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La primera GM de Iberoamérica
"Disfruto el sabor de la perseverancia"
COTO WONG
Tres normas de Gran Maestra se dice fácil. Lo difícil es llegar a ese tope. Vivian Ramón fue la primera mujer en conseguirlo en Iberoamérica y hacer realidad un pensamiento fijo, un lógico deseo.
¿Cómo soportas tanto peso sobre tus hombros?
Lo he asumido como una responsabilidad más. A partir de este momento se estará pendiente de cada jugada, de cada partida. Pero es también un estímulo que me hace ser más exigente conmigo misma. Pensar con más detenimiento.
¿Cuándo pensaste que podrías lograrlo?
Durante la celebración del Panamericano de Bogotá, Colombia, en 1996, porque allí logré mi primera norma, y aunque lo había deseado siempre no es hasta ese año en que veo claro la posibilidad de alcanzarlo.
Alguna duda...
No. Había tenido resultados muy buenos en Europa frente a excelentes ajedrecistas. Esto me hizo pensar siempre sin temores ni dudas. También la posibilidad de tomar parte en certámenes que daban normas de títulos para mujeres me hizo ver que la meta estaba allí, solo había que alcanzarla.
La tenacidad en ti es cosa común, ¿ha tenido eso algo que ver con el título?
Existe un proverbio que dice: "Disfrute el sabor de la perseverancia" y lo he tomado como una guía. Las cosas que he obtenido en la vida con más trabajo y a conciencia son las que más quiero. Me gusta trabajar en las partidas, no importa si tengo que realizar 60 movidas o más, pero ahí estoy trabajando para lograr un fin.
Ultimamente te hemos visto jugar en torneos masculinos, ¿alguna influencia de la GM húngara Judith Polgar?
Cada vez se impone esa corriente en el mundo con más fuerza. No quiero un ajedrez proteccionista, quiero desarrollar mi nivel con independencia del sexo. En los torneos masculinos encuentro mi medida, cuál es mi verdadero nivel. Los hombres castigan los errores y juegan con más energía. Te agotan.
Ajedrecistas cubanos me han comentado que tienes mano dura para el juego.
Quizá sí. Le pongo toda mi energía a la partida y cuando me siento bien las jugadas llevan mucho peso. Frente a los hombres juego de esa manera, con fortaleza.
¿Te gustaría enfrentar a Judith?
Por qué no. Sí me gustaría, aunque sé que la diferencia ajedrecística es grande.
¿Las mujeres pudieran ser campeonas mundiales entre los hombres?
Alguna vez esto ocurrirá. Judith tiene posibilidades. Si se lo propone en serio puede lograrlo.
De las Olimpiadas en que has estado, ¿recuerdas algún resultado importante?
He tomado parte en cinco Olimpiadas, y en Salónica-84 logré unas tablas con la GM sueca Pia Cramling que las recuerdo con mucho cariño porque si no es por los GM Guillermito García y Jesús Nogueiras otro hubiera sido el resultado.
Háblame de José Raúl, tu pequeño hijo.
Intranquilo. Maldito. Con tres años es campeón de patines del Capitolio en esa categoría. Tiene mucho carácter y no consigo nada con él por las malas. En cambio es tierno y cariñoso. Me quiere mucho, solo que debo pedirle permiso para ir a trabajar.
¿Por qué José Raúl?
Capablanca significa para mí la encarnación del genio. Su presencia no fue accidental. Comprendió el ajedrez como no lo hizo nunca nadie. El estudio de su obra me ha hecho conocerlo más y mejor. Por esta razón nombré a mi hijo José Raúl, como un tributo a su memoria.
Un amigo común me comentaba hace unos días que abrías espacios para que el ajedrez femenino cubano se desempeñase extrafronteras.
Soy una especie de representante del ajedrez femenino en la Comisión Técnica de la Federación Cubana y defiendo nuestros derechos, entre los que se encuentran también poder jugar en el extranjero. Hemos logrado cosas y estamos buscando más confrontación con el ajedrez femenino europeo.
A las puertas del tercer milenio, ¿cómo imaginas al ajedrez en la próxima centuria?
Organizativamente se impondrán las modalidades más rápidas: los torneos suizos y los matches nocao. Pero no me gustaría que cambiara mucho. Prefiero el ajedrez tradicional.
Cuando te sabes ganadora, ¿en qué piensas?
Soy muy expresiva en la partida. Cuando estoy en ventaja lo disfruto mucho, cada posición, cada jugada. Se me ve en la cara cuando esto ocurre.
¿Y si pierdes?
Lo sufro porque me produce un sentimiento muy íntimo, interno. No tiene nada que ver con el rival que merece todo mi respeto.
¿Cómo definirías a Vivian Ramón?
Familiar y ajedrecista. A ambas cosas les dedico mucho tiempo, interés y cariño.
¿Tu mayor virtud?
Soy sensible. Me interesan los problemas de las personas y esto hace que tenga muchos y buenos amigos.
¿Defectos?
Como todo lo tomo con mucha pasión, en ocasiones reacciono sin pensar bien y puedo herir a alguien. Luego me arrepiento. Soy temperamental.
Sigues pensando en romper la barrera de los 2 400 ELO.
Esa es mi próxima meta. Es difícil, pero no imposible. Hace un tiempo he podido estabilizar mi juego y mi ELO. Me he balanceado entre los 2 300 y 2 350. Ahora viene otra fase, entre los 2 350 y los 2 400.
¿Por qué el ajedrez y no otro deporte?
Eso tiene que ver con mi carácter, pero creo que no podría ser de otra forma. Soy muy sedentaria. Me gusta ver todos los deportes y comprendo la importancia del oxígeno en la sangre, pero yo prefiero la cámara hiperbárica".
¿Qué flor te gustaría tener en tu búcaro?
Príncipes Negros.
¿Eres una muchacha romántica?
No lo creo. Me gustan las cosas lógicas y muchas veces tengo que tomar decisiones prácticas. Cuando juego soy así y en la vida también.
¿Cómo te hubiera gustado ser?
Como soy. Primero tenía que haber sido ajedrecista e ir obteniendo los resultados como proceso de maduración personal. Ir aprendiendo poco a poco. Todo llega a su tiempo.
¿A quién has recordado en estos días de premio?
A Eleazar Jiménez, Francisco J. Pérez, Rogelio Ortega, entre otros, pero de esta etapa final a Armando López, mi entrenador, que sin su ayuda no hubiera organizado mi poco tiempo disponible.