La travesía del siglo
en una cáscara de nuez

El Granma y su timonel Norberto Collado: protagonistas de una historia que terminó en el desembarco del 2 de diciembre de 1956 y en la formación del Ejército Rebelde

FELIX LOPEZ

Cuentan que el Che Guevara, antes de lanzarse al agua el amanecer del 2 de diciembre de 1956, le preguntó a Camilo el nombre de aquel yate para escribirlo en su diario. Y debe haberlo hecho con la seguridad de que el Granma entraría en la historia como uno de los más importantes "protagonistas" de la Revolución cubana.

Pero el Che no era el único en presentirlo. Años después, en su libro Desembarco, Almeida contó cómo hizo para descubrir el nombre de aquella "cáscara de nuez" que se debatía entre la suerte y el naufragio. Agarrado del pasamanos de cable que rodeaba el yate, pudo llegar hasta la popa. Se inclinó hacia afuera, pero las olas no lo dejaban leer. Tuvo que acostarse y sacar la cabeza...

"Según íbamos avanzando el yate se movía un poco más, hasta que llegó el momento en que nosotros no sabíamos si estábamos montados en un barco o en un cachumbambé". Así, sin mucha conciencia del peligro, lo va a recordar siempre Calixto García, uno de los primeros hombres en abordar, "por temor a no caber", y de los pocos que pudo pegar las pestañas durante la travesía.


Traslado del yate Granma hacia el Museo de la Revolución, en noviembre de 1976, donde permanece en custodia.

Muchos otros, sobre todo aquellos que tenían algún conocimiento marinero, presintieron la inminencia del naufragio. El propio Fidel ha reconocido que "con el decursar del tiempo el yate Granma nos parece a todos cada vez más pequeño y el trayecto de 1 500 millas recorridas desde Tuxpan a Las Coloradas, infinitamente mayor". Para Norberto Collado, el primer timonel, de existir los milagros, el del Granma es el mayor que ha visto.

"EL BARCO ES MIO"

En el Memorial Granma, sitio hacia donde hizo su última "navegación" el 14 de noviembre de 1976, se sigue reconociendo la autoridad de aquel timonel que, cumpliendo la orden de Fidel, encalló el yate frente a las costas de Las Coloradas. Desde entonces, su vida ha estado ligada a los destinos del barco. Y no se mueve nada bajo la urna de cristal sin su consentimiento.

Encontrarlo, de no ser por su postura reservada, no sería difícil. A cuántos de los niños, jóvenes o visitantes foráneos que visitan el Museo de la Revolución no les habrá pasado por el lado ese Capitán de Navío, vestido de impecable uniforme blanco, erguido a pesar de los 78 años, que un buen día encontró en el Granma el referente exacto para definir el antes y después de su existencia.

Nacido en Batabanó, pueblo con costas, e hijo de un cortador de esponjas, Norberto Collado terminó enrolado en el mundo marinero: la primera incursión en el yate presidencial Juan Bruno Zayas. Después, durante la II Guerra Mundial, en la Marina de Guerra norteamericana, distinguiéndose en el hundimiento del submarino alemán U-176, el 15 de marzo de 1943. Hábil en el manejo de los equipos de exploración, pero negro de color. Sus días en la Armada yanki estaban contados.

A su regresó a Cuba sirve en la Policía Marítima, la que abandona a raíz de los sucesos del 10 de marzo. Y se va con sus inquietudes políticas a militar en la Juventud Socialista. Poco tiempo después del asalto al Cuartel Moncada, la tiranía descubre su participación en un ocultamiento de armas en el Contry Club: las primeras torturas y 22 meses de cárcel en la Isla de Pinos.

México fue el destino común de los hombres que en el 56 abrieron lo que una colega llama "la ruta difícil de la felicidad". En el río Tuxpan, la noche lluviosa del 25 de noviembre, Norberto recibió la palmada de Fidel en el hombro y la escueta explicación: "Este es el barco". Siete camitas y un baño. Para las autoridades "un viaje de recreo de 12 personas a la isla de Lobos". Para Fidel el cumplimiento de una anhelada promesa...

"El Comandante hizo lo que prometió: salió, llegó y triunfó. El 8 de enero de 1959, cuando Fidel entró en La Habana, ya había recuperado el Granma. Lo puse en el muelle frente al hoy Estado Mayor de la MGR. Antes de hablar en Palacio, Fidel fue a verlo". Acababa de triunfar la Revolución y Collado era uno de los nuevos oficiales de su Marina de Guerra.

Evade las interrogantes personales y prefiere hablar de Pichirilo (Ramón Mejía del Castillo), "ese dominicano que era tremendo marinerazo. La ayuda internacionalista cubana en Africa, muchos años después, me hizo comprender la presencia de aquel hombre de la tierra de Máximo Gómez entre nosotros...".

Más de una misión le han encomendado en los últimos 40 años, pero al Granma le va a dedicar el resto de su vida. Sabe que no se puede conservar sólo como una reliquia, sino como un símbolo para los más jóvenes... Y hasta le sigue encontrando historias, como esa que guardaba el Libro de Bitácoras del Morro, donde se asegura, por la inscripción en dos fechas diferentes, que el yate había atracado en la bahía de La Habana antes de ser comprado para la expedición.

Ya al final de nuestra conversación le pregunto: "Collado, ¿cómo hizo para quedarse con el Granma?".

-Fidel me dijo: "Collado, cuídalo". Y yo le respondí que el barco era mío. Se me fue aquello, pero es que para un marinero el barco es como su casa.

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