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Los soles truncos
El tiempo, una verdadera categoría
Texto y foto: Jorge Ignacio Pérez
Para quienes gustan del teatro intimista, atado a un clima de recogimiento que sostenga, sin prisa, el trazado sicológico de personajes diferentes, la obra Los soles truncos ofrece una buena oportunidad, ahora en sus últimas funciones este fin de semana, en la sala Hubert de Blanck.
Una escena con Micheline Calvert y Paula Alí.
El texto, del dramaturgo puertorriqueño René Marqués, fue adaptado para la escena cubana por Doris Gutiérrez, una actriz seducida por los encantos retadores de la dirección.
Valdría la pena detenerse en el original de Marqués, autor cuya prolífica escritura de los años 50 no deja afuera las complejas circunstancias políticas, sociales y culturales de su país. En Los soles truncos Marqués se apoya, y no por simple gusto, en la naturaleza del sexo femenino.
Sus protagonistas son tres hermanas que han vivido el final del siglo pasado y la primera mitad de este. Han podido comparar dos tiempos y, a fin de cuentas, prefirieron el enclaustro que entregarse a la dura verdad que les ofrece la vida de la puerta hacia afuera. De manera que la vieja casa familiar va a ser un importante "personaje" dentro de la obra, como símbolo de algo imperecedero por lo que luchar, incluso hasta las últimas consecuencias, como se verá al final.
Pero el dramaturgo tenía que "mover" su historia y para esto diseñó diferentes a las tres hermanas, jugando con el producto final -o sea, la vejez- de los caracteres de la personalidad de cada una: Hortensia, bella y vehemente; Emilia, soñadora pero insegura; Inés, la fea, en su calvario de resignación, lo que la convirtió en un ser práctico y fuerte.
El otro recurso dramático importantísimo en la obra es el tiempo histórico, que alterna los planos de presente y pasado con mucha frecuencia y facilidad, mediante evocaciones dialogadas o monologadas.
La puesta se inspira en los planteamientos originales para dar el sentido de soledad y abulia de ese ámbito hogareño, reforzado aquí con un nuevo tejido intertextual compuesto entre el libreto base y algo de la poesía de Dulce María Loynaz. Desde los primeros minutos, en que se escucha una voz en off -por cierto, es la voz de Berta Martínez, gran directora y actriz- con los versos de Ultimos días de una casa, el espectador enfrentará una escena sobrecogedora, trabajada intencionalmente así tanto por el ritmo, la escenografía y los claroscuros de las luces.
Es por ello que el ritmo es lento, pero el fin no es otro que trasmitir la dimensión del tiempo real de los personajes.
Los soles truncos, sin dudas un buen montaje en su línea intimista, cuenta con garantías en el sentido actoral. En la función vista el pasado domingo, descubrimos a Orietta Medina, directora general de la compañía Hubert de Blanck, en una buena caracterización del personaje de Inés; Paula Alí, como Emilia, parece no poder desprenderse de cierto matiz medio cómico de otros personajes que la han ocupado últimamente; y Micheline Calvert, como Hortensia, entrega con oficio sus cortas apariciones.