 Jornada dominical
La vigilancia de todos frente al delito y las acciones antisociales

Combatividad y vigilancia revolucionarias, las claves bajo las
cuales nacieron hace 38 años los Comités de Defensa de la Revolución, son de las tareas
que siempre trascienden. En todo caso se hacen tan complejas las circunstancias, que estas
misiones se vuelven cada vez más necesarias.
El apoyo a la policía en el enfrentamiento al delito fue abordado con
vehemencia por el delegado de Güira de Melena.
Los de ahora son días más difíciles y sus tareas más
desafiantes. Hacer la vigilancia hoy en el barrio, rebasa el insustituible ejercicio de la
guardia nocturna en nuestras cuadras. Es una encomienda sin horarios ni límites posibles
en la que la acción enérgica frente al delito y el proceder persuasivo ante tendencias
poco éticas y antisociales, deben acompañarse de la prevención temprana.
Porque, ¿en qué lugares, si no en nuestras calles, se quedan los
niños cuando faltan a clases? ¿Por dónde, si no en el barrio, transitan y viven quienes
delinquen? ¿Quiénes, si no los vecinos, son los mejores defensores de la cuadra y las
virtudes más altas?
Por ello, el tema de la vigilancia revolucionaria y el
enfrentamiento al delito y las conductas incompatibles con los valores morales de nuestra
sociedad, centró muchos de los debates de este congreso cederista.
La capital, el campo, las zonas turísticas o las elevadas
serranías, van dando pruebas de lo que puede conseguirse en la comunidad bajo la
vigilancia y la acción colectivas. Allí donde los comités no han cesado en su guardia y
defensa revolucionarias y han actuado sin cortapisas, no ha podido prosperar la simiente
delictiva y antisocial.
No faltaron ejemplos en ese sentido. La guantanamera Agustina Giró,
del municipio Salvador, barrio de Costa Rica, explicó con florido decir cómo en su
barrio ya no se roba, fruto de ese trabajo hombre a hombre, puerta a puerta, de mucha
combatividad y de ese repudio colectivo apelando a la vergüenza.
Se expusieron casos de otras barriadas en la capital, Holguín y San
Luis, donde la acción organizada de los vecinos ha resultado decisiva. Para lograr la
vigilancia a plenitud hace falta que el enfrentamiento a lo nocivo e ilícito sea
sistemático y las acciones estén coordinadas.
Ningún país, afirmaba Fidel, está en mejores condiciones que Cuba
para luchar contra el delito. Y añadía que con la ventaja de nuestras instituciones y
organizaciones de masas, hay que apelar a la conciencia, al patriotismo y la moral de los
revolucionarios. Porque el nuestro es un país que defiende su independencia con su moral
y espíritu de sacrificio. Y así se ha ganado el respeto del mundo.
Porque no es la vigilancia revolucionaria, de ningún modo, una
tarea que reporte dividendos materiales individuales al final de la jornada; es, ante
todo, un deber moral, que debe partir del convencimiento y compromiso de no dejar margen
posible al enemigo que celebra el desorden y aspira a la desunión, la indisciplina y la
ley quebrantada.
Cohesionar, integrar y sistematizar las fuerzas en la comunidad se
han convertido, en este debate, en palabras claves.
La actuación de los Destacamentos de Vigilancia Popular
Revolucionaria -que suman ya más de 4 mil en todo el país- estaría incompleta sin la
cooperación conjunta de las patrullas policiales, y en estas no puede carecerse de
fuerzas jóvenes y experimentadas que garanticen una respuesta ágil y estable. Ni pueden
faltarle al barrio las virtudes y valores que deben enseñarse en casa y echar raíces en
la escuela y la cuadra.
Las formas para viabilizar una rápida comunicación entre el
patrullero y el vigilante cederista, la más racional utilización de las fuerzas vivas y
vehículos de la PNR, y muy especialmente la urgencia de encontrar soluciones para Ciudad
de La Habana, fueron también asuntos muy discutidos. La reflexión trajo al plenario no
pocas soluciones y sugerencias y el convencimiento de que en los jóvenes, trabajadores,
jubilados y revolucionarios de la propia capital están las respuestas para esta tarea de
primera línea.
Y si importantes resultaron los enfoques de cómo combatir al
delincuente, también lo fueron los análisis sobre el enfrentamiento a conductas como la
prostitución, el proxenetismo, la burla al fisco y otras surgidas a partir de que no
estamos encerrados en una urna de cristal, en una atmósfera incontaminada, pero contra
las que podemos combatir y vencer porque, como apuntara Fidel, tenemos toda la razón y la
moral para luchar contra las tendencias corruptoras.
Hay que aplicar y hacer sentir la ley, pero el objetivo supremo
será siempre evitar, prevenir, sobre todo desde la familia donde unas veces se educa y
otras se maleduca y deforma.
La casa, la escuela y la comunidad deben abordar de conjunto esta
labor. En tal sentido, la escuela cubana incluye entre sus actuales prioridades la
formación de valores y conciencia ciudadana, y fomenta una pedagogía en la cual el
maestro se entrena en diagnosticar, caracterizar los factores de riesgo que puedan
conspirar contra la buena formación del menor.
Otra de las aristas analizadas en cuanto a inculcar códigos éticos
desde las más tempranas edades fue el papel de los medios de difusión masiva y nuestra
producción artística y literaria.
Fidel precisaba enfático que el asunto está en no solo defender
una ideología revolucionaria, sino una identidad nacional, cultural ante la penetración
yanki, que es también defender la soberanía y el futuro ante el monopolio cultural
imperialista. Es mucho más que la independencia nacional lo que se defiende en Cuba, se
están defendiendo las ideas de un mundo futuro ante una invasión mucho más peligrosa y
que pretende abolir las culturas de cada país.
En esta cruzada y desafíos urgentes, quedó claro, tenemos los
medios a nuestro alcance para ejercer la vigilancia de todos. Ninguna acción, en este
sentido, sería vana; ningún esfuerzo, suficiente. |