Somos representantes
de un pueblo indomable

Palabras de Juan Contino Aslán, coordinador nacional de los CDR, en la sesión plenaria del V Congreso

Compañeros de la presidencia

Compañeros delegados e invitados

Cederistas:

lu5-1.JPG (6961 bytes)En estos días hemos tenido sobradas razones para ratificarnos que vale la pena trabajar Por la unidad que defendemos. Nos acaba de visitar un ciclón y gracias a esa unidad nada se detuvo, todo se enfrentó, se evitaron pérdidas mayores, la coordinación en todos los frentes garantizó la victoria y ha sido impresionante como siempre la respuesta del pueblo, la organización y disciplina del pueblo que ahora despliega su energía para la recuperación inmediata de todo el país.

Los CDR nacimos con bombas, crecimos en el vórtice del huracán revolucionario y ahora nos reunimos luego de un ciclón. Eso nos ratifica que nacimos y estamos aquí para la lucha, el combate y la victoria.

Paso por alto la lectura del informe central al Quinto Congreso de los CDR por varias razones: en primer lugar, porque de manera anticipada todos han tenido la posibilidad de estudiarlo; en segundo lugar, una síntesis del mismo ha sido publicada en Granma, y sobre todo, porque cada uno de los presentes ha vivido de manera directa en sus comunidades cada palabra. Lo escrito es un pequeño reflejo de la vida intensa de todos los cederistas.

Durante la inauguración de nuestro Congreso, el delegado de honor electo por el municipio de Cueto, el Comandante en Jefe Fidel Castro, propuso en la página tres, párrafo cinco del Informe Central, se modificara la expresión "una vez invadida Cuba" por otra más precisa de manera que el párrafo queda así:

"Para nadie es un secreto que el programa de exterminio de Cuba como nación, trazado por el imperialismo norteamericano, prevé entre sus principales pasos, una vez establecido un gobierno contrarrevolucionario, disolver a los CDR junto a las demás organizaciones, porque saben muy bien que mientras exista un revolucionario, un patriota, será invencible la Revolución Cubana".

Considero que no debemos someter esta propuesta a votación. Las convicciones, los principios y la decisión indomable de un pueblo no se llevan a votación .

También los Barrios Debates que han tenido lugar en el día de ayer, abordaron un grupo de temas, que nos permiten concentrar el debate en este plenario, principalmente, en cómo hemos respondido a lo largo de estos cinco años al llamado de Fidel a revitalizarnos.

Dos temas cruciales ocupan nuestra vida cederista: la vigilancia y combatividad revolucionarias y el trabajo político ideológico.

Quiero pues, referirme a la esencia misma de nuestro trabajo y a su razón de ser, y estas palabras han de entenderse solo como introducción al debate, porque un Congreso es, simultáneamente, una meta y un punto de partida hacia nuevos horizontes.

Para enfrentar los retos de hoy no cabe la menor duda que la comunidad debe desempeñar un papel importante.

Para nadie es un secreto que el país se salva en los centros de trabajo, en el esfuerzo y el sacrificio de los trabajadores del campo y de la ciudad, pero este pensamiento también nos indica que no puede subestimarse el barrio ni el batey, el lugar donde viven esos trabajadores junto a sus familias.

¿Dónde se evidencian más las desigualdades y los desniveles de vida sino en las comunidades, donde conviven por igual los que tienen disímiles maneras de ganarse la vida?

El país ha estado obligado a tomar medidas necesarias, impostergables, inteligentes y urgentes, para encarar las realidades del mundo de hoy, y esas medidas no siempre son entendidas por todos y requieren de valor, inteligencia y firmeza para afrontarlas, y de conciencia revolucionaria y de voluntad de acero para llevarlas adelante, entre toda la familia revolucionaria cubana.

José Martí, en carta a su amigo Mercado, en 1877, escribía:

"La familia unida por la semejanza de las almas es más sólida, y me es más querida, que la familia unida por las comunidades de la sangre", concluía el Apóstol.

La familia cubana une a la comunidad de la sangre, la semejanza de las almas. De ahí que sea vital el trabajo en las comunidades, donde conviven nuestros compatriotas puerta con puerta, familia junto a familia.

El revolucionario vale por el valor con que defiende sus ideas

Los CDR aspiramos a contribuir con nuestro trabajo a la solución de los problemas presentes. Si atajamos a tiempo los males que afloran en medio de las actuales dificultades, iremos despejando el camino hacia el futuro.

Si estamos dispuestos a buscarnos problemas hoy, serán menos los problemas que tendremos que enfrentar mañana.

Ahí radica la verdadera combatividad. Sin valentía política, sin valentía ideológica, no vale de nada que nos digamos revolucionarios.

El revolucionario vale por el valor con que defiende sus ideas. No basta con ser bueno, no basta ser ejemplar individualmente. En primer lugar hay que ser ejemplares ante nuestra familia y nuestros hijos y no en un solo orden de la vida, sino en todos los órdenes de la vida.

Con frecuencia escuchamos hablar justamente de la tranquilidad ciudadana, como una legítima aspiración de nuestras comunidades. Y pregunto: ¿dónde sino en nuestros barrios viven y conviven quienes causan la intranquilidad?

El que generalmente rompe la paz, es una persona sobre la cual no hemos ejercido ni atención ni presión.

La tranquilidad es sosiego para nuestra familia y para nuestros hijos. La mejor motivación para ejercer la vigilancia revolucionaria popular cederista es saber que gozaremos de tranquilidad y de seguridad.

¡Si el enemigo contrarrevolucionario no puede levantar cabeza en nuestra cuadra, hay tranquilidad; si protegemos nuestros bienes, los de otros y los de todos, hay tranquilidad; y si el delincuente se aconseja diez veces antes de atentar contra la propiedad individual o social, hay tranquilidad!

Variadas han sido las fórmulas empleadas para contribuir a contrarrestar el delito, pero con la creciente constitución de los Destacamentos Populares de Vigilancia Revolucionaria, instaurados en todo el país en el horario de la madrugada, comienzan a verse resultados en los lugares donde se constituyen y sistematizan su actuación .

Si duro es pedir a un compatriota que haga guardia durante la madrugada, mucho más duro es levantarse en la mañana y comprobar que robaron la bodega, que no abrirá el círculo infantil porque ya no tiene el motor del agua o descubrir que le desmantelaron la casa a su vecino o a uno mismo. Es preferible no dormir cuatro horas al mes, que perder bienes que nos son valiosos. El sueño siempre se recupera, lo que no siempre se recupera es lo que nos roban.

"Hoy por tí, mañana por mí", es una consigna válida para el barrio que equivale a decir "Yo cuido hoy tus bienes; tu cuidas mañana los míos". Entre todos cuidemos lo de todos.

Y no todo podemos dejarlo a la policía, decir que eso o aquello es solo de su competencia. Se requiere trabajar juntos, y en estrecha coordinación. No olvidemos que el policía es un cederista uniformado.

Delitos prácticamente inexistentes en Cuba han comenzado a reflejarse en las estadísticas y surge la droga, el proxenetismo y su deshonrosa acompañante, la prostitución; el robo con violencia, el delito contra extranjeros y nacionales, la corrupción de menores y otras lacras que requieren de la atención especializada de la fuerza pública y de la colaboración decidida de nuestra población.

Como dice la canción: "al enemigo del pueblo el comité no le da tregua" Y debemos añadir: ni de día ni de noche. Quien intente intranquilizar nuestros barrios, tiene que sentir la respuesta firme del pueblo. La impunidad estimula el delito; la intransigencia revolucionaria lo frena.

Hay otras formas de delito con las cuales tampoco podemos convivir.

En consulta permanente con el pueblo, se han ido aprobando leyes durante todos estos años, leyes sobre las cuales se asienta el orden jurídico de nuestra sociedad. Sin ellas no existiríamos como nación civilizada.

Hemos trabajado durante estos cinco años en la divulgación y reflexión de esas leyes y nos esforzamos para que aumente la educación jurídica de las masas.

En este camino trabajamos estrechamente vinculados al Sistema Unico de Vigilancia y Protección, a los tribunales, a la fiscalía.

La inmensa mayoría del pueblo respeta las leyes, porque son ellas las que mantienen el orden social; al enemigo le interesa estimular su violación, porque así creen desestabilizar a la nación.

El descontrol, la indisciplina social y la ilegalidad favorecen a quienes desean debilitar a la Revolución. Y no se saldrán con las suyas.

Lo primero que debemos hacer en nuestros barrios para poder librar una batalla en toda la línea es organizarnos más. Cuando el pueblo quiere, puede. Y el pueblo quiere tranquilidad. La tranquilidad es sinónimo de legalidad.

Estar organizados significa mantener actualizado el Libro de Registro de Direcciones y saber con exactitud quién vive en nuestras cuadras, quéin está legal y quién ilegal, quién alquila no sujeto a las regulaciones, quién ejerce el trabajo por cuenta propia sin inscribirse, entre otras violaciones que nos perjudican por igual.

No somos policías ni inspectores, somos sencillos revolucionarios y nuestra tarea es persuadir, alertar, discutir y garantizar por todos los medios políticos disponibles que en nuestro lugar de residencia se preserve la legalidad.

Contamos con los valiosos conceptos morales, políticos e ideológicos de la familia cubana

¿Con qué contamos para ejecutar nuestro trabajo? En primer lugar con los valiosos conceptos morales, políticos e ideológicos que ha sabido forjar la familia cubana en el largo camino recorrido desde que se decidiera a luchar por su independencia en el pasado siglo.

Valores como la lealtad, la honestidad y la valentía política; el decoro y la vergüenza, la sensibilidad ante los problemas de sus compatriotas; el espíritu colectivista, el altruismo, la honradez y la caballerosidad, el sentimiento solidario que lo impulsa a hacer causa común con los pueblos oprimidos del mundo, son virtudes innatas en la inmensa mayoría de los cubanos.

Ejemplos abundan. Tan solo uno de ellos asombra por su hondura humana: las donaciones voluntarias de sangre. Este año, como saludo al V Congreso, la cifra alcanza más de 570 mil. Eso es humanismo revolucionario y apunto algo curioso: un solo cable de una agencia de noticias latinoamericana se dignó a publicar esta información. La generosidad ya no es noticia de primera plana en este planeta; sin embargo, invito a esos corresponsales de las grandes agencias a que busquen por el mundo un pueblo así.

Estos no son resultados de metas, es el resultado del trabajo sistemático, de convencimiento persona a persona, y sobre todo, de la sensibilidad y la solidaridad de los cubanos.

El contacto permanente con el pueblo, estilo que caracteriza el trabajo de Fidel, ha de ser el modo natural de actuar de un dirigente, de un presidente de comité.

No el contacto solo para cobrar la cotización, citar a la guardia o a la reunión, porque ese sería solo una parte de nuestra actividad. Hay que ser más amplio. Cuando se dice contacto se entiende que debe estar permanentemente al tanto de la comunidad que dirige, saber si alguien está enfermo, si recibió un mérito, si tiene alguna dificultad.

Al proverbio Nada humano me es ajeno, habría que agregarle: Toda tarea revolucionaria es cercana al comité.

Por eso vemos a los CDR en el apoyo y el impulso a todas las actividades, en el desarrollo de los sentimientos patrióticos e internacionalistas del pueblo, en la recogida de materias primas, en las labores de desobstaculizar los campos de caña o recoger café; en los huertos familiares, en la acuicultura y todo lo que sea de beneficio social.

Es básico en nuestro trabajo saber decir y saber oír. Escuchar con atención y respeto las opiniones de los demás, aunque no coincidan con las nuestras, y después argumentar, persuadir. En una conversación lo importante no es vencer, lo importante es convencer. Y estamos llamados al diálogo que enriquece a todos.

Por experiencia sabemos que una familia se consolida en la medida en que sabe buscar junta la solución a sus problemas.

Del mismo modo, un barrio se consolida cuando de manera colectiva, todas las familias encuentran respuestas a las dificultades de una cuadra. El tiempo que se dedica a resolver un problema social es tiempo que dedicamos a nosotros mismos.

En momentos difíciles puede reblandecerse la conducta de una minoría, pero en circunstancias difíciles se fortalecen las virtudes de la mayoría.

Todavía nuestros barrios no son como quisiéramos todos y cada uno de nosotros. Todavía no hemos alcanzado nuestros sueños, pero sabemos que son posibles, y cada día afloran virtudes que así lo ratifican.

En el informe central nos preguntábamos cómo queríamos que fueran nuestros barrios y dábamos nuestras consideraciones. Algunos ya son así, muchos están en camino de lograrlo y otros deben esforzarse más.

Una cuadra buena, tal como aspiramos, es aquella donde todos hagan un poco y no donde unos pocos lo hagan todo. Ahí radica la fuerza de las familias organizadas.

Qué visión más hermosa aquella de Martí, cuando escribía en Patria, un año antes de desatar la guerra necesaria:

"Son las familias como las raíces de los pueblos; y quien funda una, y da a la patria hijos útiles, tiene, al caer en el último sueño de la tierra, derecho a que se le recuerde su nombre con respeto y cariño."

Levantar la bandera del hombre como hermano del hombre

Este pensamiento martiano puede legítimamente estar a la puerta de cada hogar cubano donde se forjan hijos útiles.

En nuestros barrios viven nuestros hijos, nuestros padres y abuelos, nuestros seres queridos.

No es solo tarea de la escuela educar a nuestros niños, sino también de la familia y de la comunidad. Si alguno no asiste a clases, conocer las causas debe ser preocupación de todos, para evitar que su conducta se deforme.

En nuestros barrios viven los jóvenes, continuadores inmediatos del trabajo en las comunidades. Es importante que sepamos adaptar nuestro trabajo a sus características y que solo pensar que ellos se adapten a las nuestras y que ellos mismos creen sus propias motivaciones en apoyo al barrio en que nacieron, crecieron y viven.

En nuestros barrios viven los abuelos y los ancianos solitarios que deben encontrar en sus vecinos una extensión de su familia. Junto a todo lo que nuestra sociedad les garantiza debemos unir el cariño del barrio por sus vecinos mayores.

Compañeros:

Es imposible atrapar en cuartillas la rica y compleja vida de nuestros barrios, donde viven las tradiciones heroicas las costumbres, la historia de la Patria, donde se arraiga nuestra nacionalidad, todo esos valores que defenderemos hasta las últimas consecuencias.

Todos los oficios y profesiones se mezclan en el barrio, y de esa diversidad nace la unidad, donde todos somos necesarios para los demás.

En tiempos de globalización neoliberal nuestros valores son muy importantes defenderlos y preservarlos. Mientras más se proclame en el mundo capitalista al hombre como lobo de hombre, nosotros debemos continuar levantando la bandera del hombre como hermano del hombre y mucho más: como compañero del hombre.

No hemos colocado de manera formal ese pensamiento en el teatro. En los duros tiempos que vivimos debemos ratificar con Fidel que IDEAS CLARAS CONSERVAN REVOLUCIONES.

¡Las dificultades fortalecen al pueblo; las dificultades nos encuentran más fuertes; las dificultades nos encuentran más firmes! Y tal como afirmara Ignacio Agramonte: LAS CONTRARIEDADES ¡MAS NOS EXALTAN! Y ¡MAS INDOMABLES NOS HACEN!

Somos representantes de un pueblo indomable que ahora se apresta a discutir su estrategia de trabajo hasta el año 2003. Este es el último congreso de este siglo y entraremos al tercer milenio con el mismo entusiasmo y aún mayor que el día de nuestra fundación.

La unidad de la familia es la célula primaria de la unidad del barrio y es el eslabón básico de la unidad de toda la nación. Y esa es la unidad que defendemos y defenderemos hoy, ¡mañana y siempre!, junto a nuestro Partido, nacido para unir en un solo haz al invencible pueblo cubano.

Muchas gracias.

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