 MIDEM
Latino
Los oídos sordos de Miami

PEDRO DE LA HOZ
Ya están de regreso en la Patria los músicos cubanos que
participaron, luego de arduos avatares, en la segunda edición de la feria internacional
del disco MIDEM Latino, que este viernes debe clausurarse en el Centro de Convenciones de
Miami Beach.
Lo acontecido en el escenario de esa instalación floridana la noche
del miércoles adquirió un relieve inusitado: Chucho Valdés e Irakere, Omara Portuondo,
Guillermo Rubalcaba y su charanga y Compay Segundo, enlazados en el bien llamado
espectáculo Leyendas cubanas, ofrecieron interpretaciones de altísima calidad de
un repertorio que fundamenta el señorío de una música que, desde su indiscutible matriz
insular, alcanza un relieve universal.
El espectáculo comenzó a las seis de la tarde, exclusivamente para
delegados e invitados acreditados a la feria, que colmaron el recinto desde bien temprano,
apenas se anunció la posibilidad real del concierto, pues hasta última hora hubo una
intensa puja entre los organizadores del MIDEM, y la Sociedad General de Autores y
Editores (SGAE) -agencia con sede en España que asumió el patrocinio de la
representación cubana- y las autoridades, temerosas de que la demostración artística
originara un conflicto en la caldeada atmósfera política que rodeó la participación de
artistas provenientes de la Isla en el evento.
Los artistas cubanos respondieron a las expectativas: demostraron no
solo su maestría sino también los valores de una creación que ha hecho decir a muchos
que Cuba es una de las más importantes reservas musicales del planeta en este fin de
siglo. Asimismo respondieron a la altura de su dignidad humana y sus más genuinos ideales
patrióticos.
Leyendas cubanas debió presentarse el martes por la noche,
durante la jornada inaugural de MIDEM, pero con la excepción de Compay Segundo y sus
Muchachos quienes realizaron sus trámites migratorios en un país europeo, los restantes
artistas solo recibieron el visado en la Sección de Intereses de EE.UU. en La Habana el
propio martes al filo del mediodía y pudieron embarcar hacia Miami pasadas las cinco de
la tarde. En suma, era imposible llegar a tiempo al Centro de Convenciones.
Entre el Departamento de Estado y el Servicio de Inmigración de los
EE.UU. se prodigaron las excusas burocráticas para dilatar la entrega de los visados.
Cada vez que la prensa trató de indagar las razones de la demora, portavoces de uno y
otro organismos eludieron explicaciones convincentes, como consta en los despachos
cablegráficos de diversas agencias transmitidos durante los días precedentes a la
apertura de la cita.
El día 24, EFE reportaba desde Washington que "un portavoz del
Departamento de Estado norteamericano justificó la tardanza en la emisión de los visados
alegando que los músicos cubanos aún están en proceso de solicitar de nuevo el permiso
para entrar en este país. No se habían llenado las solicitudes apropiadas para el tipo
de visa necesaria, la P 3, que es la específica para los artistas", dijo la fuente.
A fin de cuentas se trataba de una torpe salida ante un hecho incuestionable: la
administración norteamericana, a tono con la intolerancia de los más retrógrados
círculos cubano-americanos de Miami, hizo todo lo posible por incrementar tensiones y
contribuir al enrarecimiento del clima en que se debía desarrollar la feria.
Compay Segundo fue el único que pudo actuar en la noche del martes.
Su presentación resultó accidentada: a los cincuenta minutos de haber comenzado el
concierto, este fue interrumpido y los asistentes desalojados ante la amenaza de una
bomba. Tanto antes de ese concierto como a lo largo del miércoles, elementos anticubanos
se manifestaron frente al Centro de Convenciones en una actitud agresiva contenida por las
fuerzas del orden solicitadas por los organizadores para evitar lo peor.
Siempre los artistas cubanos, tanto desde que se anunció su
presencia en MIDEM como durante su breve estancia en Miami, manifestaron el carácter
artístico de su encomienda. La politización de la feria fue asunto exclusivamente
manipulado por parte de las autoridades locales de Miami -bastante desprestigiadas por
escándalos de corrupción- y por los grupos más recalcitrantes de esa comunidad,
envenenados por el odio y la impotencia. Como botón de muestra sirva la negativa del
gobierno local a que la gala inaugural se realizara en el Palacio Vizcaya, en virtud de un
decreto de 1986 que prohíbe que las instalaciones municipales tengan el menor contacto
con personas e instituciones cubanas o extranjeros que tengan vínculos con Cuba. Ese
decreto fue esgrimido el año pasado para impedir que los músicos cubanos estuvieran
presentes en la primera edición del MIDEM y obligó esta vez a los organizadores a
prescindir de asistencias oficiales y apoyarse únicamente en patrocinadores privados.
Ahora bien, hay otra parte del asunto -por cierto, bastante
minimizada por agencias cablegráficas y medios de prensa- que requiere ser denunciada:
MIDEM es una feria de la industria discográfica. Más de 4 000 representantes de casas
disqueras y agencias han estado presentes. Sin embargo a los empresarios cubanos se les
negó la visa para acceder a ese sitio de promoción y concertación. Para los
representantes de ARTEX y EGREM, RTV Comercial y los Estudios Abdala no hubo siquiera una
respuesta ni de parte de las autoridades migratorias ni del Departamento de Estado. Fueron
víctimas de un trato discriminatorio, condenable, que retrata de cuerpo entero la
verdadera esencia de un pensamiento culturalmente antidemocrático, sectario y
fundamentalista.
Los oídos sordos de Miami, y de quienes les hacen el juego a los
elementos anticubanos atrincherados en la sociedad floridana, no quieren escuchar el
sonido prevaleciente en el ámbito de la industria cultural, que es el de reconocer la
multiculturalidad y las posibilidades de diálogo e intercambio en el mundo
contemporáneo. Miami no es la plaza adecuada para el MIDEM Latino. Los hechos así lo
prueban. |