Santiago de Cuba

Hacia nuevos empeños
en la agricultura urbana

ORLANDO GUEVARA NÚÑEZ

El desarrollo de la agricultura urbana ocupa cada año un espacio mayor como opción para el suministro de hortalizas a la población de Santiago de Cuba. Lento en sus inicios, este programa marca ahora un ascenso sostenido, al cual le falta, desde luego, un largo trecho por recorrer.

Para 1998 la provincia se trazó un plan de 400 mil quintales de hortalizas en organopónicos y huertos intensivos y al cierre de agosto había producido 328 mil, situación que augura terminar noviembre con el cumplimiento y tener a su favor diciembre para incrementar el aporte por encima del propósito.

Esas cifras, claro está, no satisfacen la demanda y están distantes del potencial, pero el avance es real y parece haber encontrado el camino hacia empeños superiores.

Dos aspectos principales enfrenta hoy el programa santiaguero en este sistema de producción hortícola. En primer lugar, el suministro de materia orgánica a los organopónicos y huertos intensivos, cuya carencia ha sido siempre uno de los factores que ha frenado el desarrollo. El segundo es la garantía de la semilla en las cantidades y con la calidad requeridas.

La materia orgánica está ya sujeta a un programa que parte desde la provincia, los municipios, consejos populares y los propios organopónicos y huertos, bajo el principio de que cada cual produzca lo que necesita. La provincia tiene potencial para satisfacer su demanda sobre la base de aprovechar la cachaza de los centrales, las excretas de animales y residuos de cosechas. Siendo así, producirla, acopiarla, distribuirla y ponerla en los canteros y surcos es lo que corresponde.

En cuanto a la semilla, es un serio compromiso terminar la construcción de la finca provincial, perfeccionar las de los municipios, aprovechar el aporte de los propios productores y garantizar la calidad que se reinvierte en productos y no en recursos sepultados que no germinen.

A Santiago de Cuba le falta también completar los 3 m2 de organopónicos y huertos intensivos por habitante, cifra incumplida solo en el municipio cabecera de la provincia. Este objetivo es ya apoyado con la incorporación a este sistema productivo del tradicional huerto santiaguero, pero puede serlo también por una entrega más ágil de parcelas ahora improductivas en los alrededores de la ciudad.

La elevación de los rendimientos será decisiva para que la agricultura urbana aporte mayores volúmenes de alimentos a la población, pues en la actualidad los organopónicos andan por 8,7 kg/m2 y por 5,8 los huertos intensivos, inferiores a los programados y más lejos aún de lo que puede lograrse.

Varias provincias superan estos rendimientos. En el propio territorio santiaguero hay ejemplos de unidades que los multiplican. Eso demuestra que a la materia orgánica, a la calidad de las semillas, al suministro de agua, es imprescindible añadirles la correcta aplicación de la técnica y la consagración sin la cual este tipo de agricultura no funciona.

El cumplimiento de los 400 mil quintales este año es ya inminente. Para 1999 el plan ascenderá a medio millón y responderá todavía a lo que el grado de desarrollo de la agricultura urbana permite plantearse, no a las necesidades de la población. El crecimiento ascendente es, por lo tanto, un imperativo, pues lo ciertamente comprobado es que por esa vía sí puede llegarse a la satisfacción de la demanda de hortalizas. En el país, bajo este sistema, se produjeron tres millones de quintales de hortalizas en 1997, mientras que 1998 apunta hacia los ocho millones y hacia diez el próximo año. Sumados a ese esfuerzo, los productores santiagueros comparten también el avance y, sobre todo, el reto de los tiempos por venir.

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