Los cuatro días del euro

FIDEL VASCOS GONZALEZ

LOS CUATRO días iniciales del euro como moneda única de los once países europeos que la han adoptado, corren desde el mediodía del jueves 31 de diciembre de 1998 hasta el inicio de la jornada laboral del lunes 4 de enero de 1999. Será un período de intensa actividad preparatoria en los bancos y las bolsas de valores.

En la tarde del último día del presente año, la Comisión Europea fijará definitivamente el tipo de cambio del euro con las once monedas correspondientes. A su vez, el euro quedará flotando libremente frente al resto de las divisas internacionales. Acerca de este tema, expertos en finanzas pronostican que en su primer día de vida, el euro valdrá 1,18 dólares norteamericanos, 142 yenes japoneses, 0,74 libras esterlinas inglesas, 1,95 marcos alemanes y 6,54 francos franceses.

A partir de que los tipos de cambio del euro fijados por la Comisión Europea se den a la publicidad, en especial mediante Internet, se iniciará el trabajo de conversión cambiaria en las computadoras de los bancos y las bolsas, adaptando toda la información computadorizada sobre este asunto a la introducción de la nueva moneda (el euro) y sus distintos tipos de cambio.

El proceso debe concluir entre viernes y domingo, de manera que el lunes 4 de enero de 1999 las ventanillas bancarias y las bolsas abran sus operaciones ya registradas en euros. El personal que participará en estas labores se viene preparando cuidadosamente desde hace meses, incluyendo prácticas en tiempo real, con variantes de escenarios estimados de lo que pudiera ocurrir en el ya denominado Big Bang Weekend.

En particular, se han tomado medidas para responder con rapidez ante la presencia de virus informáticos, sobre todo alguno nuevo que pudiera haber sido creado especialmente para entorpecer las operaciones computadorizadas durante esos días.

Las demás empresas, como las industriales y de servicio, no están obligadas a efectuar el cambio al euro de forma tan dramática como los bancos y las bolsas. Aquellas empresas pueden organizar su introducción al euro en varias fases. En la primera, deben adaptar su registro y facturación de compras y ventas al euro, transformando los sistemas de computación y aplicando una doble contabilidad (en euro y en la moneda nacional). No es obligatorio que las empresas tengan resuelta esta fase desde el primer día de 1999, pero la que no lo haga puede colocarse en una posición inferior ante competidores que ofrezcan a sus clientes las mercancías valoradas en euros y en moneda nacional. El concepto de "euro-listo" se ha generalizado en el mundo empresarial; quien lo alcance más pronto y mejor, logrará ventajas en la competencia.

La segunda y tercera fases de la adaptación al euro, que puede extenderse entre 12 y 18 meses, incluye realizar las tran-sacciones internas en la nueva moneda única, a través de la cual se efectúan los cobros y pagos entre subsidiarias de una misma compañía. Para el final del proceso, quedará la confección de las nóminas de salario en euros, así como el pago de impuestos en esta moneda.

Estudios realizados arrojan que las empresas mejores preparadas para el cambio al euro son las más grandes y poderosas. Desde el inicio, la introducción del euro impulsará el fortalecimiento de las empresas mayores, en detrimento de las medianas y pequeñas. La tendencia al gigantismo será especialmente intensa entre los bancos.

Las empresas también deberán destinar voluminosos gastos a la introducción del euro. Se calcula que las compañías europeas invertirán 65 mil millones de dólares de aquí al año 2002 en su adaptación al euro. En particular, las empresas industriales y de servicio destinarán el 0,5 por ciento del total de sus ventas anuales para asimilar los efectos del euro en sus sistemas de computación.

Por su parte, el gigantesco cambio de moneda que significa la introducción masiva del euro en la circulación monetaria en el año 2002, así como la supresión de las once monedas nacionales correspondientes, genera una serie de problemas de difícil solución.

Ya se ha comenzado a acuñar el euro, el cual se utilizará obligatoriamente por la población desde julio del 2002. En la medida que avance la fabricación de los billetes y monedas durante los tres años programados, se incrementará la demanda de su almacenamiento en lugares suficientemente protegidos ante el deterioro y los robos.

Otra dificultad consiste en lograr la recogida y destrucción de los viejos signos monetarios que serán sustituidos. Este proceso se extenderá desde el primero de enero del año 2002 hasta el 30 de junio del propio año. Constituirá un dolor de cabeza la identificación de la legalidad de los billetes y monedas que se recojan, al cambiarlos por el euro, para su destrucción. Especial vigilancia deberá mantenerse ante los falsificadores de dinero quienes, ante la posible confusión, intentarán cambiar billetes y monedas falsas. Algunos gobiernos ya han manifestado su disposición a movilizar el ejército para la protección de este proceso.

La llamada "revolución euro" se compara con un terremoto en las finanzas, cuyas primeras ondas sísmicas se reflejarán ya desde su primer día de nacimiento.