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Abdala, excelencia fonográfica
Un complejo de estudios de grabación al servicio de la música cubana
Pedro de la Hoz
Desde que el pianista Ernán López Nussa interpretó en el Steinway del Estudio Uno las selecciones de Mozart escogidas para la prueba inicial, los técnicos de Abdala vivieron sin sobresalto la certeza de un sueño cumplido, poseer en Cuba una base de excelencia para la industria fonográfica.
Abdala, una instalación de 1 290 metros cuadrados a la vera de Quinta Avenida, en Miramar, es un complejo para las grabaciones musicales. El Estudio Uno admite hasta una orquesta sinfónica, mientras el Tres resulta ideal para las agrupaciones medias y pequeñas. Entre uno y otro, en el Dos, se presta servicios de ensayo, y otro más, dotado de los adelantes técnicos de última hora -teclados Emu, Korg, Yamaha, un sampler Akai,una computadora Mac 7600 provista de refinadísimos softwares- se halla en función de la creación electroacústica, dicho en palabras llanas, de la producción de sonidos instrumentales de carácter virtual.
Aunque oficialmente inaugurado al comienzo de esta semana, Abdala se puso a punto durante varias semanas. En ese lapso grabaron figuras internacionales de primer orden, como la mítica caboverdiana Cesaria Evora, la Billie Holliday africana, quien fichó al excelente flautista cubano, Orlando Valle, Maraca, en calidad de orquestador y director musical.
Ejecutivos de la BMG, una de las más pujantes transnacionales del mundo fonográfico, elogiaron no sólo la tecnología de avanzada de los estudios, sino la experiencia de los técnicos cubanos, tras la grabación con el venezolano Diego Peláez, una estrella naciente de los ritmos latinos que piensan lanzar en la inminente temporada estival en París.
Miguel Angel Bárzaga, ingeniero de sonido que concibió y dirige técnicamente el proyecto, asegura que Abdala puede competir en condiciones de igualdad con los mejores estudios de Estados Unidos y Brasil, aunque apuntó como factor decisivo la creatividad de músicos y técnicos, puesto que el talento humano es insustituible.
Abdala ofrecerá, además, servicios de masterización (paso previo a la producción industrial) y de restauración de registros sonoros (imprescindibles para la salvación del patrimonio fonográfico de la nación), y habilitará un centro de documentación e investigación, con modernas bases de datos, a cargo de la musicóloga Laura Vilar.
Con la apertura de estos estudios se completan las posibilidades de registro de la enorme y variada creación doméstica actual y se abren perspectivas para recuperar la inversión a partir de los servicios a discográficas y artistas extranjeros, atraídos por el movimiento musical de la isla. Otros estudios, Ojalá y el nuevo de la EGREM (en la calle 18, de Miramar), redondean la oferta, sin olvidar la veterana instalación de la EGREM en Centro Habana, escenario de grandes momentos de nuestra fonografía.
Esta oportunidad se acentúa cuando se incrementa la actividad de grabación tanto por parte de EGREM, ARTEX (Bis Music) y RTV Comercial (ICRT) y de otras casas que se han establecido en Cuba como Caribe Productions (su sello El Inspector de la Salsa ha seducido a EMI, otra de las grandes transnacionales), Magic Music, Ire Productions, y ARTColor.
Silvio, vocación de servicios
Todos sabemos que por Silvio hablan sus canciones, imprescindibles y únicas, compañeras de la épica y el amor, de la memoria y la esperanza. Pero ese otro e indivisible Silvio, promotor de iniciativas culturales, calladamente comprometido con obras y acciones, inspirador de los estudios Abdala, merece que se le nombre. De esa virtud habló Carlos Lage, secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, al inaugurar los estudios:
Esta iniciativa de Silvio Rodríguez tuvo lugar en 1992. Silvio le propuso al compañero Fidel que él había acumulado ahorros producto de su actividad artística y los entregaba a la Revolución. Por entonces comenzaba el período especial. Fidel le propuso que lo invirtiera en la cultura y ambos coincidieron que fueran estos estudios de grabación, en los cuales, lógicamente, el Estado contribuyó con parte del financiamiento.
Antes Silvio, también por iniciativa suya, nos había regalado, a todos, su canción El Necio. Creo que esa obra confirmó la voluntad de Silvio de resistir junto a su pueblo las dificultades del período especial, como lo hizo la inmensa mayoría de nuestros artistas e intelectuales, quienes compartieron con el pueblo estos años tan difíciles.
Pero cuando Silvio propuso los estudios, estaba demostrando no sólo su disposición de resistir sino también su fe en la Revolución y su fe en la victoria.
Estos estudios, que él ha impulsado e inspirado, expresan su confianza y su optimismo, y así son los creadores, los creadores revolucionarios, confiados y optimistas. Por eso quisiéramos en este día de gran significación para la música y la cultura cubanas, transmitirle al compañero Silvio Rodríguez nuestro reconocimiento, nuestra admiración y nuestro cariño.