CULTURALES

Antología poética de Victoria Tobar


Luis Suardíaz

Este jueves, a las cinco de la tarde, en la Sala Manuel Galich de la Casa de las Américas, la poetisa ecuatoriana Victoria Tobar presentará su antología La victoria y la rosa y viceversa, formada por páginas de tres poemarios: Y de repente; De victorias y derrotas, y Palabras cómplices, editados entre 1983 y 1995.

En el prólogo, el escritor cubano Alejandro Querejeta se felicita de haber escuchado una lectura de Victoria porque le añade a su obra una mezcla de travesura y misterio y posee ese difícil arte que García Lorca llamaba duende. Por su parte, el poeta de Guayaquil, Humberto Vinueza, en reciente nota crítica sobre esta antología, también elogia el encanto de su voz y sostiene que Victoria, nacida en Ambatos en 1943, conspira siempre contra la solemnidad, la injusticia, la iniquidad, el machismo, el feminismo y todo tipo de disfraces, recuerda que públicamente ha dicho que para ella el gran pecado capital es amar sin placer y añade que el rasgo predominante en sus versos es la clarividencia.

Por mi parte encuentro un tono auténtico en su escritura que sabe hallar caminos propios entre el grupo de poetisas ecuatorianas -Ileana Espinel, Violeta Luna, Sonia Manzano, Ana María Iza- y advierto una mezcla de lirismo y desenfado, en el mejor tono coloquial, en esta antología aparecida el pasado año en Quito.

Desde su ciudad natal, lejos del tráfago capitalino, Victoria mira el país, su intimidad y el mundo con serena pasión, valga la dialéctica contradicción. En Mis dos abuelas toma en préstamo una idea de Nicolás Guillén para contar con gracia las peripecias de sus abuelas -Rosa y Victoria- blanca una, morena la otra, que se funden en su sangre y su carácter y cuyos nombres le dan título a esta antología. Un erotismo de buena ley, donde la ironía como en casi toda su obra es componente esencial, se advierte en Enigmas: Me moría de ganas de tu boca/ y me comí una manzana./ Ayer añoré tus manos y entonces/ tomé una ducha/ los dedos del agua te suplantaron (...)/ Cualquier día te cambio por el mar,/ ¡es el amante más perfecto!"


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