaciones en este sector al capitán Rafael Verdecia.

El 10 de diciembre se iniciaron veinte días de violentos combates. El enemigo trató de ablandar el hostigamiento rebelde al realizar casi todos los días criminales e indiscriminados bombardeos y ametrallamientos con la aviación, sobre Maffo y sus alrededores.

El 14 de diciembre se le propuso tregua al enemigo para llegar a un arreglo pacífico, pero no hubo entendimiento. El mando se mantuvo obstinado ante esta y otras ofertas rebeldes, sobre todo el jefe de la Compañía 102, el teniente Antonio Regueira; todo indica que le arrebató el mando a su Comandante.

El 15, Fidel, en mensaje enviado a Raúl le expresaba: Aquí se está librando una lucha dura. Hoy es la quinta noche consecutiva de ataque a Maffo. La aviación ha arrasado el pueblo... los de Maffo se están defendiendo como fieras y nos han costado ya 13 bajas...

Desde el norte de Baire, fuerzas de un batallón del enemigo trataron de avanzar -el día 16- hacia el BANFAIC para socorrer a la Compañía 102, pero fueron interceptadas en la región de Anacahuita por las emboscadas de Reinaldo Mora, Ernesto Rosales y Crisógenes Vinageras, los que obligaron al refuerzo a replegarse hacia Jiguaní. Un parte del enemigo reconoce que ese día este batallón tuvo 33 bajas entre muertos, heridos y desaparecidos.

Del 17 al 23 de diciembre continuaron intensificándose las misiones de la aviación enemiga, lo que ocasionó los mayores daños a la población civil. El 22 una bomba de 500 libras puso fin a la vida de tres inocentes niños.

En un día tan señalado como el 24 de diciembre el mando rebelde les garantizó a los sitiados la cena de Noche Buena y la posibilidad de compartir con familiares.

En víspera del 27 de diciembre, se produjeron las acciones más intensas contra el BANFAIC. Mientras que a menos de 300 metros de allí, el capitán de la tiranía Sierra Talavera rendía Palma Soriano ante Fidel, los rebeldes introducían en combate un tanque T-17, un cañón de 37 mm y un mortero de 81 mm.

En los últimos dos días, el mando rebelde estuvo a punto de emplear un carro cisterna lleno de combustible para hacer arder el BANFAIC, pero no fue necesario poner en práctica esta acción intimidatoria, pues el enemigo se rindió el 30 de diciembre a las 17:30 horas. Hubo al menos un muerto, más de 10 heridos y fueron hechos prisioneros un comandante, cinco tenientes y 124 soldados. Se les ocupó 134 armas, miles de cartuchos y otros medios.

El Ejército Rebelde tuvo que lamentar la pérdida de cinco valiosos combatientes: Humberto Hechavarría, Carlos Paneque, René Pérez, René Montes de Oca y Wilfredo Pagés. Otros 20 resultaron heridos.

Con singular heroísmo las tropas rebeldes mantuvieron el cerco bajo el implacable hostigamiento de los morteros y la aviación, hasta que lograron vencer la resistencia enemiga. Otro héroe colectivo fue protagonista de la victoria: el pueblo de Maffo. Al caer este bastión, no quedó una sola fuerza enemiga entre Bayamo y Santiago de Cuba.

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