La obra de Santiago "Chago" Armada (Palma Soriano, 1937-La
Habana 1995) es una filosofía en imágenes. Mientras que en sus colegas predominaban el
neoexpresionismo y el pop, en boga por la década de los 60, la peculiaridad del artista
radicó en el énfasis conceptual.
¿Qué
es el humorismo para Chago? Las obras le darán la respuesta: una forma gnosis, de reflejo
y desciframiento del mundo, es decir, una forma, desde y para el conocimiento, como el
amigo solía decir.
El mismo bautizó a sus creaciones como "risa y sonrisa epistemológica",
"para el Conocimiento", "humor gnosis"... Parte de esa obra, entre
cuyos valores históricos sobresale el haber sido heraldo de la inclinación analítica
del nuevo arte cubano, asoma ahora en la remozada Galería Habana
(Línea, entre E y F, Vedado), donde quedó inaugurada la muestra Chago-Salomón:
el inquietante umbral de lo simbólico, en ocasión del 2do. Salón de Arte
Contemporáneo.
En esta exposición, donde se reúnen más de 80 obras y se conjugan diferentes etapas
del quehacer de Chago, se pone de manifiesto el sentido de las formas, la factura y el
diseño, que funcionan tanto como humor gráfico y como dibujo expresivo. Porque para el
artista había una premisa fundamental en su trabajo: el humorismo no es nada sin la forma
y la forma nada sin el contenido. Para él no es el simple hecho de hacer líneas y
muñecos de formas, más o menos simpáticas, sino el humorismo como plenitud artística.
Las imágenes creadas por Chago llevan de la mano al espectador hacia terrenos muy
amplios de la risa y la sonrisa y lo enfrentan a imágenes y situaciones resueltas de
manera original con un lenguaje de metáforas y signos que lo hacen a uno meditar,
imaginar e identificarse muchas veces con el efecto estético y un mensaje sin
apriorísticas.
Aquí respiran variadas series como las de Salomón con esos seres
paradógicos y retorcidos, así como esas situaciones filosóficas que protagonizan una
crítica simbólica y de humor sibilino, en las que denota una marcada preocupación por
la estructura del espacio.
En otras de sus series (ver Camaleones, Lo Amorfo y descorazonador)
hay una utilización frecuente del color singular y de texturas de materias ajenas,
collages y hasta transparencias que acentúan la complejidad de lo que quiere
comunicarnos.
Chago, además, impregna a su obra de la inquietud y avidez del conocimiento humano. Se
introduce en cada individuo y en lo social, e indaga más allá de la simple observación
superficial que cada día hacemos al autoexaminarnos o al salir a la calle. Ahí están
sus seres y sus formas, con todo ese equipaje de obsesiones, tensiones y anhelos, donde
refleja con gran maestría y una gráfica libérrima y original, su inteligencia al
abordar los actos, el siquismo y las "hambres" del ser humano.
Y, más allá del sexo y la escatología, su obra arma un relato acerca de la
contradicción, complejidad y diversidad del mundo, imposible de ser dominado o aún
explicado.