CULTURALES

Nuevas aventuras de Guille


Pedro de la Hoz

Lo que al principio de A capella fue ruptura -sobre todo por una animación no convencional, a veces transgresora- ya se toma por un sector de televidentes, como algo natural y necesario: abrir un espacio para las alternativas musicales de estos años finales del siglo XX sin prejuicios ni concesiones, a disposición de los espíritus adelantados que no se conforman con las pautas comerciales y repetitivas.

Guille Vilar, máximo promotor de ese proyecto único en la programación musical de la TV Cubana, se las ha ingeniado, en las últimas semanas, para desmarcarse de lo que parecía ser una preferencia demasiado acusada por ciertos referentes rockeros, tentación en la que ha caído más de una vez el programa.

No es fácil conseguirlo cuando se conocen las dificultades que afronta nuestra producción televisual para acceder a copias técnicamente transmisibles de conciertos y video clips de las figuras que representan la vanguardia nacional y extranjera. También ha de tenerse en cuenta que la inmensa mayoría de los clips domésticos de nueva data engrosa, por su perfil, las arcas de Hecho en casa, por lo que la búsqueda de un balance que aproxima lo vernáculo a la propuesta del espacio se entorpece, sin que esto cierre las puertas a las muchas reservas por explotar.

A muchos particularmente nos gustaría que A capella buceara, con el imprescindible apoyo de la División de Musicales y el aparato de producción de la TV, en determinadas zonas de la creación insular, que se dan la mano con otras expresiones latinoamericanas y caribeñas, ausentes de los restantes espacios: manifestaciones trovadorescas de nuevo cuño, las fusiones jazzísticas, las corrientes concomitantes con la new age, la salsa de explícito contenido social, lo que ha estado aconteciendo en Brasil después del tropicalismo, el zouk francoantillano, la sucesión del reggae. ¿Es mucho pedir a un programa que ha demostrado consecuencia en su empeño cultural?

Por lo pronto, las nuevas aventuras de Guille Vilar y de A capella en la temporada estival que se avecina en la pequeña pantalla apuntan a la revelación de clásicos del rock que no suelen aparecer en nuestra tele: por primera vez veremos, en extenso, al grupo británico Iron Maiden; una selección de Deep Purple ampliará la perspectiva de estos innovadores del género ya ofrecida por el espacio; y tendremos la oportunidad de asistir al regreso de John Forjety, voz líder de Credence Clear Water. Por lo seguro va Paul McCartney en momentos de la grabación de su más reciente registro, Flaming Pie; y del patio, una novedad, Compay Segundo en España, pocas semanas atrás.


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