A propósito de la temporada ciclónica

El Niño, La Niña y los Ciclones Tropicales

Doctor JOSE RUBIERA, jefe del Departamento de Pronósticos del Instituto de Meteorología, CITMA

LA ACTUAL temporada ciclónica se había comportado inactiva hasta mediados de agosto. El único organismo ciclónico había sido la tormenta tropical "Alex", surgida tardíamente el 27 de julio. Pero desde el pasado 19 de agosto se produjo un incremento explosivo de la actividad ciclónica, cuando ese día surgió la depresión tropical No. 2, convertida el día 20 en la tormenta tropical "Bonnie", devenida a su vez huracán desde el día 22. Poco después, el día 21 se forma la tercera depresión, que el propio día llegó a ser la tormenta tropical "Charlie". Por último el día 24 surgió la cuarta depresión tropical, que unas horas más tarde sería la tormenta tropical "Danielle". Ayer ya alcanzaba la categoría de huracán, con pronósticos de movimiento hacia una zona próxima al grupo norte de las Antillas Menores el viernes con mucha mayor intensidad.

Todo esto recuerda que en los registros de la ciclonología tropical del Atlántico ha habido años de comienzos tardíos, pero en algunos casos después ha habido relativa actividad.

Este despertar tardío de la actividad ciclónica en el Atlántico nos lleva a pensar en las distintas influencias que pueden tener sobre la temporada ciclónica varios factores, pero en especial el muy traído y llevado "El Niño", y ahora "La Niña".

De una manera sencilla, puede decirse que "El Niño" no es más que un calentamiento por encima de lo normal de las aguas del Pacífico central y oriental. Y cuando esto ocurre se producen una serie de alteraciones en la atmósfera que se trasladan a todo el mundo con la circulación planetaria, en especial con un incremento en los vientos del Oeste que circundan el Globo, cuya mayor expresión la constituyen las llamadas Corrientes en Chorro, verdaderos ríos de aire a alturas de 10 a 12 kilómetros.

Los vientos fuertes del Oeste no permiten la formación de ciclones tropicales porque no dejan que la energía se concentre en la vertical sobre la zona de tiempo perturbado. Por eso en los años de "El Niño" la actividad ciclónica en el Atlántico disminuye drásticamente, de hasta un 70%, como ocurrió en la pasada temporada 1997 con solo 7 ciclones entre tormentas tropicales y huracanes (el promedio para una temporada es 10). Hay otros factores que también inciden en la formación de ciclones tropicales, pero son en general de menor importancia.

Por otra parte "La Niña" es todo lo contrario, un enfriamiento por debajo del valor normal o promedio de las aguas superficiales del Pacífico central y oriental, lo que trae consigo un debilitamiento de los vientos del Oeste, junto a un mayor espesor de la capa de vientos del Este desde la superficie hasta los 10 kilómetros de altura, situación esta que provoca que se incremente la actividad ciclónica en los años de "La Niña".

El evento "El Niño" fuerte de 1997 comenzó a gestarse desde abril-mayo del pasado año y tuvo su máxima expresión en diciembre-enero. Su decadencia fue marcada por el enfriamiento de las aguas del Pacífico desde el pasado abril hasta desaparecer, pero su efecto remanente en la atmósfera todavía se ha estado sintiendo en los últimos meses. Desde ahora hasta septiembre estará estableciéndose "La Niña" y ya se hace notar con este despertar tardío de la actual temporada ciclónica.

De hecho, 1) Hay ya vientos del Este muy bien establecidos en una extensa faja del Atlántico al mar Caribe al sur de 22 grados Norte, con poca diferencia de la velocidad del viento en altura, 2) Hay poca diferencia de la velocidad del viento en la altura, favorable al desarrollo y que no ocurre cuando está presente "El Niño", 3) Existen temperaturas del mar superiores al promedio en esa zona atlántica. Para que se generen ciclones tropicales es necesario que el agua tenga temperatura mayor que 26.5oC. 4) Están saliendo de Africa ondas tropicales activas. Es en ellas que se generan los ciclones tropicales de agosto y septiembre, 5) Las aguas del mar Caribe occidental tienen ya temperaturas bastante elevadas, lo que puede ser un factor importante en octubre.

Visto esto, puedo proceder a las preguntas pendientes del anterior trabajo que publicó Granma. ¿Cómo se comportan estadísticamente los ciclones tropicales en el área atlántica? ¿Cuáles son históricamente los meses de mayor peligro para Cuba?

En una temporada ciclónica (del 1o de junio al 30 de noviembre) se generan un promedio de 10 ciclones tropicales con nombre (tormentas tropicales más huracanes), de ellos 6 alcanzan categoría de huracán. Muy pocos se forman en junio, julio y noviembre. La parte más activa de la temporada ocurre entre el 15 de agosto y octubre, correspondiendo el "pico" al día 10 de septiembre. Los ciclones de julio, agosto y septiembre se forman en su mayoría sobre el Atlántico al este de las Antillas Menores. Los de octubre, junio y noviembre los hacen fundamentalmente en el Mar Caribe occidental. En lo que respecta a Cuba, julio es el mes más tranquilo, en 200 años solo nos han afectado tres huracanes. Sigue en importancia junio, noviembre, agosto, septiembre, y el mes más peligroso de todos: octubre, con 37 huracanes en igual período.

Mientras que los ciclones de agosto y septiembre se mueven de este a oeste y cruzan por el norte, por el sur, o por el centro de nuestro país, los de junio, noviembre, y sobre todo los de octubre, se forman en el Mar Caribe occidental al sur de Cuba y su trayectoria está dirigida con un rumbo entre el Norte y el Nordeste, de ahí que casi siempre cruzan sobre Cuba, en especial sobre el occidente y centro del país. A veces demoran varios días organizándose, intensificándose y con poco movimiento, por eso los grandes huracanes (de Categoría 3, 4 ó 5 en la escala Saffir-Simpson, ver el trabajo anterior) que ha sufrido Cuba en tiempos históricos han ocurrido en octubre, como es el caso de los de 1810, 1844, 1846, 1870, 1876, 1906, 1909, 1910, 1924, 1926, 1935, 1948, 1944, 1952 y 1963, por citar solo algunos. Sin embargo, durante las últimas décadas el Caribe occidental ha estado muy tranquilo hasta el "Lili" en 1996, el cual alcanzó solo una Categoría 2, es decir, no puede ser considerado como gran huracán.

De todas formas, siempre estamos vigilantes durante toda la temporada ciclónica, ahora con más medios técnicos y experiencia, en agosto y septiembre con vistas hacia los ciclones que vengan desde el Atlántico, mientras que en octubre no puedo evitar, cada vez que llega ese mes, el mirar con mayor avidez que de costumbre la imagen de satélite del Caribe occidental y acordarme de "mis mayores" clavando puertas y ventanas cada vez que Millás anunciaba "un ciclón de cierta intensidad en las inmediaciones de Caimán Grande". Quizás por eso me hice meteorólogo.

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