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 Pintura de Aguedo Alonso
Paisajes y turbaciones

El paso de la pintura de Aguedo Alonso (Pinar del Río, 1938) por la
galería de la Casa Carmen Montilla, de La Habana Vieja, fue el de un artista que regresa
al origen -su obsesión por el paisaje, por la sustancia telúrica que motivó sus
primeras acciones plásticas-, pero con la mirada fresca de quien se instala en una
espiral ascendente y mira desde la altura de la experiencia la zona que ha decidido
habitar.
Aguedo Alonso.
Los que han visto al artista frecuentar en las ambientaciones que
embellecen el entorno de instalaciones científicas y turísticas -Alonso ha sido uno de
los más fieles colaboradores de los proyectos del Centro de Diseño Ambiental del Fondo
Cubano de Bienes Culturales- o tengan como referencia su última exposición personal
-Del Palmar al Caribe (La Acacia, 1997)- habrán advertido que el pintor, aun
cuando una aprehensión superficial parezca recurrente, se despoja de lo contingente,
arrecia una coloración en la gama de los verdes como para denotar una significación de
origen, acentúa el tratamiento de texturas y volúmenes y trata de zafarse de los
tópicos ornamentales, aunque a veces un nuevo tipo de manierismo -la serie Quinqué,
por ejemplo- discurra en los entresijos de la creación.

Paisaje. Oleo de su última exposición personal.
Lo más significativo en Aguedo Alonso está en que sea uno u otro
el tema o el ángulo por el que se aproxime a su identidad, la comparte con el espectador
mediante el fuego de una visión orgánica, reconocible: detrás de apacibles apariencias,
equilibradas composiciones, facturas cuidadosas, asoma un flujo turbador, una mirada
atónita.
En Alonso también hay que reconocer persistencia en la búsqueda y
el oficio, y una contribución permanente al movimiento plástico cubano contemporáneo y
su inserción internacional, que se revela en las obras suyas adquiridas por museos y
coleccionistas de Praga, Copenhague, Argel, Bamako, y en sus recientes exposiciones en
España y República Dominicana. (P. de la H.) |