LA VEJEZ si no un divino tesoro, sí es un
apreciable don que en la actualidad disfrutan unos 600 millones de personas mayores de 60
años en el planeta.
El fenómeno no sólo refleja las tasas más altas de poblaciones de la tercera edad en
la historia de la humanidad; la tendencia en el próximo siglo será el aumento de los
ancianos, incluso en las naciones subdesarrolladas.
A ello se le suma que en la actualidad existan 1 050 millones de jóvenes entre 15 y 24
años, los que a mediados del nuevo milenio pasarán a engrosar las filas de la tercera
edad.
Así lo demuestran los expertos que, por encargo del Fondo de Población de las
Naciones Unidas (PNUD), prepararon el enjundioso informe Estado de la Población Mundial
1998.
Las categorías establecidas por los especialistas clasifican como personas maduras
aquellas que tienen entre 55 y 65 años, ancianos relativamente jóvenes entre 60 y 79,
según la región, y ancianos de edad avanzada los de 75 y más, denominados, además,
como endebles.
Resulta importante esta clasificación, pues las comparaciones entre distintos países
resultan difíciles, dados los diferentes sistemas estadísticos, la edad fijada
oficialmente para la jubilación y la esperanza de vida.
GENERACION DE ANCIANOS
El crecimiento de las poblaciones de personas que llegan a la tercera edad en todo el
planeta obliga a reconocer el fenómeno como una generación de ancianos, término que
comúnmente se le da a los recién llegados al planeta, o a los jóvenes.
De las cavernas a nuestra era, la evolución del ser humano y el desarrollo paulatino
de la ciencia y la técnica han permitido ir alargando la vida. Cierto que las terribles
desigualdades existentes entre ricos y pobres, dan como resultado mayor esperanza de vida
para los primeros.
Cada año se agrega a la población mundial unos 9 millones de ancianos, lo que
ascenderá a 14,5 en el período del 2010-2015. En la actualidad, un 77 % de ese aumento
será en las regiones desarrolladas y en los primeros 15 años del próximo siglo llegará
al 80%.
Ya para el 2045, cuando se considera que la población aumente cada año en 50 millones
de personas, aquellos de la tercera edad crecerán a razón de 21 millones anuales,
fenómeno que se producirá fundamentalmente en las regiones subdesarrolladas. Por
ejemplo, más de un cuarto de esa cifra estarán en la India, según las proyecciones de
los expertos.
UN RETO DEL PROXIMO SIGLO
El rápido crecimiento poblacional ocurrido en los últimos cuatro decenios y el
inminente aumento en la cantidad de ancianos son dos aspectos del mismo fenómeno de
transformación histórica, apuntan los especialistas, y constituyen un reto para
cualquier sociedad.
Las reducciones en las tasas de mortalidad (comparadas con otras épocas, donde no
existían vacunas y otros medicamentos), junto al crecimiento de la fecundidad a partir de
la Segunda Guerra Mundial, entre otras causas, contribuyó a estimular el explosivo
incremento de las poblaciones.
Esto explica el fenómeno actual de la ancianidad, lo que para algunos es un problema
más grave que el crecimiento demográfico, tanto para países ricos como para las
naciones, subdesarrolladas.
Para los primeros, la baja tasa de natalidad hace que envejezca la población y se vean
obligados a "importar" jóvenes de los países pobres, quienes crean con su
actitud un problema para sus propios países, mucho más si se trata de personas con
calificación técnica.
Los sistemas de seguridad social, de salud y de atención a los ancianos deben
enfrentar tales retos, incrementando sus presupuestos en un momento donde la situación
económica internacional y las políticas neoliberales provocan que sean precisamente
estas áreas las más afectadas por los recortes.
De igual forma, la necesidad de crear empleos para mil millones de jóvenes que
ingresan a la vida laboral constituye para las naciones una exigencia que se ve afectada
por las mismas limitaciones apuntadas en el caso de los ancianos.
HACER DE LA VEJEZ UN TESORO
¿Llegará el día en que la humanidad estará en condiciones de atender debidamente a
los ancianos?
Muy difícil la respuesta, pues no solo se trata de problemas materiales, que son muy
importantes, sino también de la debida atención humana.
Estudios recientes demuestran cómo la tradicional atención que la familia le prestaba
a los ancianos se ha ido transformando, por diferentes razones, y cada vez más las
personas de la tercera edad viven solos los últimos años de su vida.
La mayoría son mujeres, muchas de ellas viudas, y según el país en que viva, podrá
tener mayor o menor facilidades para su jubilación.
El nuevo milenio, tal como están las cosas, no está en condiciones de garantizar la
salud, alimentación y atención necesarias para esta generación de ancianos que, una vez
terminada su actividad laboral, reclamarán el descanso y la recreación necesaria de sus
últimos años.
Solo la adopción de políticas sociales que tomen en cuenta estas realidades
permitirían que la vejez no sea una triste etapa en la existencia humana, sino realmente
un tesoro, en tanto que período donde se pueda disfrutar, sin limitaciones y cerca de sus
familiares, los últimos días de su vida.