 Así se impuso la Enmienda Platt

GILBERTO TOSTE BALLART
EN 1898 la fruta estaba "madura" para la
intervención de Estados Unidos. La guerra hispano-cubano-norteamericana constituyó la
vía para la aplicación del "Destino Manifiesto".
El general estadounidense Leonard Wood, quien asumió en 1900 el
cargo de gobernador militar de Cuba, en sustitución del general J. Brooke, era un
declarado anexionista. De esta forma, Cuba constituyó el primer mercado del naciente
imperialismo pues al ejército de ocupación habían seguido las compañías anónimas,
los banqueros y los latifundistas.
El 5 de diciembre de 1899, el presidente William McKinley, en su
mensaje al Congreso de esa nación dijo: "Cuba tiene que estar necesariamente ligada
a Estados Unidos por vínculos especiales; dichos vínculos podrán ser orgánicos o
convencionales (...)".
El 25 de julio de 1900, el gobierno militar de ocupación publicó
la orden que establecía la convocatoria a elecciones para delegados a una Asamblea
Constituyente, que debía iniciar sus sesiones el primer lunes de noviembre con el fin de
"redactar y adoptar una Constitución para el pueblo de Cuba y, como parte de ella,
proveer y acordar de acuerdo con el Gobierno de Estados Unidos, las relaciones que habrán
de existir entre este Gobierno y el Gobierno de Cuba (...)".
Las sesiones de la Asamblea recién electa comenzaron el 5 de
noviembre en el Teatro Martí, de la capital.
No es preciso narrar ahora las peripecias de la Convención en
cuanto a la confección del texto constitucional. El 21 de febrero de 1901, se hizo
público el cuerpo definitivo de la misma. Inmediatamente, el Gobernador norteamericano
trasladó a la Asamblea las instrucciones recibidas del secretario de Guerra de Estados
Unidos, Elihu Root, que regulaban las relaciones entre ambos países. Estos requisitos
eran, más o menos, los artículos que luego aparecerían agrupados en la Enmienda Platt.
Por singular coincidencia, ese mismo día, el Senado y la Cámara
norteños aprobaron la Enmienda Platt, cuyo texto, obra de Elihu Root, había sido
presentado por el senador Orville Platt como adición a un proyecto de Ley de créditos
para el ejército.
El 2 de marzo de 1901, el presidente McKinley firmó el proyecto y
-de hecho- se convirtió en Ley de la nación.
La Enmienda Platt menguaba la independencia de Cuba ya que
legitimaba las intervenciones yankis y cercenaba el territorio nacional al dejar la
situación de Isla de Pinos "para un futuro tratado de fijación de su
pertenencia". También limitaba a los cubanos la concertación de tratados,
restringía el derecho de contraer deudas públicas, convalidaba las disposiciones de la
ocupación militar y, además, obligaba a Cuba a vender o arrendar a Estados Unidos
estaciones navales de ciertos puntos del territorio. Finalmente imponía a la Isla ocupada
la inserción de estas disposiciones en un Tratado Permanente con los Estados Unidos.
El 2 se marzo de 1901, el gobernador Wood elevó a la Convención
Constituyente cubana el texto íntegro de la Enmienda Platt.
La convención se opuso inicialmente a la inclusión de la Enmienda
como apéndice de la Constitución cubana, solo otorgó algunas concesiones bajo presión
yanki. El 7 de marzo, la memorable réplica redactada por el patriota Juan Gualberto
Gómez, argumentaba que el artículo tercero de la Enmienda Platt "equivale a
entregarles a los norteamericanos la llave de nuestra casa para que puedan entrar en ella
a todas horas, cuando les venga el deseo, de día o de noche (...) bajo cualquier punto
que se mire, su finalidad no es otra que la merma (...) de la soberanía de nuestra
República (...)".
Y sobre el artículo séptimo agregaba: "hiere tanto los
sentimientos del país la pretensión de que se arriende o venda parte del territorio
nacional, que de todas las cláusulas de la Enmienda (...) la que más ha desagradado a
nuestro pueblo es la que se refiere a las estaciones navales. El grito de ¡nada de
carboneras! es el que ha dominado todas las manifestaciones populares celebradas contra la
Enmienda (...)".
El 13 de abril la Convención suspendió el debate y decidió enviar
una comisión a Estados Unidos. El secretario de Guerra, Root, recibió a la delegación
los días 25 y 26 del mismo mes y les manifestó, de forma tajante, que "el derecho
de los Estados Unidos a imponer las discutidas cláusulas había sido proclamado durante
tres cuartos de siglo a la faz del mundo americano y europeo y que no estaban dispuestos a
renunciarlos...".
La Comisión regresó de Washington y rindió informe de su estéril
gestión a la Asamblea, que lo recibió con general descontento.
No obstante, el 28 de mayo de 1901 se sometió a discusión otra
ponencia en la cual se aceptaba la Enmienda con algunas aclaraciones. Pero el gobierno
yanki tampoco admitió esta solución y comunicó, por medio del gobernador Wood, que solo
aceptaría la Enmienda "tal y como es" y advirtió, en forma de ultimátum, que
la Enmienda era "un estatuto de poder legislativo de los Estados Unidos (...) No
puede por tanto modificarse". La amenaza yanki era cortante y pública.
Estos acontecimientos se desenvolvían en medio de una desbocada y
agresiva campaña de la prensa norteamericana más reaccionaria y amarillista contra la
Convención y el pueblo cubano.
En tales circunstancias, el 12 de junio de 1901, la Asamblea
Constituyente procedió a la votación definitiva sobre la inclusión o no de la Enmienda
Platt como apéndice de la Constitución de Cuba.
Dieciséis delegados optaron por lo que entonces consideraron
"el mal menor", mientras que once mantuvieron su votación contra la Enmienda.
La imposición de la Enmienda Platt por el gobierno de los Estados
Unidos a un pequeño y heroico país ocupado militarmente, como condición indispensable
para poner término a tal situación, no constituye un episodio aislado en la historia de
las relaciones cubano-norteamericanas. Sus raíces se remontan al siglo XIX. La anexión
territorial que pretendían no llegó a consumarse pero se "fue desarrollando
simultáneamente con los objetivos de conquista un proceso de anexión económica, del
cual Cuba fue la primera víctima". Era la neocolonización.
Llegó el 20 de mayo de 1902 y con este día "el fruto
malogrado de todo un largo proceso histórico cargado de incontables sacrificios".
Nacía la República con Enmienda Platt. El pueblo cubano sufrió de esta forma la
frustración de viejos anhelos. Sin embargo, en esas condiciones, existía la posibilidad
de continuar la lucha para la realización de la verdadera independencia. El devenir de
los años así lo demostraría.
La repulsa sostenida del pueblo cubano contra el grillete de la
Enmienda Platt; el desarrollo de la conciencia política nacional a partir de 1920; el
proceso revolucionario de 1933; la situación de resentimiento general de los pueblos de
América Latina contra la política colonial de Estados Unidos; frescas las intervenciones
yankis en Santo Domingo (1916) y en Nicaragua (1926); y en especial la honda depresión
económica capitalista de esos años, fueron factores que determinaron un giro
diversionista en la política continental norteamericana, entonces llamada del "buen
vecino" (New Deal), que pretendía mejorar ante Latinoamérica la vieja imagen de la
política del "gran garrote" (Big Stick).
Estos hechos contribuyeron a que se derogara en 1934 la Enmienda
Platt, pero el contenido del artículo concerniente al arrendamiento de las tierras y
aguas ocupadas por Estados Unidos en la bahía de Guantánamo en contra de la voluntad del
pueblo cubano, se incluyó en un nuevo Tratado de Relaciones firmado ese mismo año.
Cesó la Enmienda Platt, pero continuó la neocolonia, hasta enero
de 1959 cuando la victoriosa Revolución Cubana liquidó para siempre los oprobiosos
vínculos neocoloniales. |