 Hasta el Malecón el "mensaje" de Georges

Félix López
A Horacio Creanche ya el mar no lo sorprende. Hace 39 años vive
entre sus furias y sus encantos. El hogar, frente al Hotel Cohíba, más de una vez ha
quedado sumergido bajo el agua. Presintió que con Georges volvería a suceder, pero esta
vez no esperó desprevenido: sus propiedades están protegidas, y la familia en un lugar
seguro.
Horacio
Creanche: "Cuando la Tormenta del Siglo el agua llegó hasta aquí".
Como Horacio, cientos de residentes del municipio Plaza de la
Revolución -históricamente afectado por las penetraciones del mar- siguieron con
disciplina las orientaciones de la Defensa Civil y el Consejo de Defensa. Los más
cercanos al Malecón se autoevacuaron en los pisos superiores de los edificios (hermoso
gesto de solidaridad entre vecinos), mientras que muchos otros se refugiaron en los ya
tradicionales albergues de emergencia.
A las 8:25 de la noche, aun cuando el Noticiero Nacional de
Televisión anunciaba en su parte meteorológico que el huracán continuaba alejándose de
Cuba, y el pronóstico de las penetraciones se anunciaba en un rango entre ligeras y
moderadas, las medidas para proteger a la población no cesaron en este municipio de la
capital.
En las primeras horas de la noche, un encuentro del Consejo de
Defensa, presidido por Alexis Atmeller, primer secretario del Partido, analizaba el
cumplimiento del plan de medidas para evitar las pérdidas materiales y de vidas humanas.
Una comisión de dirigentes y militantes del municipio que recorrieron 14 importantes
objetivos económicos, se refirieron en la reunión a las deficiencias detectadas. De
inmediato, correspondió a los responsables salir a solucionarlas, sin importar la hora o
la lluvia.
Así, mientras la ciudad seguía por las noticias la trayectoria de
Georges y el Congreso cederista, fuerzas del Ministerio del Interior controlaban el
tráfico y cuidaban por los bienes de aquellos que dejaron sus casas ante el peligro de
derrumbe; los constructores trasladaban materiales hacia lugares seguros y otros evacuaban
alimentos de mercados y almacenes. Hasta los delegados del Poder Popular del Consejo
Rampa, criticados por cierta morosidad, retomaron su labor de persuasión con aquellos que
creían que el huracán no les ofrecía peligro. Para suerte de todos, esta vez Horacio no
tuvo que marcar, con el brazo a la altura del pecho, el nivel de las aguas. |