 Las dos caras de Georges

Ventura de Jesús
VARADERO.-Parece que la ley de la compensación rige siempre y en
todo. Saqué esa impresión cuando vi a Violeta del Toro, una anciana de 76 años de edad,
brindando su ayuda a un grupo de constructores de la Brigada Número 9, de la UNECA, que
intentaba sacar de la vía a un árbol que se vino abajo por la fuerza de los vientos que
soplaban en la Playa Azul y que llegaron a ser en rachas hasta de 120 kilómetros por
hora.
Ella hizo fácil lo que habría podido ser difícil. Y es que tenía
motivos para estar angustiada. Su casa iba a completar las 24 horas sin corriente y
todavía no se sabía cuánto iba a durar el azote del Georges. Pero Violeta, de todos
modos, cedió lo poco que tenía a la visita imprevista.
"Siempre hay un roto para un descosido", dijo mirando
hacia el árbol que en breve tiempo aquellos hombres con la ayuda de una grúa, bajo la
intensa lluvia, lograron colocar encima de un camión. Y exaltó también el trabajo del
Consejo de Defensa. "Mire, periodista, ese árbol no hizo más que caerse y ya lo
recogieron". Creo que es bueno señalar la organización y disciplina con que se
están haciendo las cosas. Lo hemos visto hoy aquí y lo apreciamos por televisión. Eso
es lo que se llama una Revolución.
El mayor Ramón Pérez Leyva, jefe del órgano de Defensa Civil del
Estado Mayor Municipal de Varadero, nos refirió incontables casos de familias que
acogieron en sus hogares a personas cuyas viviendas no parecían tener mucha garantía.
No es sencillo explicarlo, pero hasta los propios turistas
extranjeros se dan cuenta de que la solidaridad es casi una ley de la condición humana
entre los cubanos.
Lo hicieron saber a Granma los jóvenes catalanes Pedro, Manuel,
Rubén y Daniel, quienes habían sido reubicados en el Hotel Bellamar debido a que la
Villa Punta Blanca, donde estaban hospedados, es una instalación muy próxima a la línea
de costa y con peligro de penetraciones del mar.
Impresionados por el espectáculo que sus ojos veían por vez
primera, observaron de forma crítica la diferencia de categoría entre dichos hoteles,
pero señalaron la conveniencia del traslado. "Sabemos que nos han traído aquí por
razones de seguridad. Además nosotros no queremos lujo, somos gente de barrio y nos han
tratado muy bien, como a hermanos. La gente de allí nos encanta y vamos a regresar".
¿Entonces no están molestos? "Ni modo. Sabemos que esto no es
culpa de nadie y que ustedes los cubanos quieren que a nosotros no nos pase nada. Vamos a
decirles como suele acuñarse en nuestra tierra: Al mal tiempo, buena cara".
Al igual que ellos, fueron reubicados aquí un total de 650 turistas
extranjeros, de los casi 12 000 que hoy se alojan en este balneario.
Y como cada hora tiene sus exigencias y sus misterios, las leves
penetraciones del mar, la rotura de algunos cristales, la caída de varios árboles y la
interrupción del servicio eléctrico cedieron en importancia a los ímpetus de
cooperación, previsión y ayuda por preservar a toda costa la integridad al pueblo.
A esos designios se someten hasta los más feroces de los ciclones.
Me lo recalcaba una mujer evacuada que vio a Yadira García Vera, primera secretaria del
Partido en Matanzas, cuando recorría las zonas afectadas de Varadero. Pensé entonces en
lo que había dicho la anciana Violeta. "El ciclón tiene dos caras, una de sombra y
otra de luz".
Eso pudiera apaciguar en algo las fuertes e intensas lluvias que en
esta provincia, sobre todo en el horario de la tarde, hicieron desbordar a los ríos San
Juan y Yumurí y las inundaciones acaecidas en la Ciénaga de Zapata, Cárdenas y la
propia ciudad capital. |