NACIONALES

Construcción del
hotel Miramar en
manos del Blas Roca

Incorporan a los principios del contingente nuevas formas de administración en la ejecución


MARIA JULIA MAYORAL

VARIAS BRIGADAS del Blas Roca edifican un nuevo hotel, el Miramar, en el municipio capitalino de Playa, dentro de una zona de desarrollo turístico donde el contingente aspira a firmar otros contratos, incorporando a su faena diaria nuevas formas de administración en las ejecuciones.

En febrero del 2000 deberán entregar el hotel.

La instalación, que tendrá 418 habitaciones, se levanta a buen ritmo. Concluyeron las voladuras y excavaciones, las cimentaciones y ahora se dedican a fundir las estructuras de hormigón, priorizando algunos bloques, para entregar parte de la edificación antes de febrero del 2000, cuando deberán finalizar todas las labores, según pactaron con el inversionista, la empresa cubana inmobiliaria Almest.

Un 9,25 por ciento de las labores constructivas ya fue ejecutado con la participación de las brigadas 5, 28, 11, 26, 48 y 50 del contingente; en tanto, un equipo técnico proveniente de la 41 actúa como contratista.

A mediados de agosto pasado se inició la obra, ubicada en las cercanías de los hoteles Habana (en ejecución), Tritón y Neptuno, después de alrededor de cinco meses de preparación técnica por parte del grupo contratista, en estrecha relación con los proyectistas y los representantes de Almest.

Al igual que Yordis Sierra, la mayoría de los constructores reconoce las ventajas de trabajar por unidades mínimas.

Para el Blas Roca resulta nuevo que varios de sus especialistas asuman dentro de una inversión todas las facultades para contratar a las brigadas, entidades especializadas y suministros necesarios, de una manera independiente, utilizando el contrato, el presupuesto, los cronogramas en detalle, como verdaderos instrumentos de dirección.

Aunque Gerardo Ríos, el contratista, define como una ventaja tales prerrogativas, no sobredimensiona el papel de los mecanismos. "Los hombres deciden -asegura-, en los primeros meses de trabajo pasaron por aquí varios profesionales con alta calificación y se rajaron a los 15 días como una caña brava, porque perfeccionar es también buscarse lío con la gente, de nada sirve hacer un buen presupuesto y una buena organización en papeles, si luego no se exige día por día".

En opinión de Ríos la disciplina y la emulación propias del contingente, la cohesión de sus integrantes, constituyen el mejor laboratorio para introducir las ideas acuñadas con el calificativo de perfeccionamiento empresarial en el MICONS.

"Así y todo -explica- es difícil, pues con la depresión vivida en el período especial, mucha gente se estaba acostumbrando a trabajar menos y a recibir lo mismo de antes. Lo primero que algunos piensan cuando oyen hablar del perfeccionamiento es: me van a pagar más, voy a tener derecho a ir a una tienda a comprar cosas más baratas que en la calle. Hasta que no ven 50 pesos de menos en el sobre el día del cobro, no entienden que la organización por unidades mínimas obliga a trabajar bien y a cumplir en tiempo".

La mayoría de los integrantes del grupo contratista son jóvenes; 24 años tiene Mercedes Calderín, ingeniera civil con poco más de un año de graduada, quien se ocupó de definir las unidades mínimas de control antes de empezar la obra; es decir, organizar las labores constructivas hasta el detalle para realizar un proceso constructivo más coherente en todos sus aspectos, desde el material, el humano, hasta el financiero.

Una unidad mínima puede ser, por ejemplo, encofrar y fundir las columnas hasta un nivel, a ello se le calcula tiempo para hacerlo, materiales, hombres y gastos financieros. Antes de emprender la ejecución, cada una de esas unidades fueron conveniadas con el inversionista a un precio cerrado, por lo tanto la organización constructora se ve obligada a buscar eficiencia, pues el inversionista le paga por unidades terminadas.

Sin rodeos ni adornos, Yordis Sierra, quien hace de ayudante, refiere su experiencia: "La mínima de este mes es levantar las columnas de esta parte del edificio hasta el nivel 17-20. El jefe de nosotros, Silvio, explicó eso; está fuerte el trabajo, pero lo vamos a sacar, si no uno no gana más ni va a la tienda".

Pero el engranaje no se circunscribe a remuneración por rendimiento, ni estímulos materiales; mejorías en la alimentación, medios de protección, ropa y calzado de trabajo, combinación de esos factores con exigencia, organización del trabajo y emulación, conforman el espectro de lo que sucede en la edificación del hotel Miramar con un objetivo final: terminar el hotel en tiempo, con calidad y sin sobrepasar el presupuesto.

En cifras, lo sucedido hasta el momento se traduce en 92 centavos por costo de producción, el empleo de un promedio mensual de 117 hombres, con una productividad directa de 4 012 pesos y un coeficiente de salario-producción de 18,4 centavos. Significa que en cinco meses han logrado un 115 por ciento de la producción para esa etapa, con solamente el 64 por ciento de los trabajadores previstos y un coeficiente de salario-producción de un 92 por ciento.


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