Para la limpia de caña

El plazo expira... al anochecer

Hombres que retan al sol en este intenso verano, para garantizar las faenas agrícolas

JUAN VARELA PEREZ

Ni la llamada "fresca", cuando la humedad madrugadora todavía no ha sido barrida por el sol, se siente en estos días de agosto. Es como si la tierra estuviera vulcanizada, escupiendo fuego y el rocío mañanero quedara suspendido en sus buenas intenciones de mojar el suelo.

Hombres como Camilo Pérez son los que impiden que las cañas tengan hoy un enyerbamiento mayor.

El boyero enyuga sus animales y les canta un estribillo para amansarlos. Es una ceremonia repetida, pero no exenta de sustos o rebeldías. Con el cultivador abre la tierra, sacando la reventazón de las hierbas y, detrás, en un ejercicio de limpia perfecta, los hombres van cerrando la batalla con la guataca, para que la caña crezca libre de competencias desleales.

La cotidianidad de la faena parecería librar de espanto a los cuerpos que reverberan bajo un sol que ciega, pero todos los días se establece ese combate de sudores, donde los hombres no dejan de retar al agotamiento.

Mientras en la ciudad la gente busca las sombras en cada esquina, para guarecerse del sol, Lázaro, Camilo, Alejandro y Adonis, no tienen salvación. Las cañas aún son jóvenes y no hay árboles que den paz a la inclemencia de una temperatura desafiante.

Una mezcla ideal para mantener las cañas limpias: la tracción animal en el cultivo-desyerbe y la guataca.

Lázaro González cambió el ruido de la textilera Ariguanabo por el de la mocha, hace ya 30 años, para convertirse en un machetero de primera línea. Sus 63 años preocupan a los tres hijos, quienes quieren verlo descansar, sin embargo, cuando la brigada del padre ocupa los primeros espacios noticiosos por sus proezas, el desvelo da paso a una sensación de orgullo, de confianza en el viejo. Entonces se preguntan si la decisión del retiro será la acertada para un hombre repleto aún de energía.

Porque Lázaro es largo en todo. Con la mocha varias veces cortó las 100 000 arrobas y ahora en el desyerbe siempre está por encima de las normas.

-Me gusta el campo, aquí es donde me realizo. La guataquea es dura, pero el asunto es cogerle el golpe y no dejar que la hierba se te vaya delante. Hay que limpiarla bien. Estas cañas son las que después cortaremos y mientras mejor atendidas estén, será beneficioso luego en los cortes. Mi suerte está echada en estas tierras. Me sentiría extraño si vuelvo al telar.

La historia productiva de Lázaro González es realmente bella, un magnífico patrón de conducta.

Lázaro forma parte de la superbrigada XIV Congreso de la CTC, la cual, como muchas otras del país, quedan movilizadas, tras la zafra, en labores agrícolas. En la UBPC Juan Gorina, del central Habana Libre, en Caimito, ellos pasan todo el verano atendiendo las plantaciones cañeras. Allí afirman que esa unidad productiva es una de las que más limpios tienen sus plantíos en el país.

Pero si Lázaro se siente bien en esta misión es por el tratamiento que recibe de su otrora centro laboral. Las organizaciones y administración de la textilera, se encargan de mantener el vínculo atendiendo a su familia, a sus necesidades, en un gesto recíproco de hermandad obrera.

OTRO HOMBRE CON HISTORIA

La primera zafra de Camilo Pérez fue cumpliendo con el mandato de su organización de base del Partido en 1973. Desde entonces ha dedicado 20 de sus 54 años de vida al corte de la caña. Y en la limpia y siembra ha participado durante 13 campañas.

Pertenece a la brigada Ñancahuazú, un colectivo de leyenda e historia integrado por movilizados de varios sindicatos, a la que ha aportado su hoja de servicios con la disciplina que le imprimió su permanencia juvenil en las FAR.

En el verano los días son más largos y para Camilo el plazo expira al anochecer. Este hombre, al igual que Lázaro, debe trabajar como promedio unas 12 horas diarias para duplicar la norma (cada cinco cordeles limpios, como promedio, reciben 6,16 pesos).

¿Qué prefiere, la mocha o la guataca?

-Cada una tiene su maña. La primera exige más resistencia. La segunda, una mezcla de técnica y habilidad en el manejo del instrumento. Yo prefiero que la guataca pese poco, bien ligera.

¿Se ha mantenido igual el nivel de atención?

-Pese al esfuerzo que se hace, no es lo mismo ahora que en la zafra. Las limas que nos entregan son de menor calidad y a diferencia de lo que algunos creen, la guataca debe estar bien afilada. Los zapatos no han resistido ni dos meses y eso que estamos en seca, porque son de pobre calidad. Quisiéramos que los fabricantes vieran cómo sueltan la suela. La ropa, en cambio, ha mejorado, es justo reconocerlo.

A este criterio se suman Alejandro Pérez y Adonis Ricardo, integrantes igualmente de la brigada Ñancahuazú. Similar opinión manifiesta Jesús Gordillo, operador de tractor que mueve al colectivo.

Cerca de ellos un joven permanece callado. Luis Castellanos aunque no tiene comunicación oral con el mundo, sí está muy vinculado a los destinos del país: ya tiene a su haber la duodécima zafra y va por su quinta permanencia en beneficios agrícolas. Lo que él no puede decir, lo expresan sus compañeros: es tenaz y voluntarioso.

HEROES DE LO COTIDIANO

Mientras unos descansan o se recrean en la televisión veraniega, otros asumen su tarea en el campo. Esos son los héroes de lo cotidiano, hombres que miran todos los días al sol con la virtud del que crea y construye para el futuro.

De ellos depende el incremento de la producción cañera y de que UBPC como la Juan Gorina muestren un mínimo enyerbamiento en sus cañaverales.

Andrés Piñón, el administrador de ese colectivo, sabe que sin el trabajo de esos macheteros que permanecen sin tregua en los campos, no sería posible ese resultado hasta tanto no se disponga del personal habitual. Ellos constituyen la mejor solución por su disciplina, seriedad y responsabilidad.

-Son tan cañeros como los más viejos cooperativistas -apunta y destaca la calidad y productividad con que desempeñan sus tareas.

El gradual incremento de la tracción animal -ya suman once las yuntas- es otro resorte que contribuye al control de las malas hierbas. Por eso y otras razones en el estimado del pasado junio, aunque quedaron un poco por debajo de su compromiso, rebasaron las 60 000 arrobas por caballería.

Como Lázaro, Camilo y otros hombres recios, hay miles en los campos de caña durante este ardiente verano. Están en el lado difícil de la vida, aquel donde construyen, donde lo útil se amasa en sudores, donde se sienten cada vez más hombres. Con gente así se va despejando el porvenir cañero.

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