CULTURALES

La vague cubaine á París


SOLEDAD CRUZ

EL BURGUES tropical ha estremecido al Teatro Chaillot de París. Nadie recuerda un suceso de comunicación así con el público parisino, como el que han conseguido los actores, músicos y bailarines cubanos. La sala de tres mil localidades llena, los aplausos prácticamente premiando cada escena y al final, cada noche, los espectadores de pie, aceptando el convite del ritmo, dejándose arrastrar por este Moliere asumido con la intensidad de una cultura que derrocha su riqueza diversa en la escena.

Durante dos semanas, el Teatro Nacional Chaillot, en el céntrico Trocadero, frente a la Torre Eiffel, acogió esta puesta en escena de Jérome Savary, maestro del espectáculo. Estoy segura que ni su fina percepción artística pudo prever que el suceso de público que fue en La Habana y en México, se repetiría en París. Es difícil conquistar a los espectadores parisinos, acostumbrados a disfrutar de los mejores espectáculos del mundo. Es más difícil aun si se trata de una obra francesa conocidísima, como es El burgués gentilhombre, de Moliere. Algo así como bailar en casa del trompo. Y hay que decir que los cubanos no sólo bailaron bien, sino que hicieron bailar a los asistentes sin abandonar ni el espíritu ni la letra de Moliere.

La calidad de las actuaciones fue un aspecto distinguido por los espectadores, quienes se preguntaban si formaban una compañía habitual. Se sorprendían al saber su procedencia distinta ante la armonía alcanzada como conjunto. Otra sorpresa fue la integración de la música al espectáculo, que no solo confirmó nuestro proverbial saber hacer en lo popular con Anacaona y la Compañía Folclórica JJ, sino que permitió conocer las excelencias interpretativas en la llamada música clásica del Quinteto Diapasón y la eficacia de DanzAbierta ante cualquier expresión musical.

El público y la crítica francesa pudieron percatarse de esos matices dentro de la exuberancia del ritmo, de la sensualidad, del humor que son ingredientes indudables de nuestra identidad; magnificados en esta puesta en escena que por momentos recrea el bufo, el circo, el bolero, la conga y usa la morcilla para recordar a Isolina Carrillo y a José Lezama Lima en un gran ajiaco salsero, hecho con gran profesionalidad y alma cubana, donde Moliere se reconoce en el afán común de la burla a lo falso, lo impostado y el rídiculo que siempre es pretender ser lo que no se es.

Orgullosos estamos los cubanos que trabajamos en París por la Isla. El burgués tropical en el Chaillot ha sido un momento brillante de la invasión isleña que gozamos esta primavera en París, que comenzó con Compay Segundo y sus amigos en el Olimpia al mismo tiempo que en Burdeos se celebrara el veinte aniversario de la colaboración universitaria con Santiago de Cuba y la ciudad se llenó de música, de exposiciones de pintura, de coloquios sobre la literatura femenina.

Mientras en la sede de la UNESCO se presentaba una muestra de libros y publicaciones cubanos; en Disneyland, el Festival Latino incluía a Sierra Maestra, Van Van, Manolito y su trabuco y, al mismo tiempo, la Delegación Permanente de Cuba ante la UNESCO y la Cátedra Goya de Nice, inauguraban la exposición Cien años de pintura cubana como parte del programa de conmemoración del 98. Simultáneamente se abría una muestra de tapices del Grupo Parche y de libros cubanos en Clermont Ferrand, bajo el auspicio también de la misión cubana en la UNESCO.

En tanto, se prepara la apertura de la Casa Cubana en París con el Team Cuba de los grandes de la timba, continúan en el Chaillot Anacaona, el Folclórico JJ y en múltiples puntos de la ciudad se mantendrá la vague cubaine á París (la ola cubana en París) arrastrando a franceses y cubanos en un abrazo alegre que fortalece antiguos vínculos y demuestra la pujanza de una cultura de la cual la puesta en escena en el Chaillot fue resumen contundente.


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