Posoltega

La cara de la tragedia en Nicaragua

ORLANDO ORAMAS LEON
Enviado especial de Granma

Hace unos años en la cima del Momotombo, el coloso que parece vigilar a Managua, un vulcanólogo francés me pronosticó que pronto ese volcán haría erupción, y ello provocaría una verdadera catástrofe. Por suerte, hasta ahora el experto galo se ha equivocado, pero la conjunción de las fuerzas de la naturaleza validaron sus temores en el volcán Casitas, en el occidental departamento de Chinandega.


La brigada está integrada por Pedro Bello, Fernando Carbonell y Alfredo Varen.

El 30 de octubre, entre las 10:00 y las 11:00 de la mañana, el Casitas retumbó y lanzó una verdadera avalancha de lava, piedras y lodo. En la cima, una laguna de agua ácida se había saturado con las lluvias del huracán Mitch e inundado el cerro. La explosión devino alud que arrastró a una velocidad de 100 kilómetros por hora a las comunidades Rolando Rodríguez, El Porvenir, Tololar, San Pablo y El Trianón, asentadas en las faldas del cerro.

"Nos enteramos por los muertos que traían las aguas", dijo a Granma el doctor Raúl Martínez, director de Salud del municipio de Posoltega, localidad donde una brigada médica cubana atiende a los sobrevivientes de la tragedia.


Fernando Carbonell tiene mucho trabajo en la atención a los damnificados.

Todavía, al momento de nuestra visita, continuaban apareciendo cadáveres. Alrededor de 200 cuerpos fueron encontrados en los cañaverales del ingenio San Antonio, a no pocos kilómetros de distancia. Expertos de varias naciones colaboraron en las labores de búsqueda, incineración y enterramiento. La mayoría de las muertes por Mitch en Nicaragua fueron consecuencia del deslave del Casitas. Unas 2 000 personas murieron en las faldas del cerro.

Los reporteros recorrimos el área del desastre: grandes cicatrices marcan el relieve de un paisaje donde desapareció todo vestigio de vida, salvo algunos animales depredadores en búsqueda de despojos humanos.


Este es el refugio de los damnificados en Posoltega.

Para que se tenga una idea, uno de cada nueve habitantes del municipio murió y una de cada cinco casas resultó totalmente destruida. La escuela de Posoltega es hoy uno de varios refugios que acogen a los sobrevivientes. En su patio está enterrada una niña, arrastrada allí por la corriente.

EL MUNDO EXTENDIO SU MANO SOLIDARIA

Posoltega es la imagen más dramática de las consecuencias del Mitch en Nicaragua. Varios de los puentes de la carretera Managua-Chinandega resultaron destruidos, pero ya fue restablecido el tránsito y hasta allí está llegando la solidaridad internacional.

Brigadas médicas de diversos países trabajan en los refugios y a diario arriban cargamentos de medicinas, alimentos y otros insumos. La solidaridad cubana no podía faltar y nuestra visita sorprendió al enfermero Fernando Carbonell vacunando contra el tétanos a una damnificada. El médico Pedro Bello, de la Isla de la Juventud, se reunía con líderes de las comunidades y el epidemiólogo Alfredo Varen atendía a una comitiva de organizaciones no gubernamentales de la ciudad de León, quienes querían expresar a los cubanos "nuestro agradecimiento y ofrecerles nuestras casas".

El doctor Bello nos dijo que las autoridades sanitarias de Posoltega han tomado las medidas necesarias para conjurar los peligros de epidemias, pues se han detectado casos de dengue, malaria, cólera y posible leptospirosis.

DEJENNOS A LOS CUBANOS

Para el jefe de Salud de Posoltega "la presencia de los médicos cubanos es necesaria ahora en la emergencia y luego también, pues tenemos carencia de personal médico". Por su parte, el doctor Arnoldo Torruno, profesor de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad Autónoma de León, expresó que "la población pobre de Nicaragua tiene insuficiente acceso a los servicios de salud y un programa integral como el propuesto por Cuba contribuiría a paliar las consecuencias no sólo del huracán, sino de la miseria de buena parte de nuestros compatriotas".

Nuestros especialistas tienen gran nivel. Fernando Carbonell es intensivista, y del hospital de Chinandega lo están reclamando para la sala de terapia intensiva, donde no hay enfermero de su especialidad.

Junto a ellos laboran también estudiantes de Medicina de Managua, movilizados por el Ministerio de Salud, quienes al enterarse del programa cubano para el istmo manifestaron su interés por especializarse en universidades de la Isla.

Doña Gertrudis tiene de huéspedes a los miembros de la brigada médica cubana.

Ya en la despedida reclama: "Déjennos a los cubanos".