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Aviación Agrícola
Por una campaña de primavera eficiente
Además de los aspectos técnicos y operacionales, es imprescindible mayor nivel de coordinación y cooperación
Emilio del Barrio Menéndez
La aviación agrícola, especialidad mayor de la Empresa Nacional de Servicios Aéreos (ENSA), se prepara con todo rigor para enfrentar la campaña de primavera no solo apta desde el punto de vista técnico y operacional, sino también con la eficiencia en el punto rojo del colimador.
Tanto en los talleres de Santa Fe, al oeste de la capital, como en los de Camagüey, se acometen las reparaciones capitales de equipos AN-2 y M-18 (Dromedarios), mientras que en los seis destacamentos del país, además de prestarle servicios a la agricultura, se realizan labores profilácticas en las unidades de la flota.
En las bases de reparaciones capitales de Santa Fe y Camagüey, así como en cada uno de los seis destacamentos del país, se trabaja con todo rigor en el alistamiento de la técnica.
De acuerdo con lo expresado por Rogelio Reyes Baldoquín, director de la ENSA, la disponibilidad de aviones y la infraestructura necesarias para cumplir con las demandas aprobadas de la agricultura cañera y no cañera están garantizadas.
Sin embargo, apunta, nosotros y nuestros clientes tenemos que trabajar muy unidos y con alto sentido de la cooperación para poder elevar al máximo posible el rendimiento de la flota.
Hay que tener en cuenta -señala- que una hora de vuelo agrícola le cuesta al país más de 400 pesos -250 de ellos en divisas-, y si somos capaces de elevar el índice de horas vuelo verdaderamente productivas, los costos fijos se traducirán en más hectáreas tratadas o sembradas.
Un elemento que guarda relación con la disminución de los tiempos improductivos en el aire, es la extensión del área por tratar: en la medida en que esta sea mayor, la nave puede aprovecharse más y de manera más continua.
En ocasiones, expresa Baldoquín, tenemos que dar servicios en extensiones las cuales resultan pequeñas y antieconómicas para la aviación y al otro día hay que hacer lo mismo en tierras muy cercanas. Aquí, en la organización, hay un importante filón de eficiencia.
Por ejemplo, recalca el director de ENSA, de enero hasta el 12 de febrero, la efectividad de trabajo por aeronave en producción apenas promedió 2,14 horas al día, resultado muy por debajo del punto de equilibrio de la rentabilidad.
Esto es igual a malgastar recursos como combustible, lubricante, partes, piezas... todos muy caros, por cierto, y en divisas las que provienen del subsidio estatal toda vez que los servicios aéreos se cobran en moneda nacional. Evidentemente hay que luchar, a brazo partido y entre todos, para revertir esta situación.
Buscando justamente productividad y eficiencia se han introducido atomizadores versátiles de alto rendimiento -10 aeronaves los tienen instalados-, los cuales contribuyen a reducir los costos operacionales y los gastos de productos.
Con este atomizador -de alto costo, pero de rápida compensación- se pueden duplicar los rendimientos por hectárea, se disminuyen muchas operaciones de toma y despegue y se alcanza un aprovechamiento alto de los productos esparcidos. Los costos operacionales, en resumen, disminuyen casi en la mitad.
Este es un elemento importante; pero solo 10 aviones de los 80 que participarán en la campaña de primavera cuentan con él. De ahí la importancia de, entre todos, aviadores y clientes, tratar de encontrar soluciones para compactar las áreas objetos de trabajo, aligerar los tiempos de carga en tierra y lograr mayores niveles de basificación en las pistas de trabajo.
Con ello, entre otros asuntos, se reducen los tiempos improductivos, y el país se beneficiará por medio del ahorro proveniente de una eficiencia factible de alcanzar solo con organización y cooperación.