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 UNEAC
Covarrubias de ahora
Jorge Ignacio Pérez
Cuando a Francisco Covarrubias, el más antiguo actor profesional
cubano de que se tenga noticias, la prensa de su época lo llamaba caricato, no se estaba
aludiendo a la acepción peyorativa del término en tanto caricatura, sino más bien a las
virtudes del hombre de representar un personaje en escena y convencer en pleno
desdoblamiento personal.
La UNEAC, a través de su Asociación de Artistas Escénicos, acaba
de entregar sus premios Caricato de actuación correspondientes a este año, en los
apartados de Televisión, Radio y Teatro para Niños, además de Doblaje en el primer
medio masivo. Esta vez la sala Rubén Martínez Villena de la institución auspiciadora
quedó chica para la cantidad de público asistente al acto de premiación.
Según manifestó a este diario Carlos Padrón, presidente de la
Asociación de Artistas Escénicos, tal concurrencia es una reverberación del congreso de
la UNEAC recién celebrado, otro índice de identidad con la organización que representa
a los artistas cubanos, como mismo se echó a ver, incluso, desde las plenarias previas al
magno encuentro de principios de este mes.
También Padrón se refirió a que en este certamen el cine no
estuvo presente porque se mide la labor actoral del año en curso, y el séptimo arte no
está produciendo filmes frecuentemente.
Lo cierto es que ahora se entregaron 51 lauros, entre premios y
menciones, de un total de 180 concursantes. Aunque no es menos cierto que este premio no
resulta tan conocido entre la población como los corales y caracoles, en Radio y
Televisión se vienen otorgando Caricato desde hace 20 años; en Doblaje es la cuarta
entrega y en Teatro para Niños la décima. Esta edición analizó ahora, por primera
ocasión, a los actores para niños en Radio y Televisión.
Concluida la telenovela cubana del año, después de la brasileña
doblada en el patio, vistas las aventuras de las 7:30 pm. y teniendo en el recuerdo los
dramatizados no seriados de TV; tras los capítulos radiales de historias que un sector de
la población sigue, y puestas en escena memorables obras, con o sin muñecos, del buen
quehacer teatral para niños, resulta gratificante que el hecho histriónico se convierta
en una línea de conexión entre nuestros artistas, y que la UNEAC funcione como soporte
físico y emocional después de la difícil entrega del hombre ante las cámaras, el
micrófono o el público en directo.
Covarrubias, en su época, tuvo que conformarse con las reseñas de
la prensa escrita. |