CULTURALES

Los gatos no son liebres

El público no las tiene todas consigo


Pedro de la Hoz

Una década atrás era casi impensable escuchar al cubano medio calificar de aburrida a una telenovela brasileña: la fiebre provocada por La esclava y Doña Beija hacía creer que las producciones de ese país siempre vendrían como anillo al dedo para colmar las apetencias recreativas e ilusorias de un público que tradicionalmente había bebido de las fuentes del melodrama y consi-deraba el género como la máxima expresión de ese estilo de realización audiovisual.

La afluencia ininterrumpida de telenovelas procedentes del gigante sudamericano ha ido restando deslumbramiento ante las nuevas propuestas; el televidente exige, valora, compara, saca cuentas y es muy difícil ya que le pasen gato por liebre.

Con Amigas para siempre, ahora en pantalla, las insatisfacciones parecen haberse generalizado. Pesa, desde luego, el más reciente punto de referencia. La próxima víctima, en el que la paro-dización de la novela detectivesca y de los enredos de parentesco valorizaron una trama que en el orden estructural y en el tratamiento de las situaciones sentimentales dejó mucho que desear. Pero había garra, intriga, humor, ingenio y el saber hacer un producto para garantizar la seducción masiva.

Por lo visto hasta ahora, Amigas para siempre pierde en toda la línea; no ha podido concitar el interés del telespectador. A reservas de que con la marcha de la historia pueda revertirse el curso descendente de la curva de atención pública, las carencias mayores, y al parecer irreversibles, se sitúan en el plano de la ingenuidad y el forzado didactismo de ciertos planteamientos dramáticos.

Poco puede convencer la visión plana de la vida social y familiar en San José: entre escenas bucólicas y rupturas abruptas, entre la ensoñación y el caos que no se justifica lo suficiente. De buenas a primeras el entorno de Vira, que es el mejor de los mundos posibles, se viene abajo, a base de burdos brochazos, en un par de rápidas secuencias; el viejo Zé pasa, sin transiciones, de la desolación al amor infinito. No hay una real progresión que haga creíble el camino de ritmo de personas para los que la vida sucede sin que nada pase y todo les ocurra de pronto.

Escasa imaginación demuestra el guión de Alcione Araújo cuando apela a la misma solución en el caso de los corazones destrozados por las mujeres en fuga de San José: Zé y Octavio siguen la misma ruta, Rio de Janeiro, la pensión de Picones, la borrachera y los ruegos inútiles.

A los telespectadores no les gustan ni los sermones moralizantes ni las explicaciones didácticas. Se puede y se debe encarar desde un problema humano, como el de las mujeres que se plantean reiniciar su vida sentimental en el momento crítico de la menopausia, a una lección de salud e higiene, usar preservativos para prevenir las enfermedades venéreas y el temible SIDA o enseñar a los niños el cepillado correcto de los dientes, sin necesidad de acudir a explicaciones con aires doctorales. Eso no tiene que ver con la ficción dramática.

Mucha tela hay por donde cortar en cuanto a la presentación de los conflictos sociales, pero ello se verá más adelante. Por ahora las cartas sobre la mesa indican que si Amigas para siempre mantiene la tónica que lleva, arriesga a competir con La heredera en el capítulo de las producciones condenadas al olvido.


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