NACIONALES

Un médico que está siempre de guardia

En la Cooperativa de Crédito y Servicios 26 de Julio


RONAL SUAREZ RAMOS

La conversación con Alberto no fue fácil; apenas comenzaba, se presentó Pedro Rodríguez, un campesino de 68 años de edad, recién operado de vesícula e hipertenso, solicitando su habitual chequeo; poco después tuvimos que acompañarle hasta la casa de José Quintilio Rodríguez, dos kilómetros más allá del consultorio, pues el hijo había venido a decirle que el viejo no se sentía bien.

De las casas, a uno y otro lados del trillo, llegaban las voces afectuosas al percatarse de la presencia del médico, que si bien acudió en ayuda de un paciente, debió tomarles la presión arterial a tres, y aconsejar a otros tantos sobre determinados síntomas.

En cada casa campesina, que habitualmente visita, el médico encuentra una extensión de su familia.

De regreso, instalados en la confortable vivienda, tuvimos que suspender nuevamente la entrevista para que el joven galeno atendiera a una trabajadora de la escogida, a quien trajeron con síntomas de fatiga. "Hizo una hipoglicemia", me diría después mientras explicaba el posible origen.

Tal escena no corresponde a una populosa ciudad, ni siquiera a un humilde pueblito; pertenece a la cotidianidad del barrio Palenque, una zona apartada a más de seis kilómetros de Puerta de Golpe, Consolación del Sur.

Alberto Hernández Cruz, especialista en Medicina General Integral, había nacido, hace 28 años, en aquel veguerío; hijo de un campesino tabacalero, de muchacho se familiarizó con las labores del campo y estaba muy lejos de pensar que un día volvería a la zona convertido en todo un médico, al servicio de vecinos y amigos.

La oportunidad comenzó a gestarse cuando hace aproximadamente un año, la Cooperativa de Crédito y Servicios 26 de Julio, primera fortalecida de la provincia, decidió invertir parte de los ingresos colectivos en la edificación de un consultorio y una casa para el médico.

Mientras Salud Pública se encargaba de equipar el pequeño recinto dedicado a consultas con todo lo necesario, la Cooperativa amueblaba la vivienda, a la que dotó incluso de refrigerador, televisor y otros efectos electrodomésticos, mediante el aporte financiero de los socios, procedente de lo que reciben como estimulación en divisas por la producción tabacalera.

Alberto, Betania y Albertín, en la confortable vivienda que la CCS 26 de Julio les entregó totalmente amueblada.

"Yo había cumplido el servicio social en Dimas, Mantua, y hecho la especialidad, y estaba trabajando en un consultorio del pueblo de Consolación del Sur, donde también residía, pues me casé y tuve un hijo.

"El primero en plantearme la idea de que regresara al Palenque fue mi padre, después la dirección de la Cooperativa habló conmigo, pues el médico que había venido antes presentaba problemas para permanecer en la zona de manera estable y acepté".

Dado lo apartado del lugar, Alberto fue liberado de las guardias en el policlínico, con la finalidad de que sus servicios estén siempre a disposición de los palenqueños.

"En realidad él está de guardia todos los días", dice Betania Sanjudo, la esposa, quien afirma haberse adaptado rápidamente a la vida en el campo, igual que Albertín, que no quiere ni que le hablen del pueblo.

Para Alberto, lo más estimulante es el reconocimiento social que percibe en la comunidad, eso compensa las veces que ha tenido que levantarse de madrugada para acudir al reclamo de un paciente, o las largas jornadas en bicicleta "haciendo terreno" en un área de más de siete kilómetros.

Hasta varias consultas especializadas que antes solo se ofrecían en el pueblo, llegan ahora al Palenque, la Cooperativa se encarga de la transportación y alimentación de los especialistas y todos se benefician.

"Me siento muy apoyado; la función de un médico de familia es prevenir enfermedades y promover la salud, por ello no me pierdo una reunión del Poder Popular para abogar porque la gente modifique los hábitos perjudiciales".

¿Y no adviertes rechazo por tu juventud?, le cuestiono. "No, yo también soy campesino, hablo su mismo lenguaje, los más viejos me vieron nacer y los más jóvenes fueron mis compañeros de aula y de travesuras, eso me ayuda, estamos muy compenetrados y lo que percibo es que confían en mí".

Todos los vecinos con quienes contactamos, coincidieron en elogios hacia la labor del médico: "Usted se imagina lo que significa que algún familiar le despierte a media noche con un dolor y no tener a quién acudir; así fue toda la vida aquí, a pesar de lo mucho que mejoramos después que la Revolución puso la atención médica gratuita", me decía un campesino septuagenario.

Alberto, por su parte, dice sentirse realizado, en poco tiempo ha tenido que enfrentar casos graves; mantiene en cero la mortalidad infantil y el bajo peso al nacer; hay reciprocidad en el vínculo médico-comunidad y ello estimula su consagración aunque implique estar siempre de guardia.


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